viernes, 3 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

©Vicens Giménez --EL País--

Esa ecuación grita la igualdad de sus dos miembros, el izquierdo y el derecho, atrapados sin remedio y para siempre por un signo matemático. Las matemáticas acogen igualdades que rara vez nos ofrece la realidad, siempre desigual e imperfecta. 

El arte contemporáneo, sin embargo, es muy matemático, aunque lo sea, a veces, de las matemáticas del caos, el infinito y los números irracionales, la de los fractales, Fibonacci, el tetraktys pitagórico y el número pi.

 ¿Qué son Las señoritas de Aviñon o Continuum sino majestuosos fractales? 

Como letrero de grandes dimensiones que corona un viejo almacén de aspecto industrial de principios del siglo XX ha sido concebida por Claire Fontaine --dúo artístico parisino-- en la isla de San Giacomo, próxima a Venecia, espacio geográfico adquirido a una entidad bancaria por la afortunada turinesa Patrizia Sandretto, coleccionista de arte. Qué acuerdos tan gozosos alcanza el dinero. 

En una ecuación matemática (A = B), el signo de igualdad establece la estricta identidad de sus dos miembros. Y eso parece serenarnos, pero esas dos líneas paralelas nos proyectan al infinito. A y B son exactamente la misma cosa. El vértigo del principio lógico de identidad, tan poco ontológico que hasta la física moderna de partículas lo pone en cuestión. Fontaine traslada la magia de la arrolladora --y sólo aparente-- simplicidad de las ecuaciones matemáticas al mundo de la política, tan desigual también, para decirnos que decir patriarcado y decir destrucción del medioambiente es decir, es decir --reitero--, decir la misma cosa, es caer en un pleonasmo, como quien dice cállate la boca. 

El patriarcado emite tanta testosterona como dióxido de carbono; o, mejor, el patriarcado es dióxido de carbono. 

 (Y me pregunto, de paso, con la ingenuidad del aprendiz, cómo se puede tener suficiente dinero para coleccionar arte moderno y que aún te sobre para comprarte una isla con vistas al paseo veneciano donde se ubica la Ospedale della Pietà, el orfanato y conservatorio de música donde Antonio Vivaldi ejerció durante treinta años como maestro de violín y donde estrenó muchas de sus obras) 

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jueves, 2 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

© Vicens Giménez — EL PAÍS

That equation cries out the equality of its two sides, the left-hand side and the right-hand side, bound irrevocably and forever by the mathematical sign of equality. Mathematics embraces equalities that reality, forever unequal and imperfect, rarely offers us.

Contemporary art, however, is profoundly mathematical, even if at times it draws upon the mathematics of chaos, infinity, and irrational numbers—upon fractals, Fibonacci, the Pythagorean tetraktys, and the number π.

What are Les Demoiselles d'Avignon or Continuum if not majestic fractals?

Conceived by Claire Fontaine—the Paris-based artistic duo—as a monumental sign crowning an old industrial warehouse dating from the early twentieth century, the work stands on the island of San Giacomo, near Venice. The island was purchased from a banking institution by the wealthy Turinese art collector Patrizia Sandretto. How delightfully money can arrange such agreements.

In a mathematical equation (A = B), the equals sign establishes the strict identity of its two terms. Those two parallel lines project us toward infinity. A and B are exactly the same thing. It is the dizzying logic of the principle of identity, a principle that modern subatomic particle physics has called into question. Fontaine transfers the magic of the overwhelming—and only apparent—simplicity of mathematical equations into the realm of politics, itself so unequal, to tell us that saying patriarchy and saying environmental destruction is to say the same thing; it is to fall into a pleonasm, like saying “shut your mouth.”

Patriarchy emits as much testosterone as carbon dioxide; indeed, patriarchy is carbon dioxide.

(I wonder, in passing, with the innocence of an apprentice, how one can have enough money to collect contemporary art and still have enough left over to buy an island overlooking the Venetian waterfront where the Ospedale della Pietà stands—the orphanage and music conservatory where Antonio Vivaldi served as violin master for thirty years and premiered many of his works.)

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lunes, 29 de junio de 2026

Escuela y motes

"Mote" es un término con un amplísimo significado y larga tradición en lengua española. Hace referencia a una sentencia o lema --en este sentido lo utiliza Miguel de Cervantes en la única aparición de esta palabra en El Quijote--. Asimismo, era la divisa que identificaba a los caballeros medievales en las justas.

Pero, ante todo, por mote entendemos el apodo, el seudónimo, el sobrenombre con que conocemos a alguien. Era costumbre en ciertos pueblos asignarle uno a las sagas familiares. En Andújar, Turroneros, Turbieros, Quitasiestas, Pajita, Antolines, Gatos... En todo caso, se trata de un apelativo que amenaza con desplazar y enterrar para siempre el nombre de pila, que resulta insulso y anodino frente a la particularización llevada a cabo por el ingenioso hallazgo que puede suponer un apodo.

Los protagonistas de nuestra historia también fueron objeto de ese ingenio, tan malicioso como lúcido, a veces: la Loca, el Hechizado, el Empecinado, el Felón, la Frescachona, Cametes, Paca la Culona, o el Campechano y su hijo el Preparao son algunos de los apodos con los que han pasado a la historia de España --o acabarán haciéndolo-- algunos de sus monarcas y dictadores.

Recuerdo lo frecuentes que resultaban los motes en mi cole de principios de los setenta del siglo pasado. El Colegio Capitán Cortés se llamaba --y ¡ay!, se sigue llamando como triste homenaje al líder de los guardias civiles que, rodeados de mujeres y niños, se atrincheraron en el Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar en los días inmediatamente posteriores al golpe de Estado del general Franco--. No todos los niños tenían mote entonces, pero sí los que destacaban por algún motivo. Los líderes y también los más débiles o los diferentes eran los primeros candidatos. A los acosadores y abusones, el mote más o menos ofensivo impuesto a sus víctimas les permitía ejercer su despotismo sin riesgo, dado que no solían ofrecer resistencia. Al mismo tiempo, a quienes éramos más tímidos, más retraídos o más pacíficos, nos daba cierta tranquilidad saber que el apodo señalaba a la víctima propicia, y que ella sería el objeto del escarnio, las burlas y mofas cuando la ocasión lo requiriese, mitigando así la posibilidad de que cualquiera de nosotros fuéramos los agredidos. Así de mezquinas son, a veces, las relaciones de poder en el patio y las aulas, en particular en los sistemas autocráticos, donde los valores éticos se enmohecen. 

Los alias no eran siempre denigrantes. Recuerdo a un niño al que apodábamos Matute. Ignoro por qué. Tal vez su padre o algún otro familiar eran o habían sido policías locales, municipales, como decíamos entonces. Era un niño solitario y taciturno, grandón, de tez pálida, cabello rizado entre rubio y canoso, y afectado de una severa tartamudez que lo convertía en el principal motivo de nuestras risas. Especialmente cuando un profesor, tal vez con ganas de distender por unos minutos, lo sacaba a la pizarra para hacerle preguntas. Al propio Matute parecían divertirle sus respuestas torpes y sus bloqueos verbales que provocaban todo tipo de comentarios jocosos por parte del divertido público, sin que el profesor, la mayoría de las veces, hiciera lo más mínimo para impedirlo. De hecho, en mi escuela de EGB, don Manuel, maestro al que llamábamos el Patas porque arrastraba una de sus piernas, era el primero en escoger los motes que nos identificarían para el resto del curso: Preda Rico, Preda Borrico --para distinguir a dos hermanos--, Capuscín y el Preferido de los dioses eran algunos de sus predilectos.

Como decimos, el mote como sobrenombre, alias o apodo no siempre era ofensivo. A veces, es el propio apellido abreviado o en diminutivo. Entre mis compañeros de escuela, "el Rayito" o "el Medi", por ejemplo. Otras veces, podía remitir a un oficio: la Panadera, el Sastre, el Chapa o los Turroneros. Algunos, como Mangui o el Viñero eran seudónimos que conferían incluso cierta dignidad a los chicos que los lucían como nombre de guerra. Pero otros sí tenían intención estigmatizadora: Gafitas, Orejones, Mariquita, Gordo, Ojoperro, Lobico o Tío Aquiles, por el televisivo personaje de Los Chiripitifláuticos. Llamar a alguien gitano también era un insulto muy socorrido en ese Florido Pensil. Los apodos animales eran muy abundantes. Aparte del ya mencionado e hiriente "mariquita", eran frecuentes gallina, pollo, asno, pardillo, cerdo, lombriz, mosquito, buitre o juanico.

A mí, ya en el Instituto Virgen de la Cabeza, me decían el Torero por la figura tensa y la pose estirada que adoptaba cuando me dirigía al encerado. Aquí la enorme novedad que suponía para mí la presencia de las niñas en el aula hacía aún más lacerante y humillante el que todos conocieran ese sobrenombre. Recuerdo motes muy crueles, como Carne de Monte para ridiculizar a una compañera alta, con grandes gafas y más bien entrada en carnes. 

Y los profes tampoco se libraban, claro, como ya hemos visto con don Manuel. El Chino era uno de matemáticas, cuyo largo y liso cabello oscuro recordaba al del Pequeño Saltamontes, el protagonista de Kung-fu, serie interpretada por David Carradine, que entonces causaba furor. O el Batusi, profe de Biología siempre ataviado con una bata blanca cuyo albar fulgor causaba descomposición estomacal en más de uno. La Coja joven y la Coja vieja era la displicente y cruel manera de distinguir a nuestras dos renqueantes profes de literatura; o el Quemado para el de Física y Química, herido de gravedad en un terrible accidente automovilístico con incendio del que sobrevivió gracias a la evacuación realizada con su propia avioneta por El Cordobés, el más famoso torero de esa España atrasada y tardofranquista. 

(Por cierto, ¿cuál habrá sido mi apodo --o apodos-- en los distintos institutos cordobeses y granadinos por los que he ido pasando como profesor de filosofía?)

También recuerdo al Rey, un niño verdaderamente especial, que era hijo de una profe de dibujo de aspecto muy alternativo. Él debía de ser superdotado. Era muy alto y también algo grueso, tenía el pelo lacio y negro, con un apagado y perenne brillo sebáceo. Solía ir ataviado con un abrigo oscuro y largo, disimulando un cuerpo que parecía el de un hombre mayor. Sus ojos, que eran llamativamente grandes y saltones, y su piel macilenta lo asemejaban a los miembros de la familia Monster, una saga televisiva que hacía nuestras delicias. Rey, que se expresaba con voz aguda y campanuda, y con palabras que nos parecían de otro tiempo, nos confesaba sin avergonzarse que odiaba hacer ejercicio físico y que sus únicas diversiones eran leer, ver cine clásico y pasear. Cuando reveló estar enamorado de la Bejarano, la niña que a algunos les parecia ser la menos agraciada del Instituto, nos divertíamos preguntándole por los encantos que veía en ella y por sus tórridos sueños de ardiente enamorado. Sus respuestas nos parecían siempre alambicadas y extravagantes.

A pesar de que ahora hay muchos que dicen que no hay valores, yo pienso que en esa escuela y en esa sociedad había aún menos compasión que ahora. Yo he visto, en general, más respeto y solidaridad entre mis alumnos de ahora que entre mis compañeros de entonces. El mote venía a ser una forma de enjaular a la víctima sin otorgarle recurso de amparo ni de apelación. Mientras permanecieras en ese colegio, colgaría de tu cuello ese sambenito. Era la manera de prepararnos para una sociedad dura que se decía cristiana, o católica practicante, pero que ignoraba todos los valores evangélicos. 

(Más en Andújar en mi recuerdo

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domingo, 21 de junio de 2026

Las filósofas del sentido

María Zambrano con su inseparable boquilla de fumar, 
recién retornada del exilio
en su casa de Madrid en 1984
©Raúl Cancio -El País-

 En la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, se dio la confluencia de las obras de tres gigantes de la filosofía:  F. Nietszsche, K. Marx y S. Freud. La filosofía hecha hasta ese momento había sido enemiga de la vida, encubridora de los intereses del capital y castradora del instinto bajo una supuesta racionalidad sin sombra, nos venían a decir en sus escritos. 
   Asistíamos entonces al surgimiento de los modernos Estados nación y a la lucha del liberalismo por perfilar los principios de las nuevas democracias. Ellos han pasado a la historia como los filósofos de la sospecha, dado que sus respectivas obras denunciaban las trampas políticas, religiosas y metafísicas que habían atenazado al ser humano en los más de veinte siglos que nos separaban desde la luminosidad del pensamiento de la Grecia clásica, descubridora del humanismo, de la libertad individual, de la crítica racional, de la ética laica y de la democracia. Nietzsche, Marx y Freud, cada uno a su manera, extendieron sus sospechas a las ideologías imperantes. Buscaban las claves de una emancipación de la persona frente a las amenazas agazapadas en el interior del propio ser humano, en su entorno sociopolítico y también en el ámbito de lo suprahumano. Otra cosa fueron las consecuencias de las transformaciones revolucionarias que esas filosofías de la sospecha propiciaron. 

  Pero pocos años después, las esperanzas, muchas de ellas expresadas en forma de sacralizadas utopías intrahistóricas --en sus dos versiones: nacionalista e internacionalista-- o suprahistóricas --escatología religiosa--, se vendrían abajo estrepitosamente. Europa se adentraba en tres largas décadas de oscuridad y de violencia sin precedentes, que comenzaban con el estallido de la primera Guerra Mundial y finalizarían con la derrota de las ansias imperialistas y exterminadoras de Alemania y Japón --reemplazadas por los nuevos imperialismos de EEUU y la URSS--, conociendo entre medias la Revolución comunista rusa --y, posteriormente, la china de Mao--, con sus funestos resultados en lo que a la libertad individual se refiere. 

     Surgió entonces la necesidad de una nueva forma de pensamiento una Filosofía del sentido, que encontró su mejor expresión en las obras de Albert Camus (1913-1960 --Premio Nobel en 1957--) y María Zambrano (1904-1991 --Premio Cervantes en 1988--). Antonio Machado (1875-1939), Simone Weil (1909-1943) y Hannah Arendt (1906-1975) también están en esta misma órbita de la nueva metafísica del sentido. Sus obras buscan humanizar la razón y dirigir los esfuerzos de la filosofía en ofrecer al ser humano propuestas de sentido desde una razón abierta a las dimensiones más intuitivas y emocionales de nuestra mente, adelantándose a las teorías norteamericanas de las inteligencias múltiples --Howard Gardner, 1983--: la "pensée de midi" y la "razón poética" simbolizan sus respectivas filosofías. Se trataba de ofrecer a la persona un lugar en el mundo más allá de las tradicionales ideologías: construir una sociedad donde los derechos de cada ser humano estén por encima de las fronteras y las fobias; admitir el límite de lo relativo frente a la mitologización de las utopías; promover la preservación y el cuidado de la vida en sus múltiples manifestaciones frente al afán de dominio heteropatriarcal; promulgar la fraternidad universal y los principios morales derivados de la dignidad de cada sujeto frente a la razón de Estado o la tiranía de la historia; cultivar la vida interior frente a las religiones de los ritos y los signos externos; y valorar el arte como fuente de sentido y de felicidad. Son algunas de sus propuestas filosóficas. 

    Hoy asistimos, otra vez, a un panorama de desilusión, de desesperanza, tras los atisbos de un nuevo humanismo que supusieron la creación de la ONU y la proclamación de los derechos humanos o el fin de la guerra fría. Vuelven por sus fueros las ansias imperialistas, los nacionalismos violentos y excluyentes, las ideologías supremacistas. Todo ello bajo la amenaza de una crisis medioambiental sin precedentes y la mezcla de revolución tecnológica y de amenaza existencial que supone la IA. Se hacen de nuevo imprescindibles las propuestas de las filosofías del sentido. Sus representantes hoy siguen siendo mayoritariamente mujeres: Nancy FraserJudith Butler, Martha Nussbaum, o las pensadoras españolas Victoria Camps y Amelia Valcárcel. 

(Leer más sobre María Zambrano AQUÍ

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sábado, 20 de junio de 2026

The women philosophers of meaning

María Zambrano with her inseparable cigarette holder,
recently returned from exile,
in her home in Madrid in 1984
©Raúl Cancio – El País

  In 19th-century Europe, there was a convergence of the works of three giants of philosophy: F. Nietzsche, K. Marx, and S. Freud. Philosophy up to that point had been life-destroying, concealing the interests of capital and castrating instinct under a supposed shadowless rationality, we were told.
   We were witnessing then the emergence of modern nation-states and the struggle of liberalism to shape the principles of the new democracies. They have gone down in history as the “philosophers of suspicion,” since their respective works denounce the political, religious, and metaphysical traps that had held human beings captive during the twenty centuries separating them from the luminosity of classical Greek thought, which discovered humanism, individual freedom, rational critique, secular ethics, and democracy. Nietzsche, Marx, and Freud, each in their own way, extended their suspicion to the prevailing ideologies. They sought the keys to human emancipation from the threats hidden within the human being itself, in its sociopolitical environment, and also in the realm of the supra-human. Another matter entirely were the consequences of the revolutionary transformations that these philosophies of suspicion set in motion.

   But a few years later, those hopes—many of them expressed in the form of intrahistorical utopias (in their two versions: nationalist and internationalist) or supra-historical ones (religious eschatology)—collapsed dramatically. Europe entered three long decades of darkness and unprecedented violence, beginning with the outbreak of the First World War and ending with the defeat of the imperialist and exterminatory ambitions of Germany and Japan—replaced by those of the USA and the USSR—having in between witnessed the Russian Communist Revolution—and later Mao’s Chinese one—with their disastrous consequences for individual freedom.

   A new form of thought then emerged, which we will call the Philosophy of Meaning. It found its best expression in the works of Albert Camus (1913–1960—Nobel Prize in 1957) and María Zambrano (1904–1991—Cervantes Prize in 1988). Antonio Machado (1875–1939), Simone Weil (1909–1943), and Hannah Arendt (1906–1975) also belong to this same sphere of a new metaphysics of meaning. Their works seek to humanize reason and to direct philosophical efforts toward offering human beings proposals of meaning, from a reason open to the most intuitive and emotional dimensions of our mind, anticipating the North American theories of multiple intelligences (Howard Gardner, 1983): the “pensée de midi” and “poetic reason” symbolize their respective philosophies. They aim to offer individuals a place in the world beyond traditional ideologies: to build a society in which each person’s rights stand above borders and phobias; the limit of the relative against the mythologization of utopias; the preservation and care of life in its multiple manifestations against the drive for heteropatriarchal domination; universal fraternity and moral principles derived from the dignity of each subject against reason of state; inner life against religions of rites and symbols; art as a source of meaning and happiness. These are some of their philosophical proposals.

   Today we once again face a landscape of disillusionment and despair, after the glimpses of a new humanism that came with the creation of the UN and the proclamation of human rights, or the end of the Cold War. Imperial ambitions, violent and exclusionary nationalisms, and supremacist ideologies are returning. All this unfolds under the threat of an unprecedented environmental crisis and the mixture of technological revolution and existential threat posed by AI. Once again, the proposals of the women philosophers of meaning have become indispensable. Their representatives today are still predominantly women: Nancy Fraser, Judith Butler, Martha Nussbaum, and Spanish thinkers such as Victoria Camps and Amelia Valcárcel.

(More about María Zambrano here

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Les femmes philosophes du sens

María Zambrano avec son inséparable porte-cigarette,
tout juste revenue d’exil
dans sa maison à Madrid en 1984
©Raúl Cancio -El País-

Dans l’Europe du XIXe siècle, les œuvres de trois géants de la philosophie se sont rencontrées : F. Nietzsche, K. Marx et S. FreudLa philosophie élaborée jusqu’alors avait été meurtrière de la vie, dissimulatrice des intérêts du capital et castratrice de l’instinct sous une prétendue rationalité sans ombre, nous disait-on.

    Nous assistions alors à l’émergence des États-nations modernes et à la lutte du libéralisme pour définir les principes des nouvelles démocraties. Ils sont entrés dans l’histoire sous le nom de « philosophes du soupçon », car leurs œuvres respectives dénonçaient les pièges politiques, religieux et métaphysiques qui avaient entravé l’être humain durant les vingt siècles qui nous séparaient de la lumière de la pensée de la Grèce classique, découverte de l’humanisme, de la liberté individuelle, de la critique rationnelle, de l’éthique laïque et de la démocratie.

   Nietzsche, Marx et Freud, chacun à sa manière, étendirent leurs soupçons aux idéologies dominantes. Ils cherchaient les clés de l’émancipation de la personne face aux menaces tapies à l’intérieur même de l’être humain, dans son environnement sociopolitique et également dans le domaine du suprahumain. Il en alla autrement des conséquences des transformations révolutionnaires que ces philosophies du soupçon contribuèrent à susciter.

   Mais quelques années plus tard, les espoirs, souvent exprimés sous la forme d’utopies intrahistoriques —dans leurs deux versions, nationaliste et internationaliste— ou suprahistoriques —l’eschatologie religieuse— s’effondrèrent de manière retentissante. L’Europe s’engageait dans trois longues décennies d’obscurité et de violence sans précédent, qui commencèrent avec le déclenchement de la Première Guerre mondiale et s’achevèrent avec la défaite des ambitions impérialistes et exterminatrices de l’Allemagne et du Japon —remplacées par celles des États-Unis et de l’URSS—, tout en connaissant entre-temps la Révolution communiste russe —puis la révolution chinoise de Mao—, avec ses conséquences funestes pour la liberté individuelle.

  C’est alors qu’apparut la nécessité d’une nouvelle forme de pensée que nous appellerons la « Philosophie du sens », qui trouva sa meilleure expression dans les œuvres d’Albert Camus (1913-1960 —Prix Nobel en 1957) et de María Zambrano (1904-1991 —Prix Cervantes en 1988). Antonio Machado (1875-1939), Simone Weil (1909-1943) et Hannah Arendt (1906-1975) s’inscrivent également dans cette même orbite de la nouvelle métaphysique du sens.

    Leurs œuvres cherchent à humaniser la raison et à orienter les efforts de la philosophie vers l’élaboration de propositions de sens destinées à l’être humain, à partir d’une raison ouverte aux dimensions les plus intuitives et émotionnelles de notre esprit, anticipant ainsi les théories nord-américaines des intelligences multiplesHoward Gardner, 1983--. La « pensée de midi » et la « raison poétique » symbolisent leurs philosophies respectives.

    Il s’agit d’offrir à la personne une place dans le monde au-delà des idéologies traditionnelles: construire une société où les droits de chaque être humain prévalent sur les frontières et les phobies; reconnaître les limites du relatif face à la mythologisation des utopies; préserver et prendre soin de la vie dans ses multiples manifestations face à la volonté de domination hétéropatriarcale; promouvoir la fraternité universelle et les principes moraux dérivés de la dignité de chaque sujet face à la raison d’État; privilégier la vie intérieure face aux religions des rites et des signes; considérer l’art comme une source de sens et de bonheur. Telles sont quelques-unes de leurs propositions philosophiques.

   Aujourd’hui, nous assistons à nouveau à un paysage de désillusion et de désespoir, après les signes d’un nouvel humanisme qu’avaient représentés la création de l’ONU, la proclamation des droits de l’homme ou encore la fin de la guerre froide. Les ambitions impérialistes, les nationalismes violents et exclusifs ainsi que les idéologies suprémacistes refont surface. Tout cela se produit sous la menace d’une crise environnementale sans précédent et dans le contexte d’un mélange de révolution technologique et de menace existentielle que représente l’intelligence artificielle.

   Les propositions des philosophes du sens redeviennent dès lors indispensables. Leurs représentantes actuelles sont encore majoritairement des femmes: Nancy Fraser, Judith Butler, Martha Nussbaum, ainsi que des penseuses espagnoles telles que Victoria Camps et Amelia Valcárcel.

(Plus sur María Zambrano ICI

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viernes, 19 de junio de 2026

Hay ciertos ruidos que son más ruidos que otros ruidos

     Con el argumento del ruido que ocasionan, el Ayuntamiento de Granada amenaza con cerrar la librería Sostiene Pereira y el de Córdoba no renueva la licencia a sus tres cines de verano al aire libre. ¿Mostrarán estas corporaciones municipales igual sensibilidad cuando el foco de la molestia provenga no de dos centros de cultura, sino de alguna actividad consagrada a la hostelería o al turismo

     Parece detectarse aquí cierta inquina hacia la cultura. Resulta que una librería y un cine tradicional hacen mucho más barrio que negocio, justo lo contrario que un centro comercial con sus multicines incluidos. Los mordor quieren hacer de las ciudades gigantescos escenarios donde medren sus mercaderes, dejando atrás la ciudad como espacio de convivencia para quienes desarrollan su proyecto vital en ella, dentro de ella, junto a ella. Y que los vecinos permanezcan encerrados en sus casas siempre que no estén trabajando. En ellas recibirán todos los estímulos y los suministros necesarios a través de las redes y los riders. Y solo saldrán de sus escondrijos subidos en sus coches para viajar, o sea, para convertirse, ahora ellos, en turistas invasores de otros países, de otras ciudades acosadas. 

Esto sucede en Córdoba:

"El problema del ruido es una excusa": las asociaciones cuestionan los argumentos que amenazan a los cines de verano | Sociedad | Cadena SER https://share.google/QZHAkzTLexxtuWLxc

Y esto, en Granada:

"La librería Sostiene Pereira recaba apoyos para sus actividades culturales"

        La respuesta a la pregunta formulada más arriba puede hallarse, en lo que a Granada respecta, en este otro enlace:

https://www.elindependientedegranada.es/politica/psoe-exige-inclusion-zona-violon-palacio-congresos-mapa-ruidos-infierno-acustico-que-sufren

(Leer más sobre el problema de la contaminación acústica AQUÍ

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