viernes, 3 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

©Vicens Giménez --EL País--

Esa ecuación grita la igualdad de sus dos miembros, el izquierdo y el derecho, atrapados sin remedio y para siempre por un signo matemático. Las matemáticas acogen igualdades que rara vez nos ofrece la realidad, siempre desigual e imperfecta. 

El arte contemporáneo, sin embargo, es muy matemático, aunque lo sea, a veces, de las matemáticas del caos, el infinito y los números irracionales, la de los fractales, Fibonacci, el tetraktys pitagórico y el número pi.

 ¿Qué son Las señoritas de Aviñon o Continuum sino majestuosos fractales? 

Como letrero de grandes dimensiones que corona un viejo almacén de aspecto industrial de principios del siglo XX ha sido concebida por Claire Fontaine --dúo artístico parisino-- en la isla de San Giacomo, próxima a Venecia, espacio geográfico adquirido a una entidad bancaria por la afortunada turinesa Patrizia Sandretto, coleccionista de arte. Qué acuerdos tan gozosos alcanza el dinero. 

En una ecuación matemática (A = B), el signo de igualdad establece la estricta identidad de sus dos miembros. Y eso parece serenarnos, pero esas dos líneas paralelas nos proyectan al infinito. A y B son exactamente la misma cosa. El vértigo del principio lógico de identidad, tan poco ontológico que hasta la física moderna de partículas lo pone en cuestión. Fontaine traslada la magia de la arrolladora --y sólo aparente-- simplicidad de las ecuaciones matemáticas al mundo de la política, tan desigual también, para decirnos que decir patriarcado y decir destrucción del medioambiente es decir, es decir --reitero--, decir la misma cosa, es caer en un pleonasmo, como quien dice cállate la boca. 

El patriarcado emite tanta testosterona como dióxido de carbono; o, mejor, el patriarcado es dióxido de carbono. 

 (Y me pregunto, de paso, con la ingenuidad del aprendiz, cómo se puede tener suficiente dinero para coleccionar arte moderno y que aún te sobre para comprarte una isla con vistas al paseo veneciano donde se ubica la Ospedale della Pietà, el orfanato y conservatorio de música donde Antonio Vivaldi ejerció durante treinta años como maestro de violín y donde estrenó muchas de sus obras) 

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jueves, 2 de julio de 2026

Patriarchy = CO2

© Vicens Giménez — EL PAÍS

That equation cries out the equality of its two sides, the left-hand side and the right-hand side, bound irrevocably and forever by the mathematical sign of equality. Mathematics embraces equalities that reality, forever unequal and imperfect, rarely offers us.

Contemporary art, however, is profoundly mathematical, even if at times it draws upon the mathematics of chaos, infinity, and irrational numbers—upon fractals, Fibonacci, the Pythagorean tetraktys, and the number π.

What are Les Demoiselles d'Avignon or Continuum if not majestic fractals?

Conceived by Claire Fontaine—the Paris-based artistic duo—as a monumental sign crowning an old industrial warehouse dating from the early twentieth century, the work stands on the island of San Giacomo, near Venice. The island was purchased from a banking institution by the wealthy Turinese art collector Patrizia Sandretto. How delightfully money can arrange such agreements.

In a mathematical equation (A = B), the equals sign establishes the strict identity of its two terms. Those two parallel lines project us toward infinity. A and B are exactly the same thing. It is the dizzying logic of the principle of identity, a principle that modern subatomic particle physics has called into question. Fontaine transfers the magic of the overwhelming—and only apparent—simplicity of mathematical equations into the realm of politics, itself so unequal, to tell us that saying patriarchy and saying environmental destruction is to say the same thing; it is to fall into a pleonasm, like saying “shut your mouth.”

Patriarchy emits as much testosterone as carbon dioxide; indeed, patriarchy is carbon dioxide.

(I wonder, in passing, with the innocence of an apprentice, how one can have enough money to collect contemporary art and still have enough left over to buy an island overlooking the Venetian waterfront where the Ospedale della Pietà stands—the orphanage and music conservatory where Antonio Vivaldi served as violin master for thirty years and premiered many of his works.)

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