martes, 2 de junio de 2026

Complejo turístico y gasolinera para la casa del lince ibérico

©José Luis Ojeda

He conocido por la prensa local el proyecto de construir un complejo turístico en la Casa Argimiro, ubicada a 14 kilómetros de la ciudad de Andújar, en el cruce de la carretera del Santuario con la de la Parrilla, en plena Sierra Morena. 

Según esta información, el citado proyecto, apoyado desde el Ayuntamiento,  incluye un hotel con 50 plazas, zonas para bungalows y autocaravanas, un restaurante y una gasolinera. 

Considero que un negocio de ese tipo en el perímetro inmediato del Parque Natural Sierra de Andújar, en concreto en una zona de paso de linces como es "Viñas de Peñallana" --a unos 600 metros del Centro de Interpretación del Parque--, constituye una grave amenaza para ese entorno natural, donde con el lince conviven buitres negros y leonados, águilas imperiales o búhos reales. Sin duda, se multiplicará el consumo de agua del acuífero de la zona, incrementándose, al mismo tiempo, el riesgo de contaminación de las aguas subterráneas. 

Me surgen dudas como, por ejemplo, ¿las aguas residuales serán transportadas a la depuradora del municipio, "tratadas" in situ o acabarán vertiéndose en las limpias y "sonorosas" aguas del arroyo de la Parrilla?; ¿qué riesgos entraña para un entorno de ese valor natural la venta de combustibles y el estacionamiento de autocaravanas? ¿Y quién controlará que todo se haga conforme a la normativa --me consta que tanto el SEPRONA como los agentes forestales de la extensa provincia jiennense están bajo mínimos en lo que se refiere a personal--? 

Aseguran que este negocio creará 25 puestos de trabajo directos, pero no entiendo cómo un hotel de 50 plazas y una gasolinera pueden generar ese número de empleos... Me temo que sea el canto de sirenas que entonan los munícipes para que quien se oponga aparezca como enemigo del pueblo. 

Por otra parte, este complejo constituirá un importante foco de ruido --más ruidos que nos alejan de "la noche sosegada, la música callada" del poeta místico-- y también una agresión a los oscuros cielos nocturnos de la zona, reconocidos como idóneos para la contemplación astral precisamente por estar libres de contaminación lumínica. Forman parte de la Reserva Starlight de Sierra Morena, una de las más extensas de Europa. 

En las proximidades, ya funcionan desde hace años unas instalaciones similares con dos restaurantes y hospedaje con más de cien camas, además de numerosas casas rurales. 

La ciudad andujareña y su comarca se han movilizado meses atrás para expresar su rechazo a la instalación de una planta de producción de biometano, que venía a sumarse a la tala de cientos de olivos centenarios en la comarca para hacer hueco a miles de placas solares. Y las protestas lograron paralizar la estación de biometano, que también contaba con el apoyo del Ayuntamiento de Andújar. Las fotovoltaicas, sin embargo, siguen devorando la tierra fértil y destruyendo la economía local tradicional. El lema "Desarrollo sí, pero no así" unifica a muchas de estas protestas ciudadanas en todo el país, en especial en la España despoblada. Ejercen su crítica hacia los modelos de crecimiento económico que priorizan el lucro de unos pocos frente al bienestar social y los valores ecológicos. El desafío actual pasa por lograr el progreso asegurando la sostenibilidad y la justicia social --expresión esta olvidada y hasta criminalizada hoy--. 

Me he dirigido por e-mail a la asociación medioambiental andujareña AMECO, pero no he recibido aún ninguna respuesta.

No estaría de más hacer una campaña de concienciación de cara a la importancia de preservar este rico patrimonio natural --que aporta beneficios de todo tipo a la ciudad, también económicos-- ante la amenaza de los intereses especulativos, disfrazados siempre bajo la promesa de creación de riqueza y puestos de trabajo, la mayoría de los cuales serán precarios o, tal vez, meramente ficticios. 

Creo que es urgente que abandonemos de una vez la mirada imperante, depredadora, enviciada y entubada hacia el foco del beneficio económico y la productividad, para dar paso a un mirar contemplativo que se dirige con respeto hacia los demás seres vivos, humanos y no humanos. De lo contrario, y mientras llega nuestra extinción como especie, la existencia en este frágil hogar que nos acoge será cada día más insoportable por inhumana, por hostil a la propia vida. 

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lunes, 1 de junio de 2026

Tourist Complex and Gas Station for the Home of the Iberian Lynx (Andújar, Spain)

©José Luis Ojeda

 I recently learned through the local press about a project to build a tourist complex at Casa Argimiro, located 14 kilometers from the city of Andújar, at the junction of the Santuario and Parrilla roads, in the heart of the Sierra Morena mountains.

According to this information, the project, which is supported by the local council, includes a 50-bed hotel, areas for bungalows and motorhomes, a restaurant, and a gas station.

I believe that a business of this kind in the immediate vicinity of the Sierra de Andújar Natural Park—specifically in an area known as Viñas de Peñallana, which serves as a corridor for Iberian lynxes and lies only about 600 meters from the Park’s Visitor and Interpretation Centre—poses a serious threat to this natural environment. The Iberian lynx shares this habitat with black vultures, griffon vultures, Spanish imperial eagles, and Eurasian eagle-owls. There is little doubt that water consumption from the local aquifer would increase significantly, while at the same time the risk of groundwater contamination would also rise.

Several questions come to mind. For example: will wastewater be transported to the municipal treatment plant, treated on-site, or ultimately discharged into the clean and murmuring waters of the Parrilla stream? What risks would the presence of a fuel station and a motorhome parking area pose to an environment of such ecological value?

The promoters claim that the development will create 25 direct jobs, but I struggle to understand how a 50-bed hotel and a gas station could generate that number of positions. I fear this may be little more than a siren song sung by local officials, intended to portray anyone who opposes the project as an enemy of the town.

Furthermore, this complex would become a significant source of noise—yet more noise distancing us from “the tranquil night, the silent music” celebrated by the mystic poet—and would also constitute an assault on the area’s dark night skies. These skies are recognized as ideal for stargazing precisely because they remain free from light pollution. They form part of the Sierra Morena Starlight Reserve, one of the largest in Europe.

Nearby, similar facilities have already been operating for years, including two restaurants and accommodation with more than one hundred beds, as well as numerous rural guesthouses.

In recent months, the city of Andújar and the surrounding region have mobilized to express their opposition to a proposed biomethane production plant, which would have been added to the ongoing removal of hundreds of centuries-old olive trees to make way for vast photovoltaic installations. Public protests succeeded in halting the biomethane project, which was also supported by the Andújar City Council. The slogan “Development, yes—but not like this” has become a unifying message for many grassroots movements across the country, particularly in depopulated rural areas. These initiatives criticize models of economic growth that prioritize short-term profit over social well-being and ecological values. The challenge today is to achieve progress while ensuring sustainability and social justice—a concept that seems increasingly forgotten and even stigmatized.

I have contacted the local environmental association AMECO by email, but I have not yet received a response.

A public awareness campaign highlighting the importance of preserving this rich natural heritage—which brings benefits of all kinds to the city, including economic ones—would not be out of place. Such efforts are needed to counter the threat posed by speculative interests, which are invariably presented under the promise of wealth creation and job opportunities, many of which are likely to be precarious or perhaps even largely fictitious.

We must finally abandon the prevailing outlook—predatory, addicted, and narrowly focused on economic gain and productivity—and make way for a contemplative way of seeing, one that regards other living beings, human and non-human alike, with respect. Otherwise, while we await our eventual extinction as a species, life in this fragile home that shelters us will become increasingly unbearable, increasingly inhuman, and increasingly hostile to life itself.

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domingo, 31 de mayo de 2026

Olvidar el horror es fácil

     La filósofa María Zambrano escribe estas líneas desde su exilio en Roma, pocos años después del final de la Segunda Guerra Mundial y con el dictador Franco en el poder en España:    

    «Una de las debilidades del hombre europeo de finales y principios de siglo ha sido el no creer en el absurdo, en el horror, en el crimen gratuito, en lo diabólico. El haber olvidado que ciertas cosas, ciertos horrores, habían sucedido entre nosotros no hacía tanto tiempo, y el no haber sospechado que podían suceder de nuevo bajo otra máscara, y por otros motivos, pues de ciertos horrores lo importante es que ocurran. Que el hombre, y el hombre civilizado, haya sido capaz de cometerlos; los motivos… se inventan (…) La condición humana es tal que basta humillar, desconocer o hacer padecer a un hombre –uno mismo o el prójimo— para que el hombre todo sufra. En cada hombre están todos los hombres.»

María Zambrano, Persona y democracia

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sábado, 30 de mayo de 2026

Forgetting horror is easy

     The philosopher María Zambrano wrote these lines from her exile in Rome, a few years after the end of the Second World War and while the dictator Franco was still in power in Spain:

    “One of the weaknesses of the European man at the turn of the century has been his inability to believe in the absurd, in horror, in gratuitous crime, in the diabolical. He forgot that certain things, certain horrors, had taken place among us not so long ago, and failed to suspect that they could happen again under a different mask and for different reasons; for with certain horrors, what matters is that they occur. That man—and civilized man at that—has been capable of committing them; the reasons... are invented. (...)

      The human condition is such that it is enough to humiliate, ignore, or cause suffering to a single human being—oneself or another—for humanity as a whole to suffer. In every human being are all human beings.”

María Zambrano, Person and Democracy

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lunes, 25 de mayo de 2026

La romería del Rocío, el espíritu y la verdad

Asalto en la ermita del Rocío
En la emisión del informativo de RNE de esta mañana, Juan Ramón Lucas, su conductor, conectaba en directo con la aldea del Rocío y, tras la descripción del salto de la verja por parte de los devotos rocieros y su asalto a la capilla donde se guarda la imagen de la Virgen, Lucas hablaba de un estado de "éxtasis, casi místico". Este mismo tono admirativo he oído utilizar por parte de periodistas de radio y televisión de medios de todo tipo. 
Procesión de chiítas en Pakistán

Hablar de éxtasis colectivo tal vez sea adecuado, pero nada más alejado de la mística que esta ruidosa y multitudinaria eclosión de pasiones desbordadas. Veo más fetichismo y fanatismo --que nuestro miope etnocentrismo atribuye en exclusiva a otras culturas-- en estos ritos con profundos orígenes paganos que religiosidad interior, espiritual, reflexiva y, mucho menos, mística. Qué lejos de todo esto está el camino áspero, solitario, silencioso y apartado que siguen Juan de la Cruz o Teresa de Ávila, con las vías purgativa, iluminativa y unitiva que no dejan espacio a estos desahogos tan pueriles y terrenales. El poder, la Inquisición, no dejó de amenazar su heterodoxia. 

Parece que todos los medios de comunicación, con tan honrosas como raras excepciones, se pliegan a una línea informativa caracterizada por tres rasgos: 1. Abonar una actitud de estulticia generalizada que no deje espacio al pensamiento sosegado; 2. Reducir el foco de lo noticiable a parámetros tan estrechos como sujetos a espurios intereses económicos y políticos, empobreciendo la realidad que se percibe; y 3. No examinar con espíritu crítico ni poner en cuestión ningún hecho social que cuente con el beneplácito del poder. 

A un ateo como yo, le originan una profunda inquietud estas escenas que nos retrotraen a nuestro pasado tribal más remoto, episodios de fusión colectiva irracional que disuelven al individuo en una masa que lo puede arrastrar hacia actos incontrolables --un ritual en este caso, mas también al linchamiento de un inocente o al asalto del Capitolio de los EE UU--. Pero, supongo que también provocarán rechazo en un creyente que esté por un cristianismo evangélico y que defienda una religiosidad en la línea de lo que señalan con claridad las sagradas Escrituras. Y en esto coinciden las antiguas y las nuevas: "No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante ellas, ni les darás culto, porque yo Yahveh, tu Dios, soy un Dios celoso." (Biblia de Jerusalén: Éxodo, 20:4-6). Respecto al Nuevo Testamento, la conversación de Jesús con la alegre mujer samaritana no admite dudas: "Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que Jerusalén es el lugar donde se debe adorar". Jesús le dice: "Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre (...) Los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Evangelio de Juan, 4:24).

A pesar de todas estas palabras escritas, el catolicismo --el español, al menos-- es hoy la religión más fetichista de cuantas pululan por la vieja Europa. 

Las voces disidentes existen dentro y, desde luego, fuera del catolicismo, pero nadie se atreve a darles cobertura. Para quienes gobiernan, un pueblo adocenado, adormecido en estos fastos, resulta más fácil de gobernar; y para los clérigos, constituyen una muy buena excusa para montar chiringuitos y para que los fieles no se dediquen a la reflexión y la praxis transformadora que un cristianismo comprometido exige y que tanto ha molestado y sigue molestando al poder. 

Sigan, pues, periodistas, políticos y clérigos asentados en eso que ahora llaman su "zona de confort", y sigan también "poniendo en valor" (expresión tan manida como odiosa) estos folclores que generan pingües beneficios a unos y otros; en particular, a la sacrosanta y mal llamada industria turística. El resto, aguardaremos expectantes, vigilantes e impotentes el fatal desenlace a que estos desbarajustes sociales, alentados por un abandono generalizado de principios merecedores de tal nombre, han conducido en nuestra reciente historia. 

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miércoles, 20 de mayo de 2026

The El Rocío Pilgrimage: Spirit and Truth

Storming the fence at the
El Rocío chapel




In this morning’s RNE news broadcast, Juan Ramón Lucas, the presenter, connected live with the village of El Rocío and, after describing the “jumping of the fence” by the Rocío devotees and their rush into the chapel where the image of the Virgin is kept, Lucas spoke of a state of “ecstasy, almost mystical.” I have heard this same admiring tone used by radio and television journalists from all kinds of media outlets.

Shiite procession
in Pakistan
To speak of collective ecstasy may perhaps be appropriate, but nothing could be further removed from mysticism than this noisy and massive outburst of unbridled passions. I see more fetishism and fanaticism --that our ethnocentrism myopic attributes exclusively to other cultures-- in these rites, with their deep pagan roots, than inward, spiritual, reflective religiosity, and still less mysticism. How far removed from all this is the harsh, solitary, silent, and withdrawn path followed by John of the Cross or Teresa of Ávila, with the purgative, illuminative, and unitive ways that leave no room for such childish and worldly emotional outpourings. Power — the Inquisition — never ceased threatening their heterodoxy.

It seems that almost all the media, with exceptions as honorable as they are rare, conform to an editorial line characterized by three features: 1. Encouraging an attitude of generalized stupidity that leaves no room for calm reflection; 2. Narrowing the focus of what is considered newsworthy to parameters as restrictive as they are subject to spurious economic and political interests, thereby impoverishing perceived reality; and 3. Failing to examine critically or question any social phenomenon that enjoys the approval of those in power.

As an atheist, these scenes deeply unsettle me, for they take us back to our most remote tribal past: episodes of irrational collective fusion that dissolve the individual into a mass capable of dragging him toward uncontrollable acts — a ritual in this case, but also a lynching or an assault on the U.S. Capitol. Yet I imagine they also provoke rejection in believers committed to an evangelical Christianity and who defend a form of religiosity in line with what the Holy Scriptures clearly indicate. And in this respect, the old and the new alike are in agreement: “You shall not make for yourself a carved image, or any likeness of anything that is in heaven above, or that is in the earth beneath, or that is in the waters under the earth. You shall not bow down to them or worship them, for I, Yahweh your God, am a jealous God” (Jerusalem Bible: Exodus 20:4–6). As for the New Testament, Jesus’ conversation with the cheerful Samaritan woman leaves no room for doubt: “Our fathers worshipped on this mountain, and you say that Jerusalem is the place where people ought to worship.” Jesus said to her: “Believe me, woman, the hour is coming when neither on this mountain nor in Jerusalem will you worship the Father (...) True worshippers will worship the Father in spirit and in truth” (Gospel of John 4:24).

Despite all these written words, Catholicism — Spanish Catholicism at least — is today the most fetishistic religion among all those swarming across old Europe.

Dissenting voices exist both within and, of course, outside Catholicism, but no one dares give them coverage. For those who govern, a docile people, lulled to sleep by these spectacles, are easier to rule; and for the clergy, they provide an excellent excuse for setting up little rackets and for keeping the faithful from engaging in the reflection and transformative praxis that a committed Christianity demands — and which has so greatly disturbed, and continues to disturb, those in power.

So let journalists, politicians, and clergymen remain settled in what they now call their “comfort zone,” and let them continue “highlighting the value” (an expression as hackneyed as it is odious) of these folk spectacles that generate handsome profits for some and others — especially for the sacrosanct and misleadingly named tourism industry. The rest of us shall remain watchful, vigilant, and powerless, awaiting the fatal outcome to which these social disorders, encouraged by a generalized abandonment of principles worthy of the name, have led in our recent history.

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lunes, 18 de mayo de 2026

Andaluces, por sentido común

Este ha sido uno de los lemas de VOX en su campaña andaluza. Es la de "sentido común" una expresión ambigua. Al león, su instinto (que viene a ser la versión silvestre de nuestro sentido común) le dicta la estrategia más eficaz para atrapar a la grácil e indefensa gacela y devorarla. Por su parte, esta empleará todo su instinto-sentido común en eludir el peligro y subsistir con sus crías el mayor tiempo posible. Yo, trabajador de la enseñanza, me he sentido siempre más gacela que león en la intemperie de esta sabana, hermosa y dura, que es la vida. 

La derecha ha representado en Andalucía desde tiempos inmemoriales, los intereses de los más poderosos, la aristocracia de la sangre, antes; la aristocracia del dinero, ahora y siempre. Son los más fuertes, lo que en la naturaleza vienen a ser el león, el águila y el pez gordo. Descartes dejó escrito,  no sin ironía, que el sentido común es el bien mejor repartido del mundo, pues todos creemos tenerlo. A tenor de los resultados electorales de este domingo, no andamos sobrados de esa facultad, al menos el 64,8 % de quienes hemos acudido a votar. 

¡Ay! ¡Quién fuera un poco más gacela y un poco menos pardillo!

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jueves, 14 de mayo de 2026

Andalusians, through common sense

      This has been one of VOX’s (Far-right political party) slogans in its Andalusian campaign. “Common sense” is an ambiguous expression. A lion’s instinct (which is essentially the wild version of our common sense) dictates the most effective strategy for catching the graceful and defenseless gazelle and devouring it. The gazelle, for its part, will use all its instinct—its common sense—to evade danger and survive with its young for as long as possible. I, a teacher, have always felt more like a gazelle than a lion out in the open wilderness of this beautiful and harsh savannah we call life.

In Andalusia, the right wing has represented, since time immemorial, the interests of the most powerful: first the aristocracy of blood, and now, as always, the aristocracy of money. They are the strong ones, what in nature would be the lion, the eagle, and the big fish. Descartes wrote, not without irony, that common sense is the most evenly distributed thing in the world, since everyone believes they possess it. Judging by the election results this Sunday, we are not exactly overflowing with that faculty — at least not the 64.8% of us who turned out to vote.

Ah, if only one could be a little more gazelle and a little less common linnet (or gullible fool) !

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miércoles, 13 de mayo de 2026

El hantavirus sale a hacer turismo

Se viene anunciado desde hace tiempo por parte de las autoridades sanitarias internacionales, que el continuo trasiego de personas por todo el mundo incrementa exponencialmente las probabilidades de que un brote vírico localizado acabe transformándose en una pandemia. El reciente caso del crucero holandés así lo ha puesto de manifiesto. No hay más que ver la diversidad de nacionalidades (¡23!) que ocupaban los camarotes de esta nave, que partía de la Patagonia argentina para realizar miles de kilómetros de travesía visitando santuarios naturales protegidos, haciendo creer a los adinerados viajeros que participaban en una misión científica repleta de aventuras. 

De no poner límites, o cuanto menos, dejar de soplar el fuelle que alimenta el fuego de estos masivos tránsitos turísticos, todo parece indicar que lo que hace siete años constituyó  una situación excepcional, cuasi inédita en la historia de la humanidad --el Covid-19, que emerge en China en diciembre de ese año, y que aterrizó en forma de pandemia mundial dos meses después llevándose a 14 millones de víctimas--, acabe por resultar una situación más o menos cíclica a la que habremos de hacer frente con trágica frecuencia. 

¿Qué hacer, entonces? 

Las soluciones son muy complejas, al estar implicados aquí derechos, libertades, ocios y negocios. Sin duda, las medidas restrictivas aplicadas en ciudades o países ya muy saturados, pueden ayudar. Desde imponer tasas turísticas a arbitrar normas que restrinjan tanto la llegada de visitantes como la oferta de viviendas turísticas y las plazas hoteleras. Pero, una vez más, considero que aquí la educación tiene mucho que decir. Hacer consciente a quien viaja de las enormes consecuencias medioambientales, sociales, culturales, sanitarias y económicas de su aparentemente inocua decisión de viajar por placer a destinos cada vez más lejanos y cada vez más amenazados, debe ser una prioridad para las autoridades de todos los países. Educar desde la escuela y los medios de comunicación en la idea de que viajar tiene consecuencias funestas. Que no existen las "Cero Emisiones" --un bulo del greenwashing--, pues el mero hecho de estar vivos ya nos covierte en agentes contaminantes. Que viajar no es un imperativo para ser feliz, que viajar destruye y ensucia, que viajar altera los lugares y las costumbres, y que no es la única ni la mejor manera de conocer mundo. Que, tal vez, la forma más idónea de asomarse a otros modelos civilizatorios sea leer los ensayos de Margaret Mead o los de Marvin Harris; o que para contemplar la feliz hermosura y la prolija cultura de un grupo de chimpancés, el camino sea abrir los escritos de Jordi Sabater Pi, ilustrados por él mismo con gracia y precisión; o que las mayores emociones nos aguardan entre las páginas de los clásicos --a nuestro alcance en una biblioteca pública--. Beatus ille: austeridad, paciencia y compasión conforman la única vía segura hacia una pacífica y humana conformidad gozosa, tan ansiada, tan buscada por los vericuetos de lo que puede ser vendido y comprado, que no conducen sino a estados de ansiedad que van retroalimentándose. 

Sobre todo, si en nuestros viajes seguimos como dóciles rebaños las rutas y destinos marcados por los intereses de las grandes empresas turísticas, que solo actúan por mor de la mayor rentabilidad económica, sin considerar los trascedentales bienes y valores --algunos intangibles y necesarios-- puestos aquí en grave riesgo. Entre otros, el de la sanidad pública, cada vez más acosada por la codicia y menos cuidada por los gobiernos. 

¡Cuántas cosas se resolverían si fuéramos capaces de ser dichosos sin necesidad de salir de nuestra propia habitación siquiera! Con una buena compañía humana o animal, literaria o musical, o gozando sencillamente del silencio o de la soledad sonora en la noche sosegada, o de la contemplación del milagroso discurrir de la vida desde el otero de nuestra ventana. 

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martes, 12 de mayo de 2026

The Fermi Paradox and Self-Devouring Worlds

©A. Casado Capell:
“At the Museo José Guerrero in Granada, Spain.”
Will there be other thinking beings inhabiting some remote corner of our immense and silent galaxy, made up of more than three hundred billion suns and countless planets? I have often wondered this while contemplating in awe the spectacle of the starry night, now so threatened by light pollution. Could the path of my gaze perhaps intersect with that of some other sentient being who, at this very moment, is looking toward this tiny galactic corner of mine?

“Le silence éternel de ces espaces infinis m’effraie!” exclaimed an anguished Pascal, filled with emotion and with those reasons of the heart that reason itself cannot understand... And years later, Immanuel Kant emphasized: “Two things fill my mind with admiration and awe: the starry sky above me and the moral law within me.”

Given the abundance of the basic materials from which life is made—carbon in particular—and the extraordinary age of the universe—almost infinite when compared to the meager history of the hominid family—there must be, or must once have been, many highly advanced technological civilizations in our galaxy. The mathematical law of large numbers shows us that any event, however improbable it may seem, will eventually occur if the number of trials is sufficiently large. Nietzsche hinted at something similar as well—and the Pythagoreans many centuries earlier—in his theory of the Eternal Return of the Same.

And yet, to this day—despite the self-serving efforts of opportunistic pseudoscientists like Iker Jiménez and his circle of acolytes, whose business depends on superstitious ignorance—we have no evidence whatsoever that this is the case. No radio signals or any other kind of communication, no remains of artificial satellites or extraterrestrial spacecraft.

Could it be because our methods of observation are inadequate or imperfect, or perhaps—as Enrico Fermi himself proposed, Nobel Prize winner in Physics in 1938—because every technologically advanced civilization is doomed to self-destruction?

When Fermi formulated his paradox, he himself was witnessing the emergence of a massive new power of self-destruction, previously unknown: nuclear physics applied to the construction of the first atomic bomb. He was immersed in the sinister Manhattan Project. Today there are enough weapons to destroy the entire planet, and those who control them are not people with whom I would share my home. But we have also accumulated other weapons of mass destruction: pollution, extreme inequality, and injustice.

After centuries of being laborious Sisyphuses of the futile, we have now become blind figures of the Apocalypse.

Are we ourselves just another autophagous civilization, already engulfed in its own irreversible process of self-destruction? Or perhaps—might it be Gaia herself who is exterminating us in legitimate self-defense!?

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Le hantavirus part faire du tourisme

Cela fait longtemps que les autorités sanitaires internationales annoncent que le flux continu de personnes à travers le monde augmente de manière exponentielle les probabilités qu’une épidémie virale localisée finisse par se transformer en pandémie. Le récent cas du paquebot néerlandais en est une preuve manifeste. Il suffit de voir la diversité des nationalités (23 !) qui occupaient les cabines de ce navire, parti de la Patagonie argentine pour parcourir des milliers de kilomètres en visitant des sanctuaires naturels protégés, faisant croire aux voyageurs fortunés qu’ils participaient à une mission scientifique pleine d’aventures.

Si l’on ne met pas de limites, ou du moins si l’on cesse de souffler sur le soufflet qui alimente le feu de ces transits touristiques massifs, tout semble indiquer que ce qui, il y a sept ans, constituait une situation exceptionnelle, quasi inédite dans l’histoire de l’humanité — la pandémie de Covid-19, initiée en Chine en décembre de cette année-là et qui s’est transformée en pandémie mondiale deux mois plus tard, faisant 14 millions de victimes — pourrait finir par devenir une situation plus ou moins cyclique à laquelle il faudra faire face avec une fréquence tragique.

Que faire, alors ?

Les solutions sont très complexes, car elles impliquent ici des droits, des libertés, des loisirs et des affaires. Sans aucun doute, les mesures restrictives appliquées dans des villes ou des pays déjà saturés peuvent aider. Des taxes touristiques aux règles limitant l’arrivée des visiteurs et l’offre de logements touristiques et de places hôtelières. Mais, une fois de plus, je considère que l’éducation a ici un rôle majeur à jouer. Sensibiliser le voyageur aux énormes conséquences environnementales, sociales, culturelles, sanitaires et économiques de sa décision apparemment anodine de voyager pour le plaisir vers des destinations de plus en plus lointaines et menacées doit être une priorité pour les autorités de tous les pays. Éduquer, dès l’école et via les médias, à l’idée que voyager a des conséquences funestes. Qu’il n’existe pas de « Zéro Émission » — un mensonge du greenwashing — car le simple fait d’être vivant nous rend déjà agents polluants. Que voyager n’est pas un impératif pour être heureux, que voyager détruit et pollue, que voyager altère les lieux et les coutumes, et que ce n’est ni la seule ni la meilleure manière de découvrir le monde. Que, peut-être, la meilleure façon de s’ouvrir à des cultures oubliées est de lire les essais de Margaret Mead ou ceux de Marvin Harris ; ou que pour contempler la beauté heureuse et la culture prolifique d’un groupe de chimpanzés, le chemin est d’ouvrir les écrits de Jordi Sabater Pi, illustrés avec grâce et précision ; ou que les plus grandes émotions nous attendent entre les pages des classiques de n’importe quelle culture --à notre portée dans une bibliothèque publique--. Beatus ille : austérité, patience et compassion constituent la seule voie sûre vers une conformité joyeuse, pacifique et humaine, si recherchée, si poursuivie à travers les méandres de ce qui peut être vendu et acheté, et qui ne conduit qu’à des états d’anxiété auto-entretenus.

Surtout si, dans nos voyages, nous continuons à suivre comme des troupeaux dociles les itinéraires et destinations dictés par les intérêts des grandes entreprises touristiques, qui n’agissent que par souci de rentabilité économique, sans considérer les biens et valeurs transcendantaux — intangibles et nécessaires — gravement mis en danger ici. Parmi d'autres valeurs, celle de la santé publique, de plus en plus menacée par la cupidité et de moins en moins protégée par les gouvernements.

Combien de choses pourraient se résoudre si nous étions capables d’être heureux sans même quitter notre propre chambre ! Avec une bonne compagnie humaine ou animale, littéraire ou musicale, ou simplement en savourant le silence ou la contemplation du miracle du déroulement de la vie depuis le promontoire de notre fenêtre.

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martes, 5 de mayo de 2026

Spain, Terrace of Europe

 

Plaza de La Romanilla (Granada), occupied by bar terraces

“How much water has to fall before we admit that it’s raining?”

That’s how El Niño de las Pinturas addresses us from a wall in Granada’s Realejo district.

So then, let’s see how much water. In the immediate surroundings of Granada Cathedral, four large hotels have opened in the last four years—adding to the many that were already there (and at least two more are planned or under construction); likewise, several buildings devoted exclusively to tourist apartments have been opened. We’re talking about more than a thousand new beds in this small urban area. One Sunday morning, as I passed through Plaza de las Pasiegas by the cathedral, I saw an elderly woman come out of her doorway and, as a large group of tourists went by, she exclaimed bluntly and bitterly, “We’re going to end up eating suitcases!” Now it’s my turn to ask, along with the Niño: how many new fast-food outlets and souvenir shops that displace traditional commerce will open in the wake of these new hotel beds? And how many new bars and restaurants with their corresponding terraces? How many people will stop buying or renting a home in the neighborhood due to rising prices caused by mass purchases by large investors drawn by the scent of real estate profit? They now call the effects of this renewed vandalism gentrification. After the pandemic, we were asked to show solidarity with bars. Fine—but not at any cost. Who shows solidarity with the elderly person whose final years have become a living hell because of the bar opened in the square where they live, or because that same square has turned into a multi-purpose venue for fairs, concerts, rallies, processions, and all kinds of events? Or with the mother who, every day as she leaves home with her baby, must weave her way through several hordes of louts stuffed into ridiculous penis costumes? For a long-suffering resident of our historic centers, the definition of silence is simply less noise.

El Niño mural in
Realejo (Granada)

 No, this cannot be happening. And yet—how it rains! But there are more questions: how many more terraces must be installed in Granada’s Plaza Bib-Rambla to turn it not just into an uninhabitable place for residents, but into something impassable and inhospitable for anyone who enjoys strolling through a beautiful historic setting—stopping to look, to talk, to watch children play, to hear its fountain or smell its linden trees in spring, or simply to read? It is a clear example of the occupation of a space that, by its very nature, is and must remain public. How many days of unbreathable air must citizens of a tourist city endure before their city council reins in the hotels, bars, and tourist apartments that attract a noisy legion of visitors—eager to consume—arriving by plane, bus, and other polluting vehicles? How many families and elderly people must be forced to leave their homes in historic neighborhoods before this new barbarian invasion ceases?

But let’s keep asking questions, with the Niño’s permission. Who is more patriotic: the one who denounces this deranged reality, or the one who takes advantage of it to cash in (whether in money or votes), unconcerned about the destruction of a modus vivendi and an environment that is precisely what attracted that inconsiderate tourism in the first place? The one who defends those non-monetizable values, or the one who surrenders to that liquid reality of money that only cares about immediate profit? Despite its much smaller population, Granada is already the third most polluted city in Spain, after Madrid and Barcelona. As for the coastline—the other major destination—Spain had 48 beaches with black flags this past summer due to waste generated by mass tourism. The Maro-Cerro Gordo natural area in Nerja received that grim distinction due to such an accumulation of sunscreen that it has become dangerous for both human health and marine biodiversity.

El Niño mural in
Realejo (Granada)

 But when we talk about pollution, we don’t just mean water contamination or air pollution, but also noise, spatial, visual, and even emotional pollution: streets with beautiful names like Silence, Solitude, or Study turned into stage sets filled with extras and props. We’re talking about an urban space that is dirty, overcrowded, hostile, monetized to exhaustion, transformed into a giant marketplace, subjected to the hell of sameness and unrecognizability for its inhabitants. And this applies to the cities already mentioned as well as Córdoba, Toledo, Valencia, Pamplona, Palma, Seville, and many others.

Obviously, tourism creates jobs and wealth, but we must reflect and decide what kind of city model we want. And here, everyone’s participation is crucial. Successive crises have clearly shown how vulnerable an economy is when it depends so heavily on tourism, as ours does—unable to diversify sources of employment and wealth, not only material or tangible but also intellectual, moral, and cultural.

Nowadays tourism is called an “industry” to wrap it in that aura of progress we usually attribute to industrious Germans. Whoever names things controls them. And so they try to dazzle those who have suffered unemployment and job insecurity for decades. But no, it is not an industry—least of all this kind of tourism of selfies, compulsive consumption, and theme-park logic. I was taught that tourism belongs to the tertiary sector: services. (“Learn more to serve better” is the motto of a semi-private school in Granada, incidentally.) We also face another serious demographic problem alongside that of rural Spain: historic centers are being emptied to fill them with partying and pollution of all kinds. The goal—perhaps shared by authorities here and in Brussels—is to turn Spain into Europe’s great terrace: a place of fun and bachelor parties for the young, and of health tourism and karaoke for older people from wealthy northern Europe. In the south, everyone a waiter, a guide, a cleaner, or a hospitality worker. Let those in the north think and produce; we’ll provide the entertainment in our exhausted cities and beaches.

But only regulated tourism, along with the promotion of more responsible tourism models, will be compatible with livable urban environments and a clean, protected environment. And these are essential values for a dignified and sustainable life over time. There is an urgent need to rationalize the massive flow of tourism at the municipal, regional, national, and European levels. Above all, it is about education, but also about establishing rules that have already been applied in various countries—for example, limiting the number of hotel beds based on population; or introducing a tourist tax so visitors contribute to the upkeep of the places they visit and the services they receive; or limiting by area the number of leisure and hospitality venues and terraces, as well as setting hours and noise thresholds that respect residents’ well-being—without forcing them to go to court just to have basic rights like rest recognized.

Sustainability, our health, the future of our young people, of our countryside and our cities, are largely at stake in this murky business of tourism. So yes—it is raining, and not exactly water.

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viernes, 1 de mayo de 2026

Infrahistory

Río Chico in the Alpujarra
(Sierra Nevada–Granada–Spain)

  Miguel de Unamuno spoke of intrahistory, the subterranean current of the “eternal tradition”. We are going to refer to that hidden course with the term infrahistory, with the old philosopher’s permission: the histories of every town and village, of every family, of every person, or even of every living being; for, humble as it may be, each existence unfolds in circumstances that can be narrated.

Every vital experience has its effects on other lives, near or far, and also on its surroundings, like the famous flutter of the fragile, hidden butterfly’s wings. These are lives whose temporal course runs concealed beneath the stage machinery of the macro-events of heroes and characters, which are always recounted, embellished, or falsified by the victors.

Today I walk along a narrow path that connects Cáñar with Soportújar, in the Alpujarras of Granada (Spain), traversing an Eden of distant horizons and rugged hills, virgin springs and aged irrigation channels. A harmonious blending of the efforts of successive generations, taming the natural environment with respect: their unpaved paths, their small clay-tiled houses facing south, their simple terraced gardens, and the centuries-old chestnut trees—“they are the only cathedrals I admire,” a Nietzschean shepherd from these parts once confessed to me—whose roots sink deep into the steep slopes to prevent erosion and provide leafy shade to the hands that planted them.

Two nightingales hold a prolonged conversation on this cool July morning, with the murmur of the Chico River as a basso continuo. They know no other place, desire no other life or paradise than this one they inhabit during the days of their brief existence, of their unknown infrahistory, which today intersected with mine.

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jueves, 9 de abril de 2026

San Miguel Alto, en Granada

San Miguel Alto-Granada

     Acudí al Centro de Menores de San Miguel Alto de Granada en varias ocasiones entre los años 2013 y 2017 como profesor para examinar a internos que pretendían obtener el título de Graduado en Educación Secundaria. Entre estos púberes encerrados, fracaso de una sociedad entera, emergían signos de esperanza: algunos de ellos dedicaban su tiempo de forzada privación de libertad a aprender. Ahí se veía como en pocos sitios los positivos efectos de una educación pública al servicio de los más marginados. Eran solo dos o tres cada curso. Zagalones con dieciséis o diecisiete años a los que yo tenía que dedicar un tiempo extra para explicarles el sentido de los enunciados de las pruebas de Ciencias Sociales. Algunos de esos adolescentes no recibían ni una sola visita o llamada telefónica de sus familiares a lo largo de todo el año, me confesaban quienes se dedicaban a su cuidado. Eran las primeras fechas del mes de junio y una sencilla piscina de plástico montada en el patio congregaba al resto de los internos. Mateo se llamaba uno de los infelices aspirantes. «Maestro, ¿qué es un plano urbano ortogonal? Y ¿qué quiere decir “historia del movimiento obrero”? Yo nunca he trabajado». Unos cursos examinaba en este Centro y otros lo hacía en la Cárcel Provincial. También allí había escuela y presos que querían estudiar. En una ocasión, me encontré en ella con un antiguo alumno. Yo no lo reconocí al pronto. Fue él quien se dirigió a mí. «¿Y qué te ha pasado para estar aquí?», le pregunté a ese joven en cuya mirada aún titilaba el brillo de mi discípulo adolescente.  

Entrar en uno y otro centro era una experiencia muy similar: había que atravesar varias puertas metálicas consecutivas que se iban cerrando a mis espaldas antes de acceder a la siguiente. Un guardia armado y provisto de un gran manojo de llaves, me acompañaba durante todo el recorrido jalonado por cámaras de seguridad, que desembocaba en un patio endurecido por el cemento y cegado por elevadas vallas de seguridad. Al salir al exterior y notar la brisa libre, perfumada por los pinares aledaños y por los jazmines y rosas de los patios de los cármenes, sentía piedad de esos casi niños que comenzaban su recorrido vital con tan mal pie.

Hoy leo en la prensa local que este Centro de menores, ubicado en una atalaya privilegiada desde la que contemplar el Albaicín o la Alhambra, va a ser vendido por la Junta de Andalucía. No se reconvertirá en colegio público, ni en centro de salud, tampoco será un espacio para uso del vecindario. Un hotel. Otro más, en una ciudad que ya sangra por las heridas de la masificación turística y la especulación criminal. Ese será su nuevo uso. El diario Ideal titula, pletórico de estulticia y servil majadería: «El proyecto de un hotel en San Miguel rompe 25 años de parálisis en el cerro.» La aludida "parálisis" dará paso al exterminio de este paraje alto y silencioso, pienso apesadumbrado. Y aclara para tranquilidad de muchos en esta Pascua florida: «En el Cerro de San Miguel conviven cuevas pintorescas con unos huecos en los que se han construido chabolas sin control y que suponen focos de inseguridad.»  “Cuevas pintorescas” denomina este insigne medio de información –apenas me atrevo a denominarlo con este digno y desacreditado término— a estas viviendas antiquísimas. Debe de ser esa la expresión que usen los guías para explicar a los visitantes un modo de vida tan ancestral como sabio por sostenible y poco invasivo. Y tan común en algunos barrios de Granada: el Barranco del abogado, el Albaicín, el Sacromonte. Y con “focos de inseguridad”, ¿se refiere, tal vez, Ideal a quienes habitan en un lugar con pésimos servicios por abandono de las autoridades o está pensando quien suscribe el artículo en el malestar que genera la visión de esas chabolas al despreocupado turista que se acerca al mirador? 

Por su parte, el diario digital Elindependientedegranada.es informa de que «La venta del Centro de Menores de San Miguel para convertirlo en hotel acentuará la turistificación, según alertan los vecinos.» ("¿Y quiénes demonios son los vecinos para opinar sobre qué hacer o dejar de hacer en un barrio?" --se preguntará, a su vez, alguien desde un confortable y bien amueblado despacho--). Y explica que este paraje estaba pendiente de una gran intervención: el Plan Especial del Cerro de San Miguel, aprobado por la Corporación hace escasos años. Su objetivo era «recuperar el entorno como gran espacio público para el ocio y disfrute de la ciudadanía». Aunque hayan pasado pocos años, parece que eran otros tiempos. Tiempos en los que, tal vez, era el vecino el primer destinatario de las iniciativas municipales. O, al menos, lo era nominalmente. Pero hoy, lo es el turista, y lo es con descaro, sin disimulos. La «industria turística», llaman a ese invento que justifica cualquier desmán. El turista, fuente de ingresos para hosteleros y grandes tenedores inmobiliarios --sector servicios, que no "industria", según me enseñaron en el cole--, no debe ser molestado ni tan siquiera pidiéndole que colabore con una mínima aportación a los servicios públicos que utiliza –y sufragan los vecinos—, a los gastos de limpieza de la suciedad que provocan o a los graves perjuicios que su presencia masiva implica. La imposibilidad de acceder a una vivienda para la inmensa mayoría de los ciudadanos o la saturación de los servicios de salud son sólo algunos de ellos.

La Junta justifica la venta del Centro de San Miguel Alto para sufragar parte de los elevadísimos costes que acarreará la Ciudad de la Justicia. ¿Y quién necesita una Ciudad de la Justicia?, pregunto yo ahora. Esta se ubicará en los dos enormes edificios que fueron propiedad de Caja Granada y se extenderá por un solar que iba a ser destinado a la construcción de un espacio musical para la ciudad. Más de 60 millones de euros ha pagado la Junta para este otro proyecto Pormisgüevista, tan defendido por los cargos públicos junteros y municipales como inútil para la ciudadanía, que, en mi modesta opinión, más que una megasede unificada con todos los juzgados, requiere una justicia ágil e independiente, lo que exige contratación de más jueces y funcionarios, y profundas modificaciones en el sistema de acceso a la judicatura y en los órganos de su gobernanza. La enajenación de un bien público se justifica con un inmenso derroche. Definitivamente, Granada necesita más escuelas públicas.

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Enlace a ambos medios: 

Elindependientedegranada

Diario Ideal


miércoles, 8 de abril de 2026

San Miguel Alto, in Granada (Spain)

San Miguel Alto-Granada (Spain) 

  I went to the San Miguel Alto Juvenile Center in Granada on several occasions between 2013 and 2017 as a teacher to examine residents who were trying to obtain the Secondary Education Certificate. Among these pubescent inmates—failures of an entire society—there were signs of hope: some of them devoted their time in forced confinement to learning. There, as in few other places, one could see the positive effects of a public education system serving the most marginalized. There were only two or three each year. Big lads of sixteen or seventeen to whom I had to devote extra time to explain the meaning of the questions in the Social Sciences exams. Some of those adolescents did not receive a single visit or phone call from their families throughout the entire year, as those responsible for their care confided in me.

It was early June, and a simple plastic pool set up in the yard gathered the rest of the inmates. Mateo was the name of one of the unfortunate candidates. “Teacher, what is an orthogonal urban plan? And what does ‘history of the labor movement’ mean? I’ve never worked.” Some years I examined students at this Center, and in others I did so at the Provincial Prison. There, too, there was a school and prisoners who wanted to study. On one occasion, I ran into a former student. I did not recognize him at first—it was he who approached me. “And what happened to you to end up here?” I asked that young man, in whose gaze the glimmer of my adolescent pupil still flickered.

Entering both institutions was a very similar experience: one had to pass through several successive metal doors that closed behind me before I could access the next. An armed guard, carrying a large bunch of keys, accompanied me throughout the route lined with security cameras, which led to a yard hardened by concrete and enclosed by high security fences. Upon stepping outside and feeling the free breeze, scented by the nearby pine groves and by the jasmine and roses in the courtyards of the cármenes, I felt pity for those almost-children who were beginning their lives on such poor footing.

Today I read in the local press that this juvenile center, located on a privileged lookout from which one can contemplate the Albaicín or the Alhambra, is going to be sold by the Andalusian regional government. It will not be converted into a public school or a health center, nor will it become a space for neighborhood use. A hotel. Yet another one, in a city already bleeding from the wounds of mass tourism and criminal speculation. That will be its new use. The newspaper Ideal headlines, brimming with foolishness and servile stupidity: “The project for a hotel in San Miguel breaks 25 years of paralysis on the hill.” The so-called “paralysis” will give way to the destruction of this high, silent place, I think sorrowfully. And it adds, for the reassurance of many in this blossoming Easter season: “On the Cerro de San Miguel, picturesque caves coexist with hollows in which uncontrolled shacks have been built, posing security risks.”

“Picturesque caves,” this distinguished news outlet—though I hardly dare call it by such a dignified and discredited term—uses to describe these very ancient dwellings. That must be the expression tour guides use to explain to visitors a way of life as ancestral as it is wise, for being sustainable and minimally invasive. And so common in some neighborhoods of Granada: Barranco del Abogado, the Albaicín, Sacromonte. And by “security risks,” is Ideal perhaps referring to those who live in a place with terrible services due to neglect by the authorities, or is the author of the article thinking of the discomfort caused to the carefree tourist by the sight of those shacks when approaching the viewpoint?

For its part, the digital newspaper El Independiente de Granada reports that “The sale of the San Miguel Juvenile Center to turn it into a hotel will intensify touristification, as neighbors warn.” (“And who the hell are the neighbors to have a say in what should or should not be done in a neighborhood?” someone might ask from a comfortable, well-furnished office.) It explains that this area was awaiting a major intervention: the Special Plan for the Cerro de San Miguel, approved by the municipal council just a few years ago. Its aim was “to recover the area as a large public space for the leisure and enjoyment of citizens.” Though only a few years have passed, they seem like different times. Times when, perhaps, the resident was the primary recipient of municipal initiatives—or at least nominally so. But today, it is the tourist, and brazenly so, without pretense.

They call it the “tourism industry,” that invention used to justify any excess. The tourist, a source of income for hospitality businesses and large property owners—the service sector, not “industry,” as I was taught in school—must not be disturbed, not even by asking for a minimal contribution to the public services they use (and which residents pay for), to the cleaning costs of the mess they generate, or to the serious harm their massive presence entails. The impossibility of accessing housing for the vast majority of citizens or the saturation of health services are just some of them.

The regional government justifies the sale of the San Miguel Alto Center as a way to cover part of the enormous costs that the City of Justice will entail. And who needs a City of Justice?, I ask now. It will be located in the two enormous buildings that once belonged to Caja Granada and will extend over a plot that was intended for the construction of a music venue for the city. More than 60 million euros has been paid by the regional government for this other whimsical project, as strongly defended by regional and municipal officials as it is useless for the public. In my modest opinion, rather than a mega unified headquarters for all the courts, what is needed is an efficient and independent justice system, which requires hiring more judges and civil servants, and profound changes in the system of access to the judiciary and in its governing bodies. The disposal of a public asset is justified by immense waste. Ultimately, Granada needs more public schools.

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viernes, 3 de abril de 2026

Otra Semana Santa

Una procesión en Córdoba ©Eldiario.es

       Una semana santa más con la ciudad convertida en un escenario permanente para que hermandades y cofradías exhiban sus dorados y abigarrados tronos portando imágenes de seres sufrientes, torturados, muertos. Encapuchados y mujeres de mantilla acompañan con sus cirios el fúnebre cortejo. Traicionando la necesaria neutralidad ideológica que la Constitución establece y un elemental respeto a la diversidad exige, las autoridades civiles y militares se aprestan a ocupar un lugar destacado en estas vistosas y teatrales comitivas, luciendo también ellos sus galas para ganarse la simpatía de los muchos espectadores, foráneos y lugareños, que observan boquiabiertos desde las aceras. 
        Calles intransitables, calzadas pringadas de cera, orina y vómitos de quienes, tras el edificante espectáculo de masas, acuden sin sonrojo a olvidar su luto embriagándose en los muchos templos de Baco, que conjugan en estos días penitencia y carnaval. Al encender la televisión, más procesiones, oficios religiosos, películas y documentales ensalzando la figura del Cristo, un profeta que proclamó que no hay fronteras porque todos somos hijos de un mismo padre, que hay que compadecerse del hermano pobre y del que viene de lejos, que no hay que adorar imágenes porque a dios se le reza en espíritu y verdad, que hay que buscar la justicia y no la codicia porque no se puede servir a dos señores, que debemos envainar nuestras espadas y poner la otra mejilla, y que un rico no puede entrar en el cielo, porque este está reservado para los débiles, los enfermos, los perseguidos, los empobrecidos, los pacíficos. 

       Pero, tanscurridos estos siete días, todos vuelven a sus quehaceres sumidos en una profunda amnesia. Y, así, el rico torna a adorar el dinero; las autoridades religiosas, a sus brazos en cruz, a sus hábitos dorados y a sus palabras vacías; el político, a sus demagogias, a sus fuertes y fronteras, a sus guerras. Y la mayoría a sus trabajos y sus días, asistiendo boquiabiertos, inanes, a los indecentes fastos de los poderosos. 

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sábado, 21 de marzo de 2026

Hermosa gacela agazapada

 

El País, 21 de marzo 2026

   Hoy, en mi paseo por la Dehesa del Generalife, en esta hermosa mañana del equinoccio primaveral, cuando la Tierra, en su anual viaje astral en torno al Sol, alcanza ese milagro de la duración idéntica del día y la noche, se han topado mis pasos con dos hermosos rebaños. ¡Otro milagro! Uno de ocres, orondas y felices ovejas lojeñas de mirada paciente, que, acompañadas por el pastor y su corpulento y patoso san bernardo, pacen las tiernas briznas de la abundante hierba, prodigio aquí de diversidad, que han nacido al amor de las lluvias de este atípico y borrascoso invierno. El otro, igual de hermoso en este pletórico paisaje natural, pero más variopinto, lo forma un nutrido grupo de chicas adolescentes, con rasgos orientales algunas de ellas. Felices y saltarinas, guiadas por sus abnegadas maestras, me saludan sonrientes al cruzarse en mi camino. ¡Anuncian la primavera, el regreso de Proserpina tras su cruel secuestro invernal!

Qué bellos animales, qué bucólico paisaje, qué limpia armonía. Y qué lejos parecen quedar desde este aquí y ahora las maldades humanas.

Al descender a la urbe, doy con una nueva consonancia, esta más conspicua, más inmunda y banal. La descubro en la prensa de hoy: Abascal visita a Netanyahu, quien afirma considerar a este ejemplar de macho ibérico y a sus aliados europeos como "compañeros de armas". (Un nazi y un judío departiendo amistosamente. ¡Cuánto hemos avanzado!, pienso para mis oscuros adentros).

Qué distinto ese bendito rincón del mundo, allí entre los fértiles olivos, a los grises campos de batalla en Europa, en Oriente Próximo, en África arrasados por la codicia de corazones sin piedad. Aunque los tentáculos de esas guerras, sean próximas o lejanas, comienzan y terminan justo aquí al lado: anoche en el centro histórico de Granada, plaza de Martínez Contreras, una anciana se cobijaba de la fina lluvia bajo el alero de un tejado acurrucada sobre un viejo colchón. Junto a ella, un joven yacía en otro abrazado a un guiñapo de sucias mantas. Una desvencijada silla de ruedas aguardaba silenciosa a que acabe la noche. Al pasar yo, la anciana me saludó con un tímido "buenas noches", al tiempo que bajaba su lóbrega mirada hacia sus manos inertes. Atolondrado me sigo preguntado qué hacer.

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sábado, 14 de marzo de 2026

Glosas zambranianas

    Tienen larga tradición los glosadores en España. Así, las glosas emilianenses, de finales del siglo X o principios del XI, cuya autoría se atribuye a un monje del monasterio de Suso de San Millán de la Cogolla (La Rioja). Son anotaciones hechas en los márgenes de las páginas del Codex Aemilianensis 60 (de “Aemilianus”, “Millán” y “Emiliano”), que contiene textos de carácter litúrgico. Escritas en tres lenguas, latín, euskera y navarroaragonés, constituyen el primer registro gráfico de una lengua romance. Su finalidad era didáctica, dado que el latín, que seguía siendo lengua culta, había sido sustituido por las romances como lenguas vernáculas, las que usaba el pueblo. Servían, pues, para iluminar el oscuro significado del texto latino, aclarando a los estudiantes el sentido de algunas expresiones.

Debo confesar que, en mis lecturas, yo también soy proclive a hacer anotaciones marginales --en mis libros, se entiende-- y que no puedo evitar la maestril costumbre de corregir con lápiz las erratas con las que me voy tropezando. ¡Gran misterio este de los errores tipográficos que se ocultan a la vista de un lector, por minucioso que pretenda ser en su lectura, mientras que otro los detecta de manera inmediata, al primer golpe de vista!  

He aquí dos páginas vandalizadas del
Vol. VI de las Obras Completas
     Hace algún tiempo, comencé a leer las Obras Completas de María Zambrano, editadas por Galaxia Gutenberg bajo la dirección de Jesús Moreno Sanz. Un trabajo realizado con enorme esmero y profesionalidad. Enseguida me topé con el rastro de un petulante lector o lectora que, en un principio, me pareció minucioso, luego quisquilloso y, por último, irritante. Utilizando una plumilla de tinta negra y punta fina, el susodicho se había dedicado a marcar no ya las escasas erratas del texto, sino a modificarlo a su antojo, suprimiendo aquí un artículo, cambiando allí un adjetivo por otro o trasmutando más allá un tiempo verbal. Y se había tomado la tarea, tan titánica como fútil y perniciosa, de hacerlo en buena parte de los cuatro voluminosos tomos que atesora la Biblioteca Pública de Granada de esas obras. Como cabía esperar, hallé contraglosas de lectores indignados que me habían precedido en el funesto hallazgo: "Pero, ¿quién eres tú para corregir a María Zambrano?", preguntaba con santa ira un damnificado. A diferencia del pío amanuense riojano, este glosista parecía ser más bien un golfo. Las suyas no estaban motivadas por un afán pedagógico ni subsanador, sino por puro narcisismo.

Enfurecido y decidido a proseguir mis lecturas zambranianas, me propuse, al mismo tiempo, indagar en el rastro que había dejado con tozuda regularidad (siempre el mismo trazo negro) el inquisidor que osaba manchar los escritos de la filósofa, ocasionando un severo daño, que bien puede calificarse como atentado a un patrimonio público.

Dibujo hallado entre las hojas
del volumen I de las Obras Completas
de María Zambrano en la
Biblioteca Pública Provincial 
de Granada

 Así fui avanzando y soportando mal que bien aquella hermosa tipografía emborronada, página a página, volumen a volumen, hasta que en una de mis apacibles mañanas en la sala de lectura, mi detectivesca búsqueda encontró su recompensa: entre las hojas del volumen I, apareció una octavilla conteniendo el dibujo de un rostro humano ejecutado con cierta pericia (véase la imagen adjunta y dígase si tengo o no razón). He ahí la huella olvidada, me dije. Y, llevado por la habilidad grafológica que distingue a cualquier docente con décadas a sus espaldas corrigiendo manuscritos de sus alumnos, supe sin ninguna duda que el dibujante era el perpetrador de las infames glosas.

Ya tenía dos rasgos posibles para imaginar a quien perturbaba mis lecturas (¡y vaya usted a saber si no el descanso de María!): tal vez era filósofo de formación y, de seguro, sabía dibujar. ¿Se trataría de un autorretrato?, me preguntaba.

En el dorso de la octavilla, me pareció adivinar los rastros de un texto impreso que no llegaba a distinguir con suficiente nitidez. Lo guardé y esperé a estar en casa para examinarlo con mejor luz y la ayuda de un cristal de aumento. ¡Se trataba de un recibo de préstamo del ejemplar, donde se intuía el nombre del lector, autor del retrato y, por tanto, perpetrador de las glosas! L.V. C. son sus iniciales. Debo mantener aquí el anonimato de la que resultó ser inquisidora por no exponerla al escarnio público. Sus apellidos no eran excesivamente comunes, por lo que los introduje en el buscador con la esperanza de que no fueran muchas quienes a ese nombre respondieran. Solo una. Ahí estaba ella, licenciada en filosofía y artista de mediana edad con obra expuesta. No podía ser otra. Ya tenía nombre y rostro. Me dispuse entonces a contactarla (¿asumiría su culpa?, me preguntaba). No tuve éxito. Ahora, trasladaré los resultados de mis pesquisas a los responsables de la biblioteca con la esperanza de que les basten mis pruebas para amonestar a tan insólita como osada lectora… También espero que L. lea estas líneas y recapacite con contrita humildad sobre sus hábitos lectores cuando se trata de libros compartidos. 

Seguiré informando.

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sábado, 21 de febrero de 2026

María Zambrano frente a la derecha extrema española de 1936

Diario Regional
Valladolid, domingo, 19 de julio de 1936
Traigo aquí unas palabras de María Zambrano, escritas en los primeros envites de la guerra de España. Para nuestra desgracia, tienen una tremenda e inquietante actualidad. Porque, aunque las vías de contagio del virus de la intolerancia varían con el tiempo (antes, solo la prensa y la transmisión oral, la vox populi; ahora, se han sumado la televisión y, sobre todo, las redes sociales y la IA), las causas de la enfermedad (desigualdad social, injusticia e ignorancia) y sus síntomas (fanatismo, odio, violencia y tergiversación de los hechos) permanecen idénticos. ¡Nihil novum sub sole!

La derecha extrema, las “fuerzas vivas”, disponen hoy, tal vez, de más dinero, poder político y medios técnicos que nunca para extender su turbia red de odio, que envenena las vidas, las mentes, y que vende el espejismo de una esperanza fútil a los desheredados, a los desesperados, a quienes son sus propias víctimas. Son medios más diversos, atractivos, pregnantes; pero la situación política actual guarda una similitud extraordinaria, estremecedora, con la que vivieron Europa y España tras la crisis de los años veinte. Tanto, que bien podrían pasar las palabras de María por una crónica de hechos actuales.

Las líneas que siguen aparecieron publicadas bajo el título Los intelectuales en el drama de España en el año 1937, en la editorial Panorama de Santiago de Chile, adonde la filósofa se encontraba con su marido, Alfonso Rodríguez Aldave, agregado cultural en la embajada española en esa ciudad desde octubre de 1936. En junio de 1937, regresan ambos a la patria, impelidos por la necesidad de luchar en suelo español en defensa de las libertades amenazadas por el golpe de estado del general Franco, que echaba por tierra las esperanzas que habían encarnado los miembros de la Edad de Plata y la República.

«¿Cómo creer que el fascismo, nacido de la impotencia del idealismo europeo para superarse, de la enemistad europea con la vida, de su adolescencia marchita y estancada, fuese a prender entre nosotros, los españoles? (…) Los oficialmente españoles, los que habían establecido el estanco del patriotismo y poseían título oficial de defensor de la patria (…) De ellos descienden los que hoy, al grito de “¡Arriba España!”, la entregaron a ejércitos del fascismo hambriento que quiere la riqueza de nuestro sol y de nuestras minas. Entonces no llegaron a tanto, pero malversaban los fondos en Cuba y en Filipinas, huían a Marruecos y desconocían cada vez más a su pueblo (…) Los otros, los españoles herejes, los que gemían y gritaban por España, los que la iban buscando por montes y valles, por ciudades y libros, vivían en plena rebeldía, mirados con terrible hostilidad por las clases oficiales, por las llamadas “fuerzas vivas” (…) La horrible represión de Asturias muestra de cuánto eran capaces los “concesionarios” de la patria. Inmediatamente, los antiguos tópicos se endurecieron más aún y los periódicos de la derecha y católicos se artillaron y comenzaron a disparar sus proyectiles cada vez más acerados (…) Se elaboró la teoría de la patria y de la antipatria, de la España y la anti-España (…) Algo así, tan sagrado como España, lo justifica todo: la terrible prensa, el odio y desprecio de las clases conservadoras hacia el intelectual…Todo.»

Y cita María las reflexiones de Juan de Mairena, el filósofo castizo, heterónimo del gran Antonio Machado --mañana se cumplen 87 años de su muerte en Colliure, lejos del hogar--:

«La patria es en España un sentimiento esencialmente popular del cual suelen jactarse los señoritos. En los trances más duros, los señoritos la invocan y la venden, el pueblo la compra con su sangre y no la mienta siquiera.»

Junto a la María Zambrano mística, hierática y contemplativa, hay otra muy combativa por una España libre, igualitaria y culta

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