jueves, 10 de octubre de 2013

Centenario de Albert Camus

(venamimundo.com)
El pasado 7 de noviembre de este 2013 se celebró el centenario del nacimiento de Albert Camus en Mondovi -actual Dréan- (Argelia). Es ésta una buena ocasión para visitar su obra y descubrir las luces que sigue arrojando sobre el presente quien, arrancando desde la experiencia del sinsentido, supo hallar una vía posible de acción transformadora en la rebeldía contra la injusticia y la defensa de la dignidad inviolable de cada ser humano. Su filosofía solar nos ofrece un arte de vivir que combina la alegría por la belleza gratuita del mundo y el compromiso moral por superar un sistema social y político construido sobre la desigualdad y una libertad de bajo perfil.
Con este motivo se están organizando eventos por parte de diversas instituciones, como la Universidad Autónoma del Estado de México o la Universidad Católica de Santiago de Chile. Más abajo ofrecemos información y enlaces a los mismos.  
(Diversas referencias a su obra y enlace a su archivo) 
Centro de Documentación A. Camus en Cité du Livre(Aix-en-Provence, Francia)
Homenaje a Camus en Cité du Livre (Aix-en-Provence)
Última residencia de A. Camus en Lourmarin (Luberon-Provence)


Eventos organizados con motivo del centenario:


 -Congreso Internacional Albert Camus: a cien años de su nacimiento (5-7 de noviembre de 2013)
Convoca la Universidad Autónoma del Estado de México
En este Congreso, Ángel Ramírez Medina, autor de este blog, pronunciará una conferencia bajo el título: "Albert Camus: el tiempo y el silencio"
PROGRAMA del Congreso
 
 

El autor del blog junto a la tumba de A. Camus en el cementerio de Lourmarin
-Jornadas Internacionales Albert Camus (20-22 de noviembre de 2013)
Convoca la Universidad Católica de Chile

-Jornadas conmemorativas del Centenario de Albert Camus (21-22 de octubre de 2013)
Convoca la Universidad Nacional Autónoma de México

viernes, 6 de septiembre de 2013

Es el sistema. Son sus cloacas

 
Día sí, día también asistimos a casos de corrupción en los que se ven envueltos
políticos de todos los partidos (aunque de unos más que de otros). Llevamos décadas hablando de corrupción. Algunos piensan que cambiando de partidos o de políticos se resuelve el problema. ¡Qué equivocados están!

Más bien, es cuestión de cimientos. Lo que genera corrupción es un sistema diseñado para la injusticia y la desigualdad, el caldo de cultivo donde la corrupción germina y se desarrolla mejor. Nuestro sistema neoliberal capitalista necesita cloacas y ejércitos de excluidos resignados. ¡Qué mejor forma hay para convertir a los trabajadores en semi esclavos que contar con una muchedumbre de parados! Entre éstos habrá muchos desesperados dispuestos a trabajar a cambio de casi nada. Y, para seguir apretando las tuercas, la excusa de la crisis. Regular y cíclicamente retornan las crisis para permitir a los ricos recoger las pocas dádivas repartidas en los años de crecimiento. Y, de paso, recortarán también los pocos avances alcanzados en derechos cívicos y laborales. Siempre se ha hablado de crisis. Como muestra, ya a finales de los años noventa escribía Eduardo Galeano en su libro “Patas arriba”: “Llevamos más de quince años hablando de crisis. La crisis es la excusa perfecta....”

Quienes denostan cualquier intervención estatal en el mercado (léase banqueros y grandes empresarios), serán los primeros en acudir al erario público para recabar ayudas a fondo perdido cuando vengan mal dadas. Y, si el crecimiento económico regresa, que es cuando cabría esperar un reparto de ganancias entre los esquilmados trabajadores, se anunciará a bombo y platillo una reducción de impuestos que la mayoría aplaudirá extasiada. Aunque bien mirado, aplauden un adelgazamiento de las arcas públicas o, dicho de otro modo, de nuevo el sálvese quien pueda.

El complemento necesario es una democracia de mala calidad con ciudadanos poco formados (o, mejor, bien adoctrinados en el consumo, el servilismo, la respuesta irreflexiva, el pensamiento único, las modas, los tópicos...) y, por tanto, poco movilizados. Eso sí, se les convocará a las urnas cada cuatro años, en una ceremonia solemne que inviste de legitimidad al sistema.

Para evitar la explosión social cuenta el sistema con recursos muy eficaces, como lo prueban varios milenios de injusticia, desigualdad y explotación ininterrumpida. Éstos son algunos:

-Ahí están las religiones con sus ofertas de una felicidad perfecta; eso sí en el más allá, donde, además, todas las injusticias y daños quedarán reparados para siempre y las víctimas resarcidas. Pero, si no estamos ciegos, veremos cómo las iglesias viven, sin prácticamente ninguna excepción, aprovechando los beneficios del sistema, arrimándose a la sombra del poder político y económico. Crean sus bancos, invierten en bolsa, atesoran propiedades, y, además, se proclaman, unas y otras, iglesias de los pobres y los débiles. Y, sin rubor, se sientan a comer a diario en las mesas de los poderosos y aceptan sus dádivas. Exenciones de impuestos, por ejemplo.
-También hace su papel el culto a la imagen, con una poderosa industria de moda y adoración del cuerpo.
-El consumismo con sus sofisticadas técnicas publicitarias ofrece un ansiolítico de efecto rápido y sedante.
-Los medios de comunicación dispuestos, en su mayoría, a ser mera cadena de transmisión del poder y a sesgar la realidad hablando siempre de lo mismo y de la misma forma, hasta agotar a cualquiera y colocarnos las anteojeras que nos hacen perder de vista los márgenes del camino.
-Y, por fin, la poderosa industria cinematográfica dedicada en exclusiva al entretenimiento de las masas o a inocularles el miedo y los tópicos del poder, con una especial dedicación a los niños que aprenden quiénes son los buenos y los malos. Ahí está Walt Disney con sus personajes almibarados y sus monstruosos parques de cartón piedra. Son válvulas de escape de las malas conciencias, la cara amable y mentirosa de un sistema gris y asesino.
Estos y otros medios (la poderosa industria del fútbol, por ejemplo) evitan la explosión social que cualquiera esperaría a la vista de los tozudos hechos de una historia dominada por la irresponsabilidad moral, el oportunismo de los de siempre y la eficacia de los vencedores. Guerras cíclicas en países de la periferia (Los Balcanes, Afganistán, Irak, Libia, Malí... y, ahora, Siria), millones de hambrientos, legiones de seres humanos hacinados en infraviviendas (ciudades sin ley de chabolas o favelas, qué más da), destrucción sistemática de recursos naturales (con una contaminante y peligrosa energía nuclear que no deja de crecer a pesar de Chernóbil y de Fukushima, y de lo que venga dentro de unos años, que seguro vendrá).

El resultado es, sin embargo, que la cosa no va a menos, sino a más: las diferencias entre el norte y el sur se acentúan cada día, los países ricos son hoy más desiguales que hace diez años, las hambrunas que no cesan, la violencia que crece en países azotados por el poder paralelo de las mafias de la droga, también serviles y útiles al poder (pues sólo así se explica que no se acepte de una vez que las políticas de represión no han servido y hay que tender a una legalización controlada para acabar con el mercado negro y el hampa que éste ampara). El darwinismo social se ha terminado imponiendo y la libertad más nombrada es la libertad de mercado. Frente al valor de la auténtica libertad, que es siamesa de la justicia, se priman los valores de la seguridad y el orden, aunque solo para los ricos. Y así, las conquistas logradas tras décadas de dura lucha, se pierden en poco tiempo y sin apenas resistencia social.
Este sistema que no admite sino la ley del más fuerte, este sistema que, por su propio funcionamiento alumbra desigualdad e injusticia, no permite que cualquiera acceda al poder. Desde luego, alguien dotado de principios morales difícilmente llegará a los puestos de mando. Y, de este modo, gobierne quien gobierne, lo más fácil es que quienes cortan el bacalao sean individuos corruptos o, al menos, prestos a ceder hasta límites de inmoralidad que pocos ciudadanos de a pie estaríamos dispuestos a admitir.

Lo importante no es, pues, cambiar de gobernantes: quienes los sustituyan serán también siervos más o menos dóciles (ahí está el injustificable indulto al banquero Alfredo Sáenz, consejero del Santander, como despedida del gobierno socialista de Zapatero). Lo que urge es cambiar el sistema.

Pero, ¿cómo hacerlo? Mediante una revolución. Sí, una revolución. Pero ésta no se hace sólo saliendo a las calles, que también hay que hacerlo; sino, especialmente, entrando en las aulas. No hay revolución más eficaz que la educativa. Por eso es ahí donde las fuerzas conservadoras hincan el diente nada más tocar poder. Y no vale cualquier modelo educativo: no sirve, por ejemplo, el adiestramiento que imparten en sus colegios privados los distintos grupos de poder. Se requiere una educación pública de calidad que sea gratuita, universal y laica. Una educación así es una poderosa fuerza de transformación que, a medio plazo, mejora el mundo. Sólo esta puede engendrar ciudadanos ilustrados, libres, críticos y solidarios; es decir, el tipo de personas que no están dispuestos a continuar con la farsa de una democracia simulada en un mundo que apesta a cloacas.

lunes, 27 de mayo de 2013

El oprobio de una escuela laica ha terminado

"El oprobio de una escuela laica ha terminado. Para formar españoles hondos, creyentes y patriotas austeros, España resurge, gloriosa, por el esfuerzo decidido y gigante de sus hijos, de los que murieron alegremente por ella, de los que por ella se sacrificaron y quisieron rendirle lo mejor y más espléndido de su vida. La Escuela tiene que recoger el ambiente heroico de las juventudes guiadas por el Caudillo a la victoria (...)
Primera. La reposición del Santo Crucifijo marca la apertura del curso, que será rápida e inmediata. 
Segunda. Además del retrato del Caudillo, habrá en el salón de clase una imagen de la Virgen, con preferencia de la Inmaculada, y en sitio preferente. (...)
Cuarta. A la entrada en la escuela los niños saludarán con el tradicional "Ave María Purísima", siendo contestados por el maestro: "Sin pecado concebida" (...)  
Sexta. La ceremonia de colocar la Bandera antes de empezar las clases y arriarla al terminar, mientras se entona el Himno Nacional, es obligatoria para todas las escuelas (...)
Séptima. Con el fin de cumplir el precepto de oír misa los domingos, asistiendo los niños con sus maestros al frente, acudirán a la iglesia en que la celebren las Organizaciones Juveniles."

(Normas para la Escuela Primaria. 6 de mayo de 1939. Año de la Victoria del Generalísimo Francisco Franco.)

miércoles, 8 de mayo de 2013

LOMCE: una reforma impuesta



En el tercer borrador de Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE), presentado el pasado mes de febrero, encontramos, junto a las medidas que modifican aspectos muy significativos de la estructura del sistema, otras muchas que afectan a lo que entendemos por calidad educativa, por gestión democrática de los centros educativos; o bien, que atañen directamente a los derechos y condiciones laborales de los docentes. Este proyecto de Ley se ha elaborado sin contar con la opinión de la comunidad educativa... (SEGUIR LEYENDO)

sábado, 27 de abril de 2013

Lúcidos

Hay que despertar a la gente. Sacudir su manera de identificar las cosas. Habría que crear imágenes inaceptables. Que la gente eche espumarajos de rabia. Hay que obligarles a comprender que viven en un mundo muy raro. Un mundo que no es nada tranquilizador. Un mundo que no es como ellos creen...
André Malraux (y Picasso), La cabeza de Obsidiana. Buenos Aires, Sur, 1974. Págs. 76-77.

Hoy en día, cuando observamos el trabajo, entendido éste como esa dura labor que va de la mañana a la noche, nos damos cuenta de que es la mejor policía, ya que mantiene firme a cualquiera y sabe obstaculizar con vehemencia el desarrollo de la razón, de los deseos y del ansia de independencia. Pues consume una extraordinaria cantidad de energía nerviosa y se le arrebata a la reflexión, a la meditación, al sueño, a las preocupaciones, al amor y al odio, y coloca ante la gente objetivos mezquinos, al tiempo que asegura satisfacciones leves y regulares. Así, una sociedad en la que se trabaje duro permanentemente gozará de mayor seguridad; y hoy en día adoramos la seguridad como a la divinidad suprema... ¿Qué dosis de verdad puede soportar el ser humano?
F. Nietzsche.

miércoles, 20 de marzo de 2013

Fracaso escolar

Mª Ángeles Llorente, profesora de Matemáticas en el Instituto Hoya de Buñol (Valencia), hace una interesante reflexión sobre la realidad del fracaso escolar y sus causas ante una comisión del Parlamento Valenciano. Llorente (que comienza haciendo notar que es poco habitual que una docente sea invitada a un Parlamento para hablar de asuntos escolares) da una perspectiva muy distinta a la que imponen machaconamente el poder y sus medios afines, que ya son casi todos. Aunque el vídeo es muy largo, la intervención propiamente dicha ocupa los primeros treinta minutos. Continene toda una de declaración de principios de lo que debe ser una educación pública de calidad que forme a personas libres y felices, y no a técnicos eficientes o, aún peor, a ciudadanos obedientes. También ofrece un diagnóstico certero de los problemas fundamentales del sistema educativo español (o, mejor, los múltiples sistemas que conviven en el Estado); problemas y males en los que la Ley Wert profundizará sin duda.
Aquí recojo el comienzo de su comparecencia: sólo cuatro minutos para que os hagáis una idea.
Para continuar viendo su intervención, pinchad aquí.(Por cierto, observad en el minuto 10:26 cómo tres parlamentarios trajinan distraídos con sus móviles mientras la profesora habla.)

lunes, 18 de marzo de 2013

La porra, la cruz y la tijera

La parte buena de que manden “éstos” –así se refería mi madre al franquismo, en memorable definición sintética, acompañada por el levantamiento del pulgar, señalando a su espalda– es que las generaciones que no conocieron directamente sus represiones, acciones y omisiones tienen ahora encima de sus cabezas una muestra del género lírico que la gente de mi edad, y de más aún, sufrió como banda sonora.
Quienes creían que exagerábamos aquellos que nunca abandonamos la idea de la memoria histórica en ninguna de sus manifestaciones, disponen actualmente de una amplia panoplia de representaciones y personificaciones del ayer que nunca cesa. La mezcla de autoritarismo y rosario, de mantilla e hipocresía, de cachiporra y melindres morales ha sido puesta al día –hombre, tenemos lo que queda de democracia y de libertad de expresión, y está Internet: todavía no pueden callarnos–, pero el tupido velo bajo el que los sepulcros blanqueados se ocultan se rasga súbitamente cada vez que un ministro metepatas muestra su verdadero rostro, ya sea en el Congreso, en la rueda de prensa de turno o en una embajada de España en Roma, tomada por el Opus Dei tanto como lo está el Vaticano desde que Juan Pablo II le metió mano.
Efectivamente, hijos e hijas mías. Lo que nos temíamos los mayores, aquello de que volvían los mismos perros con distintos collares, se ha consumado. Puede que Jorge Fernández Díaz no sea Carrero Blanco –le faltan cejas para ello–, y puede que no aplique en su comportamiento cachiporrístico sus criterios religiosamente extremos. Los tiempos son otros. Y, del mismo modo que él tiene derecho a expresar sus necedades decimonónicas sobre sexo y demografía, nosotros estamos autorizados para ponernos varias moscas en cada oreja. Que un cristiano renacido –a estos ricos píos no les basta con nacer: quieren acaparar todas las posibilidades–, nada menos que en Las Vegas, abuse de los privilegios de su cargo para desafiar nuestra inteligencia, rodeado de cardenales y otras hidras, debería soliviantarnos más allá de la ofensa a los homosexuales.
Pero ¿de dónde salen éstos?, entran ganas de inquirir. Quizá esos jóvenes a quienes me refería se lo preguntarán. Yo tengo la respuesta muy interiorizada: es una cantera. Las mejores familias, los mejores colegios, los mejores compañeros, los mejores mentores, los mejores amigos, las mejores parroquias y los mejores negocios. Cuando pueden, regresan. Más modernos, más jacarandosos, con mejores relaciones –las de ahora se llaman mercado, y metan ustedes aquí las instituciones internacionales que se les vayan ocurriendo– y la mejor jeta de amianto.
La herencia recibida de los socialistas –ésta, sí– en lo que respecta a la sumisión del Estado español al Estado vaticano, la ausencia histórica de redaños por parte de la socialdemocracia patria –no solo las leyes: ese Vázquez trapicheando devociones en su satrapía romana, ese Bono–, se lo ha puesto en bandeja a este y a cualquier otro Gobierno de la derecha. Tal como están las cosas, con el proceso de descomposición del sistema que se está produciendo en los países europeos del sur, el nuestro aporta un pintoresquismo supremo, que es el de las peculiaridades añadidas.
Falta de transparencia y crucifijos al cuello, porras y pelotas de goma y gases lacrimógenos y –por todos los dioses– ganas de repoblar la tierra, alcaldesa y presidente de comunidad de la capital, gobernando como sucesores y apacentando sus rebaños hasta la Dormidina, ministros que controlan lo económico al tiempo que manejan la impostura. Un tipo, en cultura, cercano también al Opus, estableciendo las bases de la discriminación escolar por clase social y por sexo.
No, no son marcianos. Son españoles. Son “éstos”.
MARUJA TORRES, El País Semanal, 17 de marzo de 2013