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| Aula de un Instituto de Granada |
La obsesión por los datos cuantificables tiene que ver con lo que hemos denominado en otro lugar examencitis y con la intromisión de valores economicistas y empresariales en el ámbito de la educación. Esto es especialmente grave en primaria y secundaria, donde deberían prevalecer los criterios educativos (formación humanística y científica para ciudadanos libres, críticos, autónomos) y socio-culturales (ofrecer oportunidades a todos, ser una vía de ascenso social para los grupos más desfavorecidos, constituir sociedades democráticas con mayor participación ciudadana).
¿Quién y cómo medir el grado de felicidad y bienestar que aporta la escuela o la apertura de oportunidades que ofrece a su alumnado un colegio de primaria ubicado en un barrio empobrecido de una ciudad o en un espacio rural deprimido? Creo que no existe una manera fácil ni cuantitativa de medir estos valores tan importantes. La educación reglada nos enseña a hacer cosas, a ser útiles, pero también a pensar, a vivir, a convivir, a comprender y amar, a mirar.
Me suelo acordar del discurso de un director de secundaria en la ceremonia oficial de
clausura de un curso académico. En sus
palabras felicitaba a quienes habían logrado los mejores expedientes
académicos, a los que regalaba un diploma e imponía una insignia. Después del
acto, una compañera tutora se reunió con sus alumnos y sus familias, y les dijo
que ella quería felicitar, más bien, a aquellos que, sin obtener unos resultados brillantes,
habían sido capaces de superar los muchos obstáculos de la travesía del curso,
a pesar de enfrentar enormes dificultades personales o familiares que ella parecía conocer bien.
Aunque el informe de la OCDE –referido a datos de los años 2023 y 2024— aporta resultados que invitan a cierto optimismo –se aprecia,
por ejemplo, una leve mejora en inversión económica, ratio o promoción académica en los cuatro niveles analizados (primaria, secundaria obligatoria,
secundaria postobligatoria y educación terciaria)—, esto no nos hace perder de vista
los graves y persistentes problemas que arrastra nuestro sistema educativo
público. Entre ellos queremos destacar los siguientes:
-Deficiente inversión por alumno.
-Exceso de ratio de alumnado por aula y grave déficit en profesorado de
apoyo, especialmente en infantil, primaria y etapa obligatoria de educación
secundaria. Hay también grave carencia de personal sanitario: médicos,
enfermeros y psicólogos-orientadores adscritos a los centros.
-Exceso de tareas burocráticas.
-Desequilibrios curriculares, como la escasa presencia de las lenguas
clásicas, o la ausencia de una formación básica en lenguas vernáculas fuera de los
territorios que las hablan.
-Falta de personal cualificado para la atención de las bibliotecas
escolares.
-Persistencia de la subvención de colegios privados con sesgo ideológico en
forma de conciertos educativos, aun en aquellos lugares donde la presencia de
colegios públicos es suficiente para cubrir la demanda. Estas subvenciones o conciertos se están
extendiendo incluso a las etapas no obligatorias, como el bachillerato.
-Deficiencia de las becas y ayudas al estudio.
-Presencia de contenidos ideológico-doctrinales (religión musulmana,
evangélica, judía y católica) en el currículo oficial, con carácter evaluable y en
pie de igualdad a las enseñanzas humanistas y científicas; y con el abono de los salarios del personal
encargado de impartir dichos contenidos con los fondos públicos procedentes de los impuestos que pagamos todos. Ese personal adoctrinador es
elegido a voluntad por parte de las autoridades religiosas.
-Falta de comedores en muchos centros.
-Deficiente climatización en las aulas, problema cada vez más acuciante que podría resolverse con medidas eficaces, asequibles y sostenibles –no necesariamente con la compra de equipos de refrigeración—, como son la instalación de toldos, la reducción del cemento en favor de más árboles y tierra en los patios, o la colocación de macetas y ventiladores en el interior.
Pero, volviendo a los datos objetivos y mensurables, la OCDE presenta todos los años una extensa recopilación de estadísticas e indicadores sobre los sistemas educativos de sus estados miembros, que incluyen 38 de los países más desarrollados del mundo, además de otros países asociados. Su último informe, “Education at a Glance. OECD Indicators” (Panorama de la Educación. Indicadores de la OCDE), publicado el 9 de septiembre de 2025, permite analizar la evolución de los diferentes sistemas educativos, su financiación y el impacto de la formación en el mercado de trabajo y en la economía. Utilizando como referencia la publicación internacional, en España se elabora el informe Panorama de la Educación 2025: Indicadores de la OCDE. Informe español, que presenta los datos de los indicadores más relevantes para España en comparación con la media de los países de la OCDE y de los 25 países de la Unión Europea que forman parte de esta organización o están en proceso de adhesión. Contiene datos del año 2024 para los indicadores relacionados con el mercado laboral, del año 2023 para salarios y retribuciones, y del año 2022 para la financiación educativa.
Entre las muchas cifras y gráficos que contiene, destacamos los 22 resultados siguientes:
1.La tasa de escolarización en educación infantil en España crece 14 puntos porcentuales desde 2013, hasta llegar a 46 %, igualando a Japón y solo superada por Suecia y Noruega, con tasas del 49 y del 61%, respectivamente... PARA CONTINUAR LEYENDO EN "PANORAMA DE LA EDUCACIÓN EN ESPAÑA II (INFORME DE LA OCDE 2025): RESULTADOS" PULSE AQUÍ
Leer el Informe completo "Panorama de la Educación en España" (2013) AQUÍ
www.filosofiaylaicismo.blogspot.com

Querido Ángel, cómo te agradezco este desglose en tres actos acerca del estado de la Educación en España. Te aseguro que en el curso que viene, si el sistema aún no ha quebrado y a mí todavía no me han mandado a freír espárragos, lo usaré en algunas de mis clases. Puedes estar seguro, porque hay ahí mucha tela que cortar, y muchas conciencias que agitar.
ResponderEliminarDos cosas: los meros datos de la OCDE, una institución eminentemente económica (?), que son interesantes y que hay que aprehender; y tus opiniones, de mucha más valía. Ambas cosas, juntas, pueden mejor servir.
En la primera pregunta que te haces hay mucha enjundia: "¿Quién y cómo medir el grado de felicidad y bienestar que aporta la escuela o la apertura de oportunidades que ofrece a su alumnado un colegio de primaria ubicado en un barrio empobrecido de una ciudad o en un espacio rural deprimido?" ¡Ay, si yo pudiera, mínimamente, responder! Una cosa sí te digo: A veces, muy pocas (conoces la experiencia), estando con los chicos y chicas, tengo un pequeño temblor en mi cuerpo, desde los pies a la cabeza. En ese momento, me digo: "Aquí ha pasado algo". Ahí quiero yo a los cuantitativistas de la OCDE y a los de nuestra Junta de Andalucía, tomando notas, sacando conclusiones sobre: ¿Por qué ocurre esto tan pocas veces?
Hablas de graves y persistentes problemas, y nombras diez. ¿Qué decir?, todos importantes y, en su mayor parte, desatendidos. Por nombrar uno, la presencia de contenidos ideológico-doctrinales..., ¿cómo es posible?, 90 años después de la 'España partida en dos' (Julián Casanova dixit).
Ángel, gracias, gracias. Sigo con las otras entregas.
Sí, ese temblor de la maravilla de la comunión del que enseña y el que aprende es impagable y no aparece en ninguna estadística. Cuánto me alegra que mi texto pueda resultarte útil en alguna de tus clases. Gracias, José Ramón, por tu generoso comentario.
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