domingo, 21 de junio de 2026

Las filósofas del sentido

María Zambrano con su inseparable boquilla de fumar, 
recién retornada del exilio
en su casa de Madrid en 1984
©Raúl Cancio -El País-

 En la Europa del siglo XIX, se dio la confluencia de las obras de tres gigantes de la filosofía:  F. Nietszsche, K. Marx y S. Freud. La filosofía hecha hasta ese momento había sido asesina de la vida, encubridora de los intereses del capital y castradora del instinto bajo una supuesta racionalidad sin sombra, nos venían a decir. 
   Asistíamos entonces al surgimiento de los modernos Estados nación y a la lucha del liberalismo por perfilar los principios de las nuevas democracias. Han pasado a la historia como los filósofos de la sospecha, dado que sus respectivas obras denuncian las trampas políticas, religiosas y metafísicas que habían atenazado al ser humano en los más de veinte siglos que nos separaban desde la luminosidad del pensamiento de la Grecia clásica, descubridora del humanismo, de la libertad individual, de la crítica racional, de la ética laica y de la democracia. Nietzsche, Marx y Freud, cada uno a su manera, extendieron sus sospechas a las ideologías imperantes. Buscaban las claves de una emancipación de la persona frente a las amenazas agazapadas en el interior del propio ser humano, en su entorno sociopolítico y también en el ámbito de lo suprahumano. Otra cosa fueron las consecuencias de las transformaciones revolucionarias que esas filosofías de la sospecha propiciaron. 

  Pero pocos años después, las esperanzas, muchas de ellas expresadas en forma de utopías intrahistóricas --en sus dos versiones: nacionalista e internacionalista-- o suprahistóricas --escatología religiosa--, se vendrían abajo estrepitosamente. Europa se adentraba en tres largas décadas de oscuridad y de violencia sin precedentes, que darían comienzo con el estallido de la primera Guerra Mundial y finalizarían con la derrota de las ansias imperialistas y exterminadoras de Alemania y Japón --reemplazadas por las de EEUU y la URSS--, conociendo entre medias la Revolución comunista rusa --y, posteriormente, la china de Mao--, con sus funestos resultados en lo que a la libertad individual se refiere. 

     Surgió entonces la necesidad de una nueva forma de pensamiento que vamos a denominar Filosofía del sentido, que encontró su mejor expresión en las obras de Albert Camus (1913-1960 --Premio Nobel en 1957--) y María Zambrano (1904-1991 --Premio Cervantes en 1988--). Antonio Machado (1875-1939), Simone Weil (1909-1943) y Hannah Arendt (1906-1975) también están en esta misma órbita de la nueva metafísica del sentido. Sus obras buscan humanizar la razón y dirigir los esfuerzos de la filosofía en ofrecer al ser humano propuestas de sentido desde una razón abierta a las dimensiones más intuitivas y emocionales de nuestra mente, adelantándose a las teorías norteamericanas de las inteligencias múltiples --Howard Gardner, 1983--: la "pensée de midi" y la "razón poética" simbolizan sus respectivas filosofías. Ofrecer a la persona un lugar en el mundo más allá de las tradicionales ideologías: construir una sociedad donde los derechos de cada ser humano estén por encima de las fronteras y las fobias; el límite de lo relativo frente a la mitologización de las utopías; la preservación y el cuidado de la vida en sus múltiples manifestaciones frente al afán de dominio heteropatriarcal; la fraternidad universal y los principios morales derivados de la dignidad de cada sujeto frente a la razón de Estado; la vida interior frente a las religiones de los ritos y los signos; el arte como fuente de sentido y de felicidad. Son algunas de sus propuestas filosóficas. 

    Hoy asistimos, otra vez, a un panorama de desilusión, de desesperanza, tras los atisbos de un nuevo humanismo que supusieron la creación de la ONU y la proclamación de los derechos humanos o el fin de la guerra fría. Vuelven por sus fueros las ansias imperialistas, los nacionalismos violentos y excluyentes, las ideologías supremacistas. Todo ello bajo la amenaza de una crisis medioambiental sin precedentes y la mezcla de revolución tecnológica y de amenaza existencial que supone la IA. Se hacen de nuevo imprescindibles las propuestas de las filósofas del sentido. Sus representantes hoy siguen siendo mayoritariamente mujeres: Nancy FraserJudith Butler, Martha Nussbaum, o pensadoras españolas como Victoria Camps y Amelia Valcárcel. 

(Leer más sobre María Zambrano AQUÍ

www.filosofiaylaicismo.blogspot.com


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