jueves, 16 de julio de 2026

Panorama de la Educación en España (Informe OCDE-2025): Presentación (I de III)

Aula de un Instituto de Granada
  















Hablar de resultados cuantificables en educación es importante, siempre que no se pierda de vista que no son los únicos factores a tener en cuenta, ni siquiera los más determinantes, dado que algunos logros esperables del sistema educativo no serán medibles, o, aún siéndolo, obedecen a tantas y tan complejas circunstancias, que difícilmente son comparables con los de otros contextos educativos. Esto, que es importante tenerlo en cuenta en todos los ámbitos escolares del mundo, lo es en alto grado al analizar los datos de España por su particular realidad social y cultural. Aquí, por ejemplo, existen las lenguas cooficiales,  que también forman parte de nuestra realidad escolar. Asimismo, hay una notable disparidad de riqueza e inversión entre regiones, muy acusadas en algunos casos, de modo que la inversión por alumno o el salario del profesorado varía notablemente del País Vasco a Madrid o Andalucía. También hay que tener presente la amplia comprensividad del sistema español que, hasta la edad de escolarización obligatoria --16 años-- ofrece en la práctica un único itinerario --la E S. O-- que cursa todo el alumnado, a diferencia de países como Alemania, que establece itinerarios muy diferenciados desde los 14 años, factor este que falsea los resultados de pruebas de rendimientos muy monovalentes como las PISA

La obsesión por los datos cuantificables tiene que ver con lo que hemos denominado en otro lugar examencitis y con la intromisión de valores economicistas y empresariales en el ámbito de la educación. Esto es especialmente grave en primaria y secundaria, donde deberían prevalecer los criterios educativos (formación humanística y científica para ciudadanos libres, críticos, autónomos) y socio-culturales (ofrecer oportunidades a todos, ser una vía de ascenso social para los grupos más desfavorecidos, constituir sociedades democráticas con mayor participación ciudadana).

¿Quién y cómo medir el grado de felicidad y bienestar que aporta la escuela o la apertura de oportunidades que ofrece a su alumnado un colegio de primaria ubicado en un barrio empobrecido de una ciudad o en un espacio rural deprimido? Creo que no existe una manera fácil ni cuantitativa de medir estos valores tan importantes. La educación reglada nos enseña a hacer cosas, a ser útiles, pero también a pensar, a vivir, a convivir, a comprender y amar, a mirar. 

Me suelo acordar del discurso de un director de secundaria en la ceremonia oficial de clausura de un curso académico. En sus palabras felicitaba a quienes habían logrado los mejores expedientes académicos, a los que regalaba un diploma e imponía una insignia. Después del acto, una compañera tutora se reunió con sus alumnos y sus familias, y les dijo que ella quería felicitar, más bien, a aquellos que, sin obtener unos resultados brillantes, habían sido capaces de superar los muchos obstáculos de la travesía del curso, a pesar de enfrentar enormes dificultades personales o familiares que ella parecía conocer bien.   

Aunque el informe de la OCDE –referido a datos de los años 2023 y 2024— aporta resultados que invitan a cierto optimismo –se aprecia, por ejemplo, una leve mejora en inversión económica, ratio o promoción académica en los cuatro niveles analizados (primaria, secundaria obligatoria, secundaria postobligatoria y educación terciaria)—, esto no nos hace perder de vista los graves y persistentes problemas que arrastra nuestro sistema educativo público. Entre ellos queremos destacar los siguientes:

-Deficiente inversión por alumno.

-Exceso de ratio de alumnado por aula y grave déficit en profesorado de apoyo, especialmente en infantil, primaria y etapa obligatoria de educación secundaria. Hay también grave carencia de personal sanitario: médicos, enfermeros y psicólogos-orientadores adscritos a los centros. 

-Exceso de tareas burocráticas.

-Desequilibrios curriculares, como la escasa presencia de las lenguas clásicas, o la ausencia de una formación básica en lenguas vernáculas fuera de los territorios que las hablan. 

-Falta de personal cualificado para la atención de las bibliotecas escolares.

-Persistencia de la subvención de colegios privados con sesgo ideológico en forma de conciertos educativos, aun en aquellos lugares donde la presencia de colegios públicos es suficiente para cubrir la demanda. Estas subvenciones o conciertos se están extendiendo incluso a las etapas no obligatorias, como el bachillerato.

-Deficiencia de las becas y ayudas al estudio.

-Presencia de contenidos ideológico-doctrinales (religión musulmana, evangélica, judía y católica) en el currículo oficial, con carácter evaluable y en pie de igualdad a las enseñanzas humanistas y científicas; y con el abono de los salarios del personal encargado de impartir dichos contenidos con los fondos públicos procedentes de los impuestos que pagamos todos. Ese personal adoctrinador es elegido a voluntad por parte de las autoridades religiosas.

-Falta de comedores en muchos centros.

-Deficiente climatización en las aulas, problema cada vez más acuciante que podría resolverse con medidas eficaces, asequibles y sostenibles –no necesariamente con la compra de equipos de refrigeración—, como son la instalación de toldos, la reducción del cemento en favor de más árboles y tierra en los patios, o la colocación de macetas y ventiladores en el interior. 

Pero, volviendo a los datos objetivos y mensurables, la OCDE presenta todos los años una extensa recopilación de estadísticas e indicadores sobre los sistemas educativos de sus estados miembros, que incluyen 38 de los países más desarrollados del mundo, además de otros países asociados. Su último informe, “Education at a Glance. OECD Indicators” (Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE), publicado el 9 de septiembre de 2025, permite analizar la evolución de los diferentes sistemas educativos, su financiación y el impacto de la formación en el mercado de trabajo y en la economía. Utilizando como referencia la publicación internacional, en España se elabora el informe Panorama de la Educación 2025: Indicadores de la OCDE. Informe español, que presenta los datos de los indicadores más relevantes para España en comparación con la media de los países de la OCDE y de los 25 países de la Unión Europea que forman parte de esta organización o están en proceso de adhesión. Contiene datos del año 2024 para los indicadores relacionados con el mercado laboral, del año 2023 para salarios y retribuciones, y del año 2022 para la financiación educativa.

Entre las muchas cifras y gráficos que contiene, destacamos los 22 resultados siguientes:  

1.La tasa de escolarización en educación infantil en España crece 14 puntos porcentuales desde 2013, hasta llegar a 46 %, igualando a Japón y solo superada por Suecia y Noruega, con tasas del 49 y del 61%, respectivamente... PARA CONTINUAR LEYENDO EN "PANORAMA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA II (INFORME DE LA OCDE 2025): RESULTADOS" PULSE AQUÍ

Leer el Informe completo "Panorama de la Educación en España" (2013) AQUÍ

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com


jueves, 9 de julio de 2026

Curso sobre María Zambrano en el Aula Permanente de la Universidad de Granada

 María Zambrano con su inseparable boquilla de fumar, 
en su casa de Madrid en 1984, recién retornada del exilio
©Raúl Cancio -El País

Este próximo otoño, impartiré un curso sobre el pensamiento y la obra de María Zambrano en el A.P.F.A. (Aula Permanente de Formación Abierta) de la UGR, en su sede de Guadix. 

El curso, que comenzará en octubre de 2026 y tendrá una duración total de 18 horas, se iniciará con una reflexión en torno a la naturaleza de la Filosofía occidental como vía argumentativa de conocimiento y su aparición en la Antigua Grecia, así como sobre las dos líneas filosóficas principales --racional/idealista e intuitiva/vitalista-- que han protagonizado su historia. Realizaremos después un recorrido por las etapas decisivas en la vida de la filósofa andaluza y las obras más representativas de cada una de ellas. Se llevará a cabo una lectura comprensivo-crítica de algunas de estas obras, así como una visita a la Fundación María Zambrano de Vélez-Málaga, donde podremos conocer la biblioteca personal de la filósofa, el archivo de sus documentos, manuscritos y cartas, así como el museo donde se exponen algunos de sus recuerdos y objetos personales.

Más sobre María Zambrano AQUÍ

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com


viernes, 3 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

©Vicens Giménez --EL País--

Esa ecuación grita la igualdad de sus dos miembros, el izquierdo y el derecho, atrapados sin remedio y para siempre por un signo matemático. Las matemáticas acogen igualdades que rara vez nos ofrece la realidad, siempre desigual e imperfecta. 

El arte contemporáneo, sin embargo, es muy matemático, aunque lo sea de las matemáticas del caos, el infinito y los números irracionales, la de los fractales, Fibonacci, el tetraktys pitagórico y el número pi.

 ¿Qué son Las señoritas de Aviñon o Continuum sino majestuosos fractales? 

Como letrero de grandes dimensiones que corona un viejo almacén de aspecto industrial de principios del siglo XX ha sido concebida por Claire Fontaine --dúo artístico parisino-- en la isla de San Giacomo, próxima a Venecia, espacio geográfico adquirido a una entidad bancaria por la afortunada turinesa Patrizia Sandretto, coleccionista de arte. Qué acuerdos tan gozosos alcanza el dinero. 

En una ecuación matemática (A = B), el signo de igualdad establece la estricta identidad de sus dos miembros. Y eso parece serenarnos, pero esas dos líneas paralelas nos proyectan al infinito. A y B son exactamente la misma cosa. Y sentimos entonces el vértigo del principio lógico de identidad, tan poco ontológico que hasta la física moderna de partículas lo pone en cuestión. Fontaine traslada la magia de la arrolladora --y sólo aparente-- simplicidad de las ecuaciones matemáticas al mundo de la política, tan desigual también, para decirnos que decir patriarcado y decir destrucción del medioambiente es decir, es decir --reitero--, decir la misma cosa, es caer en un pleonasmo, como quien dice cállate la boca. 

El patriarcado emite tanta testosterona como dióxido de carbono; o, mejor, el patriarcado es dióxido de carbono. 

 (Y me pregunto, de paso, con la ingenuidad del aprendiz, cómo se puede tener suficiente dinero para coleccionar arte moderno y que aún te sobre para comprarte una isla con vistas al paseo veneciano donde se ubica la Ospedale della Pietà, el orfanato y conservatorio de música donde Antonio Vivaldi ejerció durante treinta años como maestro de violín y donde estrenó muchas de sus obras) 

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com



jueves, 2 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

© Vicens Giménez — EL PAÍS

That equation cries out the equality of its two sides, the left-hand side and the right-hand side, bound irrevocably and forever by the mathematical sign of equality. Mathematics embraces equalities that reality, forever unequal and imperfect, rarely offers us.

Contemporary art, however, is profoundly mathematical, even if at times it draws upon the mathematics of chaos, infinity, and irrational numbers—upon fractals, Fibonacci, the Pythagorean tetraktys, and the number π.

What are Les Demoiselles d'Avignon or Continuum if not majestic fractals?

Conceived by Claire Fontaine—the Paris-based artistic duo—as a monumental sign crowning an old industrial warehouse dating from the early twentieth century, the work stands on the island of San Giacomo, near Venice. The island was purchased from a banking institution by the wealthy Turinese art collector Patrizia Sandretto. How delightfully money can arrange such agreements.

In a mathematical equation (A = B), the equals sign establishes the strict identity of its two terms. Those two parallel lines project us toward infinity. A and B are exactly the same thing. It is the dizzying logic of the principle of identity, a principle that modern subatomic particle physics has called into question. Fontaine transfers the magic of the overwhelming—and only apparent—simplicity of mathematical equations into the realm of politics, itself so unequal, to tell us that saying patriarchy and saying environmental destruction is to say the same thing; it is to fall into a pleonasm, like saying “shut your mouth.”

Patriarchy emits as much testosterone as carbon dioxide; indeed, patriarchy is carbon dioxide.

(I wonder, in passing, with the innocence of an apprentice, how one can have enough money to collect contemporary art and still have enough left over to buy an island overlooking the Venetian waterfront where the Ospedale della Pietà stands—the orphanage and music conservatory where Antonio Vivaldi served as violin master for thirty years and premiered many of his works.)

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com

lunes, 29 de junio de 2026

Escuela y motes

"Mote" es un término con amplio significado y larga tradición en lengua española. Hace referencia a una sentencia o lema --en este sentido lo utiliza Miguel de Cervantes en la única aparición de esta palabra en El Quijote--. Asimismo, era la divisa que identificaba a los caballeros medievales en las justas.

Pero, ante todo, por mote entendemos el apodo, el seudónimo, el sobrenombre con que conocemos a alguien. Era costumbre en ciertos pueblos asignarle uno a las sagas familiares. En Andújar, Turroneros, Turbieros, Quitasiestas, Pajita, Antolines, Gatos... En todo caso, se trata de un apelativo que amenaza con desplazar y enterrar para siempre el nombre de pila, que resulta insulso y anodino frente a la particularización llevada a cabo por el ingenioso hallazgo que puede suponer un apodo.

Los protagonistas de nuestra historia también fueron objeto de ese ingenio, tan malicioso como lúcido, a veces: la Loca, el Hechizado, el Empecinado, el Felón, la Frescachona, Cametes, Paca la Culona, o el Campechano y su hijo el Preparao son algunos de los apodos con los que han pasado a la historia de España --o acabarán haciéndolo-- algunos de sus monarcas y dictadores.

Recuerdo lo frecuentes que resultaban los motes en mi cole de principios de los setenta del siglo pasado. El Colegio Capitán Cortés se llamaba --y, ¡ay!, se sigue llamando como triste homenaje al líder de los guardias civiles que, rodeados de mujeres y niños, se atrincheraron en el Santuario de la Virgen de la Cabeza de Andújar en los días inmediatamente posteriores al golpe de Estado del general Franco--. No todos los niños tenían mote entonces, pero sí los que destacaban por algún motivo. Los líderes y también los más débiles o los diferentes eran los primeros candidatos. A los acosadores y abusones, el mote más o menos ofensivo impuesto a sus víctimas les permitía ejercer su despotismo sin riesgo, dado que no solían ofrecer resistencia. Al mismo tiempo, a quienes éramos más tímidos, más retraídos o más pacíficos, nos daba cierta tranquilidad saber que el apodo señalaba a la víctima propicia, y que ella sería el objeto del escarnio, las burlas y mofas cuando la ocasión lo requiriese, mitigando así la posibilidad de que cualquiera de nosotros fuéramos los agredidos. Así de mezquinas son, a veces, las relaciones de poder en el patio y las aulas, en particular en los sistemas autocráticos, donde los valores éticos se enmohecen. 

Los alias no eran siempre denigrantes. Recuerdo a un niño al que apodábamos Matute. Ignoro por qué. Tal vez su padre o algún otro familiar eran o habían sido policías locales, municipales, como decíamos entonces. Era un niño solitario y taciturno, grandón, de tez pálida, cabello rizado entre rubio y canoso, y afectado de una severa tartamudez que lo convertía en el principal motivo de nuestras risas. Especialmente cuando un profesor, tal vez con ganas de distender por unos minutos, lo sacaba a la pizarra para hacerle preguntas. Al propio Matute parecían divertirle sus respuestas torpes y sus bloqueos verbales que provocaban todo tipo de comentarios jocosos por parte del divertido público, sin que el profesor, la mayoría de las veces, hiciera lo más mínimo para impedirlo. De hecho, en mi escuela de EGB, don Manuel, maestro al que llamábamos el Patas porque arrastraba una de sus piernas, era el primero en escoger los motes que nos identificarían para el resto del curso: Preda Rico, Preda Borrico --para distinguir a dos hermanos--, Capuscín y el Preferido de los dioses eran algunos de sus predilectos.

Como decimos, el mote como sobrenombre, alias o apodo no siempre era ofensivo. A veces, es el propio apellido abreviado o en diminutivo. Entre mis compañeros de escuela, "el Rayito" o "el Medi", por ejemplo. Otras veces, podía remitir a un oficio: la Panadera, el Sastre, el Chapa o los Turroneros. Algunos, como Mangui o el Viñero eran seudónimos que conferían incluso cierta dignidad a los chicos que los lucían como nombre de guerra. Pero otros sí tenían intención estigmatizadora: Gafitas, Orejones, Mariquita, Gordo, Ojoperro, Lobico o Tío Aquiles, por el televisivo personaje de Los Chiripitifláuticos. Llamar a alguien gitano también era un insulto muy socorrido en ese Florido Pensil. Los apodos animales eran muy abundantes. Aparte del ya mencionado e hiriente "mariquita", eran frecuentes gallina, pollo, asno, pardillo, cerdo, lombriz, mosquito, buitre o juanico.

A mí, ya en el Instituto Virgen de la Cabeza, me decían el Torero por la figura tensa y la pose estirada que adoptaba cuando me dirigía al encerado. Aquí la enorme novedad que suponía para mí la presencia de las niñas en el aula hacía aún más lacerante y humillante el que todos conocieran ese sobrenombre. Recuerdo motes muy crueles, como Carne de Monte para ridiculizar a una compañera alta, con grandes gafas y más bien entrada en carnes. 

Y los profes tampoco se libraban, claro, como ya hemos visto con don Manuel. El Chino era uno de matemáticas, cuyo largo y liso cabello oscuro recordaba al del Pequeño Saltamontes, el protagonista de Kung-fu, serie interpretada por David Carradine, que entonces causaba furor. O el Batusi, profe de Biología siempre ataviado con una bata blanca cuyo albar fulgor causaba descomposición estomacal en más de uno. La Coja joven y la Coja vieja era la displicente y cruel manera de distinguir a nuestras dos renqueantes profes de literatura; o el Quemado para el de Física y Química, herido de gravedad en un terrible accidente automovilístico con incendio del que sobrevivió gracias a la evacuación realizada con su propia avioneta por El Cordobés, el más famoso torero de esa España atrasada y tardofranquista. 

(Por cierto, ¿cuál habrá sido mi apodo --o apodos-- en los distintos institutos cordobeses y granadinos por los que he ido pasando como profesor de filosofía?)

También recuerdo al Rey, un niño verdaderamente especial, que era hijo de una profe de dibujo de aspecto muy alternativo. Él debía de ser superdotado. Era muy alto y también algo grueso, tenía el pelo lacio y negro, con un apagado y perenne brillo sebáceo. Solía ir ataviado con un abrigo oscuro y largo, disimulando un cuerpo que parecía el de un hombre mayor. Sus ojos, que eran llamativamente grandes y saltones, y su piel macilenta lo asemejaban a los miembros de la familia Monster, una saga televisiva que hacía nuestras delicias. Rey, que se expresaba con voz aguda y campanuda, y con palabras que nos parecían de otro tiempo, nos confesaba sin avergonzarse que odiaba hacer ejercicio físico y que sus únicas diversiones eran leer, ver cine clásico y pasear. Cuando reveló estar enamorado de la Bejarano, la niña que a algunos les parecia ser la menos agraciada del Instituto, nos divertíamos preguntándole por los encantos que veía en ella y por sus tórridos sueños de ardiente enamorado. Sus respuestas nos parecían siempre alambicadas y extravagantes.

A pesar de que ahora hay muchos que dicen que no hay valores, yo pienso que en esa escuela y en esa sociedad había aún menos compasión que ahora. Yo he visto, en general, más respeto y solidaridad entre mis alumnos de ahora que entre mis compañeros de entonces. El mote venía a ser una forma de enjaular a la víctima sin otorgarle recurso de amparo ni de apelación. Mientras permanecieras en ese colegio, colgaría de tu cuello ese sambenito. Era la manera de prepararnos para una sociedad dura que se decía cristiana, o católica practicante, pero que ignoraba todos los valores evangélicos. 

(Más en Andújar en mi recuerdo

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com



domingo, 21 de junio de 2026

Las filósofas del sentido

María Zambrano con su inseparable boquilla de fumar, 
en su casa de Madrid en 1984, recién retornada del exilio
©Raúl Cancio -El País-

 En la Europa de la segunda mitad del siglo XIX, se dio la confluencia de las obras de tres gigantes de la filosofía:  F. Nietszsche, K. Marx y S. Freud. La filosofía hecha hasta ese momento había sido enemiga de la vida, encubridora de los intereses del capital y castradora del instinto bajo una supuesta racionalidad sin sombra, nos venían a decir en sus escritos. 
   Asistíamos entonces al surgimiento de los modernos Estados nación y a la lucha del liberalismo por perfilar los principios de las nuevas democracias. Ellos han pasado a la historia como los filósofos de la sospecha, dado que sus respectivas obras denunciaban las trampas políticas, religiosas y metafísicas que habían atenazado al ser humano en los más de veinte siglos que nos separaban desde la luminosidad del pensamiento de la Grecia clásica, descubridora del humanismo, de la libertad individual, de la crítica racional, de la ética laica y de la democracia. Nietzsche, Marx y Freud, cada uno a su manera, extendieron sus sospechas a las ideologías imperantes. Buscaban las claves de una emancipación de la persona frente a las amenazas agazapadas en el interior del propio ser humano, en su entorno sociopolítico y también en el ámbito de lo suprahumano. Otra cosa fueron las consecuencias de las transformaciones revolucionarias que esas filosofías de la sospecha propiciaron. 

  Pero pocos años después, las esperanzas, muchas de ellas expresadas en forma de sacralizadas utopías intrahistóricas --en sus dos versiones: nacionalista e internacionalista-- o suprahistóricas --escatología religiosa--, se vendrían abajo estrepitosamente. Europa se adentraba en tres largas décadas de oscuridad y de violencia sin precedentes, que comenzaban con el estallido de la primera Guerra Mundial y finalizarían con la derrota de las ansias imperialistas y exterminadoras de Alemania y Japón --reemplazadas por los nuevos imperialismos de EEUU y la URSS--, conociendo entre medias la Revolución comunista rusa --y, posteriormente, la china de Mao--, con sus funestos resultados en lo que a la libertad individual se refiere. 

     Surgió entonces la necesidad de una nueva forma de pensamiento una Filosofía del sentido, que encontró su mejor expresión en las obras de Albert Camus (1913-1960 --Premio Nobel en 1957--) y María Zambrano (1904-1991 --Premio Cervantes en 1988--). Antonio Machado (1875-1939), Simone Weil (1909-1943) y Hannah Arendt (1906-1975) también están en esta misma órbita de la nueva metafísica del sentido. Sus obras buscan humanizar la razón y dirigir los esfuerzos de la filosofía en ofrecer al ser humano propuestas de sentido desde una razón abierta a las dimensiones más intuitivas y emocionales de nuestra mente, adelantándose a las teorías norteamericanas de las inteligencias múltiples --Howard Gardner, 1983--: la "pensée de midi" y la "razón poética" simbolizan sus respectivas filosofías. Se trataba de ofrecer a la persona un lugar en el mundo más allá de las tradicionales ideologías: construir una sociedad donde los derechos de cada ser humano estén por encima de las fronteras y las fobias; admitir el límite de lo relativo frente a la mitologización de las utopías; promover la preservación y el cuidado de la vida en sus múltiples manifestaciones frente al afán de dominio heteropatriarcal; promulgar la fraternidad universal y los principios morales derivados de la dignidad de cada sujeto frente a la razón de Estado o la tiranía de la historia; cultivar la vida interior frente a las religiones de los ritos y los signos externos; y valorar el arte como fuente de sentido y de felicidad. Son algunas de sus propuestas filosóficas. 

    Hoy asistimos, otra vez, a un panorama de desilusión, de desesperanza, tras los atisbos de un nuevo humanismo que supusieron la creación de la ONU y la proclamación de los derechos humanos o el fin de la guerra fría. Vuelven por sus fueros las ansias imperialistas, los nacionalismos violentos y excluyentes, las ideologías supremacistas. Todo ello bajo la amenaza de una crisis medioambiental sin precedentes y la mezcla de revolución tecnológica y de amenaza existencial que supone la IA. Se hacen de nuevo imprescindibles las propuestas de las filosofías del sentido. Sus representantes hoy siguen siendo mayoritariamente mujeres: Nancy FraserJudith Butler, Martha Nussbaum, o las pensadoras españolas Victoria Camps y Amelia Valcárcel. 

(Leer más sobre María Zambrano AQUÍ

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com


sábado, 20 de junio de 2026

The women philosophers of meaning

María Zambrano with her inseparable cigarette holder,
recently returned from exile,
in her home in Madrid in 1984
©Raúl Cancio – El País

  In 19th-century Europe, there was a convergence of the works of three giants of philosophy: F. Nietzsche, K. Marx, and S. Freud. Philosophy up to that point had been life-destroying, concealing the interests of capital and castrating instinct under a supposed shadowless rationality, we were told.
   We were witnessing then the emergence of modern nation-states and the struggle of liberalism to shape the principles of the new democracies. They have gone down in history as the “philosophers of suspicion,” since their respective works denounce the political, religious, and metaphysical traps that had held human beings captive during the twenty centuries separating them from the luminosity of classical Greek thought, which discovered humanism, individual freedom, rational critique, secular ethics, and democracy. Nietzsche, Marx, and Freud, each in their own way, extended their suspicion to the prevailing ideologies. They sought the keys to human emancipation from the threats hidden within the human being itself, in its sociopolitical environment, and also in the realm of the supra-human. Another matter entirely were the consequences of the revolutionary transformations that these philosophies of suspicion set in motion.

   But a few years later, those hopes—many of them expressed in the form of intrahistorical utopias (in their two versions: nationalist and internationalist) or supra-historical ones (religious eschatology)—collapsed dramatically. Europe entered three long decades of darkness and unprecedented violence, beginning with the outbreak of the First World War and ending with the defeat of the imperialist and exterminatory ambitions of Germany and Japan—replaced by those of the USA and the USSR—having in between witnessed the Russian Communist Revolution—and later Mao’s Chinese one—with their disastrous consequences for individual freedom.

   A new form of thought then emerged, which we will call the Philosophy of Meaning. It found its best expression in the works of Albert Camus (1913–1960—Nobel Prize in 1957) and María Zambrano (1904–1991—Cervantes Prize in 1988). Antonio Machado (1875–1939), Simone Weil (1909–1943), and Hannah Arendt (1906–1975) also belong to this same sphere of a new metaphysics of meaning. Their works seek to humanize reason and to direct philosophical efforts toward offering human beings proposals of meaning, from a reason open to the most intuitive and emotional dimensions of our mind, anticipating the North American theories of multiple intelligences (Howard Gardner, 1983): the “pensée de midi” and “poetic reason” symbolize their respective philosophies. They aim to offer individuals a place in the world beyond traditional ideologies: to build a society in which each person’s rights stand above borders and phobias; the limit of the relative against the mythologization of utopias; the preservation and care of life in its multiple manifestations against the drive for heteropatriarchal domination; universal fraternity and moral principles derived from the dignity of each subject against reason of state; inner life against religions of rites and symbols; art as a source of meaning and happiness. These are some of their philosophical proposals.

   Today we once again face a landscape of disillusionment and despair, after the glimpses of a new humanism that came with the creation of the UN and the proclamation of human rights, or the end of the Cold War. Imperial ambitions, violent and exclusionary nationalisms, and supremacist ideologies are returning. All this unfolds under the threat of an unprecedented environmental crisis and the mixture of technological revolution and existential threat posed by AI. Once again, the proposals of the women philosophers of meaning have become indispensable. Their representatives today are still predominantly women: Nancy Fraser, Judith Butler, Martha Nussbaum, and Spanish thinkers such as Victoria Camps and Amelia Valcárcel.

(More about María Zambrano here

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com