lunes, 8 de junio de 2026

Andujanía

Con la venia de Alfredo Ybarra, nuestro ilustre poeta, escribo hoy sobre andujanía. 

Y comienzo con una pregunta: ¿Vive Andújar tan inmóvil, tan anquilosada, tan ensimismada en su andujanía como sostienen algunos? Francamente, yo no lo creo así. Y, aunque coincidiera en la constatación de ciertos síntomas preocupantes, seguramente me alejaría en la identificación de sus causas. 

Algunos discursos versan acerca de la supuesta idiosincrasia de un pueblo a la que se atribuyen determinadas virtudes y defectos. Son herederos de los teóricos del espíritu del pueblo y de la identidad nacional (aplicados ahora a la patria chica más que al Estado nación) del idealismo alemán del siglo XIX --en particular, de Hegel y de W. Humboldt--. Estos planteamientos contaron con fervientes defensores en la España finisecular y de la primera mitad del siglo veinte con historiadores y filósofos como Menéndez Pelayo, Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset o su discípula María Zambrano, entre otros. Siempre he considerado esos conceptos como meros constructos teóricos con muy poca base en la realidad social, tan variopinta como viva y cambiante en función de las circunstancias sociales, políticas y económicas de cada tiempo. No obstante, fueron utilizados para alcanzar prolijas conclusiones acerca de los rasgos del carácter propio de sus habitantes o, incluso de su ser esencial: el español sería estoico-senequista, mas también envidioso, frente al carácter alemán tan laborioso e innovador como apto para el pensamiento abstracto, o el inglés, flemático, pragmático y elegante. Pero, en mi opinión, hablar de la esencia del ser español es una pura quimera, pues un malagueño tiene mucho más en común con un napolitano o un ateniense que con un euskaldún, dada la enorme distancia que separa sus lenguas y costumbres respectivas. 

¿Es el carácter andujareño --en caso de existir algo real que responda a esta designación-- proclive a la parálisis resignada o al conformismo ramplón?

El hecho de haber sido Andújar el escenario donde se constituyó la Junta Central de las Andalucías en 1835 --primera expresión histórica del movimiento andalucista, recién concluida la década ominosa del felónico Borbón-- por parte de los liberales frente al reaccionario partido carlista, indicaría más bien todo lo contrario. 

Mas, volvamos al presente. En los pasados meses, ha tenido lugar una importante movilización ciudadana para exigir una dotación suficiente de personal sanitario y de recursos para el hospital público comarcal de Andújar. También la ha habido más recientemente contra la construcción de una enorme planta de producción de biometano. Ambas iniciativas populares dicen mucho del buen tono vital de los andujareños. Asimismo, la existencia de asociaciones como Aprompsi, Volver a Vivir, Asociación Montilla Bono, Mensajeros de la Paz, Ameco, Anduxar o Amigos del patrimonio, habla de una sociedad capaz de organizarse para defender valores que considera importantes y amenazados, y pone de manifiesto que en Andújar no todo es romería y Semana Santa, sino que hay vida ciudadana más allá de eso. 

Tal vez sean los representantes de las fuerzas vivas en la ciudad (con las autoridades municipales a la cabeza) quienes más contribuyen a ese estancamiento en el pasado, a ese estrechamiento del horizonte o a esa actitud tan inútil como intrascendente de lamerse llagas sin acometer con decisión determinados proyectos sociales, culturales y económicos, que, esos sí, permanecen anquilosados en el tiempo. Así, la tan cacareada como frustrada Área logística junto a la autovía de Madrid --resuelta finalmente en favor de la vecina Bailén-- o el descuido de industrias vinculadas a la artesanía (en especial, la cerámica y la cera de abejas, mas también la industria jabonera), al sector textil --con fuerte presencia en la zona tiempo atrás-- o al alimentario (ni una sola conservera, por ejemplo), tan importante en Andújar con su fértil vega, sus extensos olivares, su tradición apícola y su potente actividad cinegética y ganadera. 

Pero también podemos y, tal vez, debemos hablar de deporte y de cultura, cada vez más reducidos a eventos puntuales de relumbrón, que son flor de un día. Lejos quedan los años de más actividad de la Casa de la Cultura con su ejemplar Universidad Popular. Inexplicablemente, se ha dejando atrás un importante encuentro deportivo, un clásico, el Memorial Francisco Ramón Higueras, que había alcanzado 26 ediciones y al que asistían atletas de primer nivel. También se han cerrando museos --como el de Antonio Orea y el del lince ibérico--, y Centros de interpretación: es el caso del de la miel y el de nuestro Parque Natural, que, tras inaugurarse con mil anuncios y alharacas, no cuentan ya con un horario de apertura regular al público. Y, junto a todo esto, la infrautilización o el completo abandono de extensas fincas de propiedad municipal, como Zumacares, cuyas amplias instalaciones, hoy en desuso, bien podían convertirse con poca inversión en un excepcional recurso para la educación ambiental de los escolares de la comarca. Estas y otras circunstancias similares dicen mucho de la falta de iniciativa y de voluntad por parte de los munícipes, que no de los ciudadanos. 

Creo que la romería del cerro del Cabezo es, para Andújar, un tendón de Aquiles. Pues ese recio ligamento sirvió de asidero a la diosa Tetis para dar el baño de inmortalidad al héroe, pero, al mismo tiempo, le dejó un punto débil por el que le sobrevendría la desgracia. Así es la romería, que, si bien constituye una importante manifestación religiosa que hace célebre a la ciudad, por otra parte, al concentrar tantas inversiones y esfuerzos de las autoridades, las instituciones y buena parte de la ciudadanía, las deja inanes, sin ánimos, sin fuerzas o sin recursos para abordar otros proyectos que, en ciudades semejantes a la nuestra, sí que encuentran adecuado cauce: el Festival Internacional de Música y Danza Ciudad de Úbeda y el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza (FeMAUB) --ya en sus ediciones 28ª y 20ª, respectivamente--; el 30° Festival Blues de Cazorla; o Alcalá la Real y su 29ª edición de Etnosur. Son iniciativas culturales con resultados excelentes, que, con un trabajo serio y sostenido durante años, han aupado a esas localidades a un lugar destacado en la cultura nacional. 

Por otra parte, los desarrollos industriales de las últimas décadas en otros municipios jiennenses como Martos o Alcaudete --con menos población y peores vías de comunicación que Andújar--, también ponen en evidencia ese anquilosamiento político, que no metafísico, ni tan siquiera ciudadano o social, que lastra el desarrollo de Andújar y que debe ser denunciado. 

Mientras esto sucede, otras celebraciones religiosas como las fiestas de San Eufrasio o la Semana Santa --sacrosanto reclamo turístico--, con la proliferación de hermandades y cofradías, han conocido un desarrollo exponencial amparadas y apoyadas por esas mismas autoridades que, sin embargo, prestan escasa atención a esos otros asuntos que venimos señalando, menos festivos, menos vistosos y que, al mismo tiempo, suelen exigir audacia y planificación a largo plazo. Y cuyos resultados no se ven de inmediato. 

El Ayuntamiento de Andújar acaba de invertir decenas de miles de euros en un monumento elaborado a partir de las letras que componen el nombre de la ciudad, obra del excelente artista local Manolo López. El coste de este gran conjunto escultórico no ha sido detallado de forma pública por el consistorio. Se ha instalado en una rotonda de entrada --junto a la cual ya existen otras dos esculturas, una dedicada al lince ibérico y la otra, de grandes dimensiones, a la caza mayor--. ¿Era necesario o, más bien, resulta siquiera lícito, realizar ese esfuerzo inversor cuando los colegios públicos de esta localidad, que cada año bate récords de máximas térmicas, no disponen aún de sistemas de climatización adecuados? Este simple hecho, que no ha suscitado demasiadas críticas, dice mucho de las prioridades --y hasta del atolondramiento mental-- de quienes gobiernan ahora la ciudad e incluso de quienes habiéndola gobernado años atrás están ahora en la oposición. 

No es un problema, pues, de ensimismamientos, de idiosincrasias o de maneras de ser, sino más bien de mala gestión política y de poderosas voluntades aferradas a lo de siempre para que nada cambie. 

(Más sobre Andújar aquí: Andújar en mi recuerdo

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martes, 2 de junio de 2026

Complejo turístico y gasolinera para la casa del lince ibérico en la Sierra de Andújar

©José Luis Ojeda

He conocido por la prensa local el proyecto de construir un complejo turístico en la Casa Argimiro, ubicada a 14 kilómetros de la ciudad de Andújar, en el cruce de la carretera del Santuario con la de la Parrilla, en plena Sierra Morena. 

Según esta información, el citado proyecto, apoyado desde el Ayuntamiento,  incluye un hotel con 50 plazas, zonas para bungalows y autocaravanas, un restaurante y una gasolinera. 

Considero que un negocio de ese tipo en el perímetro inmediato del Parque Natural Sierra de Andújar, en concreto en una zona de paso de linces como es "Viñas de Peñallana" --a unos 600 metros del Centro de Interpretación del Parque--, constituye una grave amenaza para ese entorno natural, donde con el lince conviven buitres negros y leonados, águilas imperiales o búhos reales. Sin duda, se multiplicará el consumo de agua del acuífero de la zona, incrementándose, al mismo tiempo, el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas. 

Me surgen dudas como, por ejemplo, ¿las aguas residuales serán transportadas a la depuradora del municipio, "tratadas" in situ o acabarán vertiéndose en las limpias y "sonorosas" aguas del arroyo de la Parrilla?; ¿qué riesgos entraña para un entorno de ese valor natural la venta de combustibles y el estacionamiento de autocaravanas? ¿Y quién controlará que todo se haga conforme a la normativa --me consta que tanto el SEPRONA como los agentes forestales de la extensa provincia jiennense están bajo mínimos en lo que se refiere a personal--? 

Aseguran que este negocio creará 25 puestos de trabajo directos, pero no entiendo cómo un hotel de 50 plazas y una gasolinera pueden generar ese número de empleos... Me temo que sea el canto de sirenas que entonan los munícipes para que quien se oponga aparezca como enemigo del pueblo. 

Por otra parte, este complejo constituirá un importante foco de ruido --más ruidos que nos alejan de "la noche sosegada, la música callada" del poeta místico-- y también una agresión a los oscuros cielos nocturnos de la zona, reconocidos como idóneos para la contemplación astral precisamente por estar libres de contaminación lumínica. Forman parte de la Reserva Starlight de Sierra Morena, una de las más extensas de Europa. 

En las proximidades, ya funcionan desde hace años unas instalaciones similares con dos restaurantes y hospedaje con más de cien camas, además de numerosas casas rurales. 

La ciudad andujareña y su comarca se han movilizado meses atrás para expresar su rechazo a la instalación de una planta de producción de biometano, que venía a sumarse a la tala de cientos de olivos centenarios en la comarca para hacer hueco a miles de placas solares. Y las protestas lograron paralizar la estación de biometano, que también contaba con el apoyo del Ayuntamiento de Andújar. Las fotovoltaicas, sin embargo, siguen devorando la tierra fértil y destruyendo la economía local tradicional. El lema "Desarrollo sí, pero no así" unifica a muchas de estas protestas ciudadanas en todo el país, en especial en la España despoblada. Ejercen su crítica hacia los modelos de crecimiento económico que priorizan el lucro de unos pocos frente al bienestar social y los valores ecológicos. El desafío actual pasa por lograr el progreso asegurando la sostenibilidad y la justicia social --expresión esta olvidada y hasta criminalizada hoy--. 

Me he dirigido por e-mail a la asociación medioambiental andujareña AMECO, pero no he recibido aún ninguna respuesta.

No estaría de más hacer una campaña de concienciación de cara a la importancia de preservar este rico patrimonio natural --que aporta beneficios de todo tipo a la ciudad, también económicos-- ante la amenaza de los intereses especulativos, disfrazados siempre bajo la promesa de creación de riqueza y puestos de trabajo, la mayoría de los cuales serán precarios o, tal vez, meramente ficticios. 

Creo que es urgente que abandonemos de una vez la mirada imperante, depredadora, enviciada y entubada hacia el foco del beneficio económico y la productividad, para dar paso a un mirar contemplativo que se dirige con respeto hacia los demás seres vivos, humanos y no humanos. De lo contrario, y mientras llega nuestra extinción como especie, la existencia en este frágil hogar que nos acoge será cada día más insoportable por inhumana, por hostil a la propia vida. 

(Más sobre Andújar aquí:  Andújar en mi recuerdo

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lunes, 1 de junio de 2026

Tourist Complex and Gas Station for the Home of the Iberian Lynx (Andújar, Spain)

©José Luis Ojeda

 I recently learned through the local press about a project to build a tourist complex at Casa Argimiro, located 14 kilometers from the city of Andújar, at the junction of the Santuario and Parrilla roads, in the heart of the Sierra Morena mountains.

According to this information, the project, which is supported by the local council, includes a 50-bed hotel, areas for bungalows and motorhomes, a restaurant, and a gas station.

I believe that a business of this kind in the immediate vicinity of the Sierra de Andújar Natural Park—specifically in an area known as Viñas de Peñallana, which serves as a corridor for Iberian lynxes and lies only about 600 meters from the Park’s Visitor and Interpretation Centre—poses a serious threat to this natural environment. The Iberian lynx shares this habitat with black vultures, griffon vultures, Spanish imperial eagles, and Eurasian eagle-owls. There is little doubt that water consumption from the local aquifer would increase significantly, while at the same time the risk of groundwater contamination would also rise.

Several questions come to mind. For example: will wastewater be transported to the municipal treatment plant, treated on-site, or ultimately discharged into the clean and murmuring waters of the Parrilla stream? What risks would the presence of a fuel station and a motorhome parking area pose to an environment of such ecological value?

The promoters claim that the development will create 25 direct jobs, but I struggle to understand how a 50-bed hotel and a gas station could generate that number of positions. I fear this may be little more than a siren song sung by local officials, intended to portray anyone who opposes the project as an enemy of the town.

Furthermore, this complex would become a significant source of noise—yet more noise distancing us from “the tranquil night, the silent music” celebrated by the mystic poet—and would also constitute an assault on the area’s dark night skies. These skies are recognized as ideal for stargazing precisely because they remain free from light pollution. They form part of the Sierra Morena Starlight Reserve, one of the largest in Europe.

Nearby, similar facilities have already been operating for years, including two restaurants and accommodation with more than one hundred beds, as well as numerous rural guesthouses.

In recent months, the city of Andújar and the surrounding region have mobilized to express their opposition to a proposed biomethane production plant, which would have been added to the ongoing removal of hundreds of centuries-old olive trees to make way for vast photovoltaic installations. Public protests succeeded in halting the biomethane project, which was also supported by the Andújar City Council. The slogan “Development, yes—but not like this” has become a unifying message for many grassroots movements across the country, particularly in depopulated rural areas. These initiatives criticize models of economic growth that prioritize short-term profit over social well-being and ecological values. The challenge today is to achieve progress while ensuring sustainability and social justice—a concept that seems increasingly forgotten and even stigmatized.

I have contacted the local environmental association AMECO by email, but I have not yet received a response.

A public awareness campaign highlighting the importance of preserving this rich natural heritage—which brings benefits of all kinds to the city, including economic ones—would not be out of place. Such efforts are needed to counter the threat posed by speculative interests, which are invariably presented under the promise of wealth creation and job opportunities, many of which are likely to be precarious or perhaps even largely fictitious.

We must finally abandon the prevailing outlook—predatory, addicted, and narrowly focused on economic gain and productivity—and make way for a contemplative way of seeing, one that regards other living beings, human and non-human alike, with respect. Otherwise, while we await our eventual extinction as a species, life in this fragile home that shelters us will become increasingly unbearable, increasingly inhuman, and increasingly hostile to life itself.

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