lunes, 2 de febrero de 2026

Bad Bunny y… ¡Albert Camus!

 

A pesar de nuestros muertos desfigurados, no tenemos odio contra vosotros. Queremos destruiros en vuestro poder sin mutilaros en vuestra alma (Cartas a un amigo alemán. 1944)

  

A. Camus (1913-1960) en Combat
Rue des Archives (©Rene Saint P / Cordon Press)
-El País, Cultura 13/12/2023-

       Ayer, al recoger uno de los Grammy, el puertorriqueño y actual estrella mundial de la música Bad Bunny, autor del primer disco en español galardonado con el premio al mejor álbum del año, pronunció estas palabras: «Antes de darle las gracias a Dios, debo decir: ¡fuera ICE! No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos. Lo único más poderoso que el odio es el amor. Por favor, tenemos que ser diferentes. Si luchamos, tenemos que hacerlo con amor. Nosotros no les odiamos. Amamos a nuestra gente, amamos a nuestras familias, y ese es el modo de hacerlo.»

     Estas declaraciones del cantante me han traído a la memoria a Albert Camus. En concreto, tres de sus obras: El estado de sitio –un drama ambientado en una Cádiz sitiada por el totalitarismo--, Los justos –la historia dramatizada de un grupo de soñadores que quieren cambiar el mundo por métodos violentos—y Cartas a un amigo alemán –un conjunto de misivas a un joven nazi al que le advierte que la victoria no vendrá por las armas, el asesinato y el miedo, sino por el camino del amor y la dignidad–.
     El miedo y el odio son enemigos de la felicidad. Este es el secreto de la rebeldía de Diego, héroe de El estado de sitio, que libera Cádiz de la autocracia, representada por La peste, cuando descubre que esos son los dos baluartes sobre los que apoya su poder tiránico para mantener sitiada la ciudad. La derrota del déspota comienza a fraguarse cuando Diego exclama: «¡Ni miedo, ni odio, ésa es nuestra victoria!».
     En el año 1944, en sus Cartas a un amigo alemán, constatamos que el camino del amor es el elegido por Camus:

     «Pero al mismo tiempo que juzgue vuestra atroz conducta, recordaré que vosotros y nosotros hemos partido de la misma soledad, que vosotros y nosotros estamos, con toda Europa, en la misma tragedia de la inteligencia. Y a pesar de vosotros mismos, os conservaré el nombre de humanos. Para ser fieles a nuestra fe, estamos obligados a respetar en vosotros aquello que no respetáis en los demás. Durante mucho tiempo, esa fue vuestra inmensa ventaja, puesto que matáis con mayor facilidad que nosotros. Y hasta el fin de los tiempos, ese será el beneficio de quienes se os parecen. Pero hasta el fin de los tiempos, nosotros, que no nos parecemos a vosotros, tendremos que dar testimonio para que el hombre, por encima de sus peores errores, reciba su justificación y sus títulos de inocencia […]. A pesar de nuestros muertos desfigurados […], no tenemos, sin embargo, odio contra vosotros […]. Queremos destruiros en vuestro poder sin mutilaros en vuestra alma.»

     Camus distingue aquí dos grupos históricos de seres humanos: los verdugos, representantes del nihilismo del poder,  la violencia y el dinero, para quienes su facilidad para asesinar les otorga una notable ventaja, pero solo a corto plazo, pues conduce al callejón sin salida del sinsentido. Y, por otra parte, aquellos que siguen confiando en el ser humano, en la dignidad incondicional de cada uno de nuestros semejantes. Son quienes albergan en su corazón la esperanza casi utópica en un futuro mejor, problemático, pero posible. Son los dos modelos personificados en Los justos por Stepan y Kaliayev, respectivamente.

(Ramírez Medina, Ángel: La filosofía trágica de Albert Camus. El tránsito del absurdo a la rebelión. Málaga: Analecta Malacitana, 2001)

jueves, 22 de enero de 2026

Val del Omar, constructor atonal de imágenes


Rosa Tamayo Ramírez

 

     La obra cinematográfica de José Val del Omar (José Valdelomar López, Granada, 1904-Madrid, 1982) constituye un caso de extraordinaria singularidad por la vigencia y modernidad que ha mantenido al enlazar la vanguardia histórica, de la que vendría a ser su único y perseverante continuador, con el cine experimental moderno. Además, en sus investigaciones e inventos técnicos, fue pionero en Europa en cuanto a proyectos y patentes audiovisuales: desde el objetivo de ángulo variable de 1928, que la empresa norteamericana Zooma patentaría en 1945 como ''zoom'', el sonido diafónico o el desbordamiento apanorámico de la imagen, hasta los ensayos multimedia con vídeo, láser y otras variadas técnicas en la última década de su vida.

     En 1935, hace público su Manifiesto de la Asociación Creyentes del Cinema: «POR INSTINTO. Yo quería fugarme del negro de los libros. Quería irme hacia la imagen luminosa. Como las mariposas son atraídas por la luz...»

    Y ese mismo año, estrena Vibración de Granada, película en la que dejó formulada su escritura fílmica y que es embrión de lo que posteriormente denominaría el elemental: una modalidad lírica y abstracta en la percepción y exposición de lo real. Bajo una apariencia de documental, este cortometraje desarrolla una personalísima concepción de ese género como “poesía en imágenes", que encaja en las tendencias vanguardistas que había interiorizado durante su estancia en París. Allí había conocido en 1921 al director Louis Delluc y al grupo de jóvenes vanguardistas de su escuela, Germaine Dulac, Jean Epstein Marcel L'Herbier, interesados en el desarrollo de una estética propia del cine a partir de teorías como la photogénie o la cinégraphie intégrale y de planteamientos poéticos como el ciné mystique, que dio título a un texto del que también fuera maestro de Buñuel Jean Epstein.


   Durante la experiencia parisina, conoció también el cine expresionista alemán y el proyecto de transformación social del soviético, fuentes éstas que algunos críticos ven presentes en los documentales que rodó durante los años treinta para las Misiones Pedagógicas de la República. Sus inicios corrieron así simultáneos a los de la concepción del cine como arte y su definitiva aceptación por poetas e intelectuales de la época.

     Vibración de Granada comienza con un fluir de vistas de la Alhambra en el que la cámara se detiene con insistencia en surtidores y estanques, en los reflejos reverberantes equívocos que provoca el juego de luz y agua como espejos. Cae el sol y desciende hasta la ciudad que «se olvidó del agua», es el pellejo arrugado de una vieja que llora. Desde ese punto, el autor nos sumerge en una suerte poliédrica de imágenes a modo de estampas que se interrumpe ocasionalmente con intertítulos aclaratorios.

     La narración fragmentaria, deconstruida o inexistente, la exposición de este "Schönberg de la cámara" como le llamó K. Haemmerling en 1959 en Berlín, emerge de un entramado de lecturas de cabecera en el que San Juan de la Cruz es guía. Fray Luis, Lorca, Rosalía de Castro, Ibn Zamrak e Ibn Arabí, Juan Ramón, William Blake, el Cántico Espiritual es sobre todas la que le provoca su concepto de mecamística. Esta «idea filosófica motriz de mi técnica de transmisión emotiva de nuestra cultura» como la define, es recurrente tanto en sus escritos poéticos como en los teóricos o técnicos, dando título a algunos de ellos como es el caso de uno de los poemas de Erótica celeste.


     En el Tríptico Elemental, será donde esa idea quede plenamente desarrollada. En él, Val del Omar imbrica tres cortometrajes que había concebido en orden inverso al de su realización: Acariño galaico: De barro (1961, 1981-82, 1995), Fuego en Castilla: Táctil-visión del Páramo del espanto (1958-1960) y Aguaespejo granadino: La gran Seguirilla (1953-1955). El conjunto respondería a un esquema que el autor definió como «una diagonal que cruza España: Galicia tierra; Castilla, fuego; Granada, agua» y lo construye no como una suma de partes, sino como una estructura intrincada de gran complejidad visual y sonora.

     Parece que en cada uno de estos elementales se sirvió de una de sus técnicas en particular: el sonido diafónico en Aguaespejo granadino y la tactilvisión en Fuego de Castilla, a las que sumó el desbordamiento apanorámico. En Acariño galaico, reconstruida póstumamente por Javier Codesal para la Filmoteca de Andalucía desde el montaje y la sonorización que Val del Omar había dejado perfilados, pretendía añadir un segundo canal sonoro a partir de las grabaciones de ambiente que obtuviera durante las primeras proyecciones en los mismos lugares y entre las mismas gentes que fueron su origen siguiendo el principio diafónico y con ayuda de técnicas electroacústicas.


     Falta en esta reconstrucción ese segundo canal diafónico; sin embargo, es el sonido lo que teje la heterogeneidad de los diversos elementos y consigue el ritmo, de igual manera que en Aguaespejo granadino, donde Val del Omar manejó más de quinientos elementos sonoros, o en Fuego en Castilla, donde los ritmos fueron extraídos de la percusión sobre madera seca, procesándolos luego electroacústicamente. No olvidamos que en 1949 Val del Omar creó el primer laboratorio experimental de electroacústica de Radio Nacional de España. En cada uno de los Elementales, el ritmo atonal que procura el autor sucede en un ir y venir de las imágenes hacia el sonido para después fundirse ambos, sin separación posible.

     Abriremos esta primera sesión retomando una frase de su Mecamística del cine: «el cine es, por encima de todo, linterna mágica. Linterna mágica que hoy tiende a utilizar la electrónica para teledistribuirse.» Disfrutemos de ella.


sábado, 17 de enero de 2026

No a la política europea de apaciguamiento frente a Donald Trump

        Hasta ahora, Von der Leyen y el resto de líderes europeos (con alguna honrosa excepción) no han hecho otra cosa frente al matonismo de Donald Trump que buscar aplacar su imprevisible y atrabiliario carácter mediante concesiones y buenas palabras, por lo que podemos calificar su dócil actitud de tiralevitismo y pesebrismo vasallil. Y este no es el camino para frenar el ansia expansionista de la bestia triunfante.

A. N. Chamberlain (Reino Unido), É. Daladier (Francia),
A. Hitler, B. Mussolini y G. Ciano
en Múnich el 29 de septiembre de 1938
Copy: Bundesarchiv, Bild 183-R69173 / CC-BY-SA 3.0,
CC BY-SA 3.0 de,
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=172648767
      Es un dislate que nos puede salir muy caro, porque, como cualquier educador que conozca los resortes más elementales de la psique humana sabe, el camino más derecho para convertir a un niño en un monstruo es transigir con todos sus caprichos. Mostrar una firme negativa antes de que las exigencias de su voluntad se tornen insolentes, egoístas e insaciables es la única manera de socializarlo.

La historia reciente nos da pruebas de ello y nos confirma la patológica amnesia de la especie humana, que nos arrastra de catástrofe en catástrofe, haciendo de la Historia algo muy parecido a la morcilla, que se elabora con sangre y se repite, como escribió Ángel González.

En septiembre de 1938, poco antes de iniciar su guerra de exterminio de millones de seres humanos y de aniquilación de Europa, Hitler y Mussolini fueron agasajados por los primeros ministros de Francia (Édouard Daladier) y Reino Unido (Neville Chamberlain) en la Conferencia de Múnich. En ella, los representantes de la Europa democrática aceptaron la anexión de los Sudetes (territorio de Checoslovaquia) a Alemania, buscando evitar la guerra. A eso se le llamó política de apaciguamiento. Hitler quería poseer esa cadena montañosa en la frontera entre la hoy extinta Checoslovaquia y Polonia aludiendo a razones de seguridad nacional y de supuestos derechos históricos, pues, según él, la mayoría de la población de esa región checoslovaca era alemana y los checos estaban masacrando a los alemanes de los Sudetes. Son similares a los motivos que hoy arguyen Donald Trump en Groenlandia y Sudamérica, así como Vladímir Putin cuando reclama la soberanía rusa sobre Ucrania y las antiguas repúblicas soviéticas. Por cierto, algún día habremos de explicar por qué desde posiciones progresistas no se han convocado aún, cuatro años después, grandes movilizaciones en Europa contra la ocupación rusa de Ucrania. ¿Será acaso esa omisión fruto del mismo y rancio tacticismo que llevó a buena parte de la izquierda comunista europea a no denunciar el apoyo de Stalin en los años treinta a la política colonialista de las potencias europeas en África --causa de la baja de Albert Camus en el PCF--, o en los años cincuenta a guardar un silencio cómplice ante la política expansionista y represiva de la URSS en Hungría; o bien, en la actualidad, a su infinita comprensión ante la Cuba castrista y los desmanes del chavismo venezolano? 

Los tiranos alemán e italiano ofrecían entonces a Europa paz a cambio de tierra. Sin embargo, como cabía esperar de la voluntad codiciosa y antojadiza de un niño consentido venido a más, Hitler no se contentó con la cesión y violó el acuerdo poco después de su firma, invadiendo Checoslovaquia el 16 de marzo de 1939.

Pero hubo más, pues, el 23 de agosto de 1939, a pesar del flagrante quebrantamiento del acuerdo y de la invasión militar, otro gran sátrapa de la época, Iósif Stalin, también intentó aplacar a la bestia aria mediante pactos. El Tratado de no agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue rubricado por los ministros de asuntos exteriores de ambos países en Moscú. Tan solo nueve días después, el 1 de septiembre, Hitler invade Polonia, desencadenando así la Segunda Guerra Mundial.

A Trump y, desde luego, a Putin (y lo mismo vale para los presidentes de China, Corea del Norte o Israel) hay que decirles desde Europa ese poderoso monosílabo que han oído tan pocas veces: "no". Y hay que hacerlo antes de que sea demasiado tarde; aunque, tal vez, ya se nos haya agotado el tiempo. Y, acto seguido, habrá que afrontar las consecuencias económicas y militares que ese "no" pueda implicar.  Ello exige reforzar la unidad política y la militar de los países europeos --ambas necesarias y más audaces que la meramente económica--  en torno a las normas del derecho internacional, que Europa también ha traicionado en el conflicto palestino.

martes, 30 de diciembre de 2025

GRANADA, LA CIUDAD RUGIENTE

       Desde los altos de la Alhambra, oigo cómo ruge Granada en la lejanía en estos días navideños, asaltada por hordas de turistas ansiosos por asomarse al ciego brocal de sus pantallas. Todos beben de botellas de agua que formarán montañas de plástico, todos tragan sin cesar, todos gritan a sus teléfonos inteligentes e inmortalizan el momento con fotos que pasan de inmediato a ser desechos de basura en los nodos de las redes. Aborregados tras un guía con estandarte o arracimados en torno a un espectáculo inmersivo de luz y de sonido anunciado como sostenible, cuando nada de esto puede sostenerse a poco que piense uno en los limitados recursos disponibles, en los vulnerables límites de la salud física y mental de los hombres, o en los indecentes márgenes de la desigualdad rampante entre hermanos, malos hijos de Gaia.

Veo el trajín de los aviones, que, desde este otero, diviso envueltos en nubes tóxicas, vomitando sin cesar. Los trenecillos turísticos, los taxis, los buses cargados de abundante carne humana que no deja espacio a los vecinos, quienes, con sus afanes, han sostenido la ciudad durante siglos. Gruñen todos en carreras alocadas para llegar a tiempo al almuerzo o a la cena en el restaurante atosigado donde se consumirá más bebida de la aconsejable, más carne y pescado de lo debido, más azúcar de la permisible. Y los sobrantes, arrojados a vertederos que, repletos, rebosan por torrenteras de hambre, por escarpadas laderas por las que trepan las legiones de los hambrientos del mundo.

Ruge la ciudad en sus templos de consumo, en sus Nevadas Shopping. Lemas heréticos porque toman en vano el buen nombre del lugar sagrado: Sierra Nevada, reserva de silencio, reducto de aire puro, de frágiles briznas de hierba, de inocentes seres, de blancas nieves recién caídas, de aguas solitarias y vírgenes, de equilibrios tan naturales como milagrosos, de paz y apartamiento.

Navidad, cumplida venganza de los mercaderes expulsados del templo por el látigo de la santa ira del que dicen que nació sin nada.

¿Rugirá así el campo de batalla? ¿Será este el estruendo de una guerra? ¿El relincho del caballo picassiano?

Granada, que acunó el sueño de Ibn Zamrak y el Cántico de San Juan, que imaginó las añiles inmaculadas de Alonso Cano y fraguó las ideas de Ganivet, que aquilató la música de Falla, la palabra de Federico o los sones de Morente y Carlos Cano, la del duende y los rumores de acequias se revuelve herida. La urbe en la que «estallan en la fronda de amor los ruiseñores/ ebrios de tanta noche, de tanta melodía.» La del cóncavo cielo que refleja las flores, mientras «la brisa tenue las riza de alegría.»

Por el camino del Avellano, el rugido enfebrecido se va apagando. El cerro del Sol, pantalla vertiginosa, preserva claro el rumor del agua, la música del Darro en su pacífico discurrir por la ribera a la que se asoma el Sacromonte.

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com

 

 

 

martes, 23 de diciembre de 2025

¡FELIZ NAVIDAD! La xenofobia, la aporofobia y el exterminio de población civil, amén de delitos, son pecados bíblicos


Amigos blogueros, cristianos, judíos y gente de buena voluntad que habitáis en el mundo occidental, esto dice la palabra de Dios respecto a la compasión y la hospitalidad debidas al desheredado, el exiliado, el que viene de tierras lejanas. Y no se refiere Yahveh a los turistas.

“No maltratarás al forastero, ni le oprimirás, pues forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.” (Éxodo, 22:21.)

“Si algún forastero viniere a vuestra tierra y morare de asiento entre vosotros, no lo zaheriréis, sino que vivirá entre vosotros como natural del país, y lo amaréis como a vosotros mismos; porque vosotros también fuisteis forasteros en la tierra de Egipto.” (Levítico, 19:33-34.)

“Y así vosotros, amad siempre a los extranjeros, porque forasteros fuisteis vosotros en el país de Egipto.” (Deuteronomio, 10:19.)

“No harás injusticia al extranjero ni al huérfano, ni tomarás en prenda el vestido de la viuda. Recuerda que fuiste esclavo en el país de Egipto y que Yahveh tu Dios te rescató de allí. Por eso te mando hacer esto. Cuando siegues la mies en tu campo, si dejas en él olvidada una gavilla, no volverás a buscarla. Será para el forastero, el huérfano y la viuda, a fin de que Yahveh tu Dios te bendiga en todas tus obras.” (Deuteronomio, 24:17-19.)

        Tampoco guardó silencio Yahveh respecto al exterminio de inocentes para cazar a un culpable:

“Dijo, pues, Yahveh: El clamor de Sodoma y de Gomorra es grande; y su pecado gravísimo. Voy a bajar personalmente, a ver (…) Abraham le dijo: ¿Por ventura destruirás al justo por el impío? Si se hallaran cincuenta justos en aquella ciudad, ¿han de perecer ellos también?  Y díjole el Señor: Si encuentro en Sodoma a cincuenta justos, perdonaré a todo el lugar por amor de aquellos. Replicó Abraham: ¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! Supón que a los cincuenta justos le falten cinco, ¿destruirás la ciudad entera porque no son más de cuarenta y cinco? Dijo: No la destruiré, si encuentro allí a cuarenta y cinco inocentes. Insistió todavía: Supón que se encuentran allí cuarenta. Respondió: Tampoco lo haría, en atención a esos cuarenta. Prosiguió: No se enfade mi Señor si le digo: Tal vez se encuentren allí treinta. Respondió: No lo haré si encuentro allí a esos treinta. Díjole entonces: ¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaren allí veinte? Respondió: Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.  E insistió aún: Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: ¿Y si se encuentran allí diez? Dijo Yahveh: Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez. (Génesis 18:20-32)

Yo, que no soy creyente, recurro a los textos que vosotros llamáis sagrados por estar inspirados por el mismo Dios. Sé que es vana mi esperanza de que cambiéis de proceder. Y si vosotros, que os consideráis creyentes monoteístas, despreciáis la palabra de Dios de manera pública y ostensible, debe de ser porque colocáis vuestros intereses por encima del deber que el mismo Dios os impone, confiando en que luego habrá perdón para vosotros; o bien porque, en realidad, vosotros sois los ateos que os limitáis a hacer uso de la religión en servicio de vuestros manejos y negocios. Me viene a la memoria la "Oración" de Luis García Montero: "Por un Dios en el que jamás he creído (...) os pido caridad y os lo suplico".

También los dioses paganos se ocuparon del asunto. Debe de ser porque el éxodo o destierro forzoso es un mal que persigue al mundo y que, tarde o temprano, a todos los pueblos afecta de una u otra forma, ya sea como víctimas que huyen, o como lugar de refugio y acogida de esas víctimas. 

Según cuenta Ovidio en su Metamorfosis (Libro octavo), en una noche de tormenta, Júpiter y su hijo Mercurio, disfrazados de mendigos, llegan a una ciudad en la región de Frigia, en la actual Turquía. Tras llamar a todas las puertas pidiendo un refugio para pasar la noche, son rechazados con cajas destempladas y palabras soberbias. Pero Filemón y Baucis, una pareja de ancianos con exiguos medios, les reciben hospitalarios. Una vez servidos sus invitados, Baucis nota que, a pesar de llenar varias veces los vasos de los visitantes, la jarra de vino está aún llena. Piensa, entonces, que aquellos foráneos son, en realidad, seres divinos. Azorado por la humildad de la comida servida, Filemón decide ofrecerles un ganso, el único animal que poseen. Pero el ave se refugia en el regazo del dios, quien asegura a la pareja que ya no es necesario tal sacrificio, pues deben marcharse: ha decidido destruir la ciudad y a todos aquellos que les han negado la entrada. Les dice que deben subir con ellos a lo alto de una montaña. Desde la cima, la pareja contempla su ciudad destruida por la furia de Júpiter que la ha inundado. El dios ha salvado, no obstante, su cabaña, que ha convertido en templo. Cuando Júpiter, agradecido, les ofrece un deseo, los ancianos piden ser sacerdotes del nuevo templo y, llegada la hora postrera, morir al mismo tiempo. De este modo, dice Filemón, no tendré yo que ver nunca la tumba de mi querida esposa, ni tendré que ser sepultado por ella. Un día, curvados ya bajo el peso de los años, ve Baucis cómo el cuerpo de Filemón se cubre de hojas, mientras que el suyo se transforma también en verde follaje. Metamorfoseado él en un tilo y ella en una encina, sus últimas palabras sirvieron de tierna despedida. 

Esta mañana saludo a mi amigo Joseph, llegado hace meses de Nigeria. Tuvo suerte: vino en avión, no en cayuco. Me pregunta si hoy que es domingo iré al templo. Le respondo que no. Él me dice que es cristiano como buena parte de la población de su país y que ha sido profesor de inglés durante años. Ahora deambula por las calles de Granada vendiendo pañuelos, sin calor de nadie y sin consuelo. También él fue víctima del espejismo de una Europa rica donde todos viven bien, porque la miseria nubla la razón y hace abrazar ensueños, en especial a quien aspira legítimamente a un futuro mejor para él y sus hijos. “Mi mujer y mis dos hijas adolescentes -me dice- no se creen que yo esté aquí malviviendo, pues consigo enviarles cuarenta o cincuenta euros cada mes, que allí es mucho más que aquí. Les echo de menos y lloro cada noche. Pero, en cuanto me sea posible reunir lo necesario, regresaré a mi país.”

Saquen ustedes, saquemos todos conclusiones más allá de la estrategia, la geopolítica y la hipocresía canalla.  

¡Feliz Navidad para todos! 

 www.filosofiaylaicismo.blogspot.com

lunes, 22 de diciembre de 2025

Privatización es corrupción

Koldo, Ábalos y Cerdán
©El País

"Privatización es corrupción" era el lema escrito en la pancarta de una manifestación de empleados del Ayuntamiento de Córdoba que protestaban por la externalización de servicios públicos en esa institución. Venía sucediendo ya en el consistorio cordobés con alcaldes de Izquierda Unida. 

Me parece que ese eslogan describe bien lo que está pasando ahora, y de una forma masiva, en diversas comunidades autónomas del país. Los servicios básicos vinculados a derechos fundamentales, como la salud, la educación, la vivienda, las pensiones o la atención a la dependencia, están siendo abandonados al desbarajuste de la ley de mercado que, como todo el mundo debe saber, implica la ausencia completa de normas inspiradas por valores morales, los que nos hacen humanos, los que nos protegen del cruel imperio del más fuerte. 

Robar y malversar recursos públicos es corrupción, pero también lo es derivar ingentes cantidades de dinero desde las arcas comunes a empresas privadas, que no van a prestar sus servicios atendiendo a una lógica de derechos y de ayuda a la comunidad, sino a la implacable estrategia del beneficio económico, es decir, que sólo pongo algo a condición de sacar más de lo que pongo. Porque, desde un punto de vista estrictamente material, educar, cuidar y velar por la salud, especialmente la de los que no son ricos, no es rentable sino más bien ruinoso. Por eso debe ser el Estado quien asuma esas funciones. Salvo que deseemos regresar a las tierras de penumbra, al sálvese quien pueda, desmontando todo lo que se ha ido construyendo en doscientos años de lucha y de sacrificio en pos de un mundo donde no sean solo unos pocos quienes puedan vivir con desahogo, que no con dignidad, pues esta solo es posible si se edifica sobre una fraternidad universal que no excluye a nadie. Y digo bien, a nadie, pues se trata de principios que o son categóricos (incondicionales) o dejan de ser principios. 

En lo público, la injusticia y la corrupción tienen que ver tanto con el latrocinio desvergonzado, como con el dónde se obtiene el dinero y a qué se destina. 

Por ejemplo, suprimir en Andalucía los impuestos de patrimonio y de sucesiones --con el consiguiente detrimento de 90 millones de euros anuales desde 2022 en los presupuestos de la Junta-- para, acto seguido, eliminar 400 plazas del centro de Atención Infantil Temprana para niñas y niños con discapacidades graves en el Hospital de San Rafael de Granada (leer la noticia) supone tanta corrupción como sonsacar un tres por ciento a una empresa para adjudicarle una obra pública, que es lo que venía haciendo este trío calavera del PSOE que tanto nos avergüenza. 

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com


domingo, 14 de diciembre de 2025

Leyendo a María Zambrano (Lola Valle Atencia)

(Texto de la intervención del autor del blog en la presentación de Leyendo a María Zambrano. Un regalo de la Aurora, de Lola Valle Atencia. (Ed. Sociedad de Amigos de la Cultura-SAC de Vélez-Málaga, 2025), que tuvo lugar en la Biblioteca pública municipal “Escritor José Asenjo Sedano”, de Guadix. 12 de diciembre de 2025)

       
        Leer a María Zambrano, filósofa-poeta y mujer comprometida con las luchas necesarias —pues su filosofía quiere ser guía, maestra de vida—, es siempre una tarea estimulante, y hacerlo a través de la lúcida lectura de Lola me ha permitido hallar nuevos significados en su obra.

De izquierda a derecha: Lola López Raya,
Lola Valle Atencia y
Ángel Ramírez Medina 
(Biblioteca pública de Guadix)

        Para comenzar, os invito a formularnos diversas cuestiones: ¿desde qué perspectiva nos acercamos a la obra de María Zambrano? ¿La filosófica, la poética, la mística? Hacerlo desde cualquiera de ellas nos obliga a enfrentarnos a un complejo entramado de significados simbólicos. Y, por otra parte, ¿qué nos aporta el trabajo de Lola Valle?

         Lola lee a Zambrano desde el horizonte de su propia peripecia vital, a la luz de sus experiencias y de su sensibilidad poética. María reivindica los sentires como fuente de conocimiento, como base de su razón poética, y Lola encamina su personal lectura en esta línea. María tiene querencia por el término “sentires”, que denota tanto nuestra percepción del mundo a través de los sentidos (tan despreciados por la filosofía tradicional), como nuestra reacción emocional ante la realidad circundante —la circunstancia orteguiana—, así como la comprensión y gestión que hacemos de esas emociones y sentimientos: «La Aurora unifica los sentires —escribe Zambrano—, transformándolos en sentido» (De la Aurora). Se trata de un aspecto esencial de su método de conocimiento, que podemos entender como un nuevo modelo de razón (razón poética) en liza con el canon de racionalidad clásica; si bien, el debate hoy no parece estar ya tanto entre la razón argumentativa y la razón poética, sino entre la barbarie —entendida como una ausencia radical de identidad reflexiva— y algún tipo de razón. Este hermoso libro, de cuidada edición y escrito en una bella prosa poética... (clicar para CONTINUAR LEYENDO)