Con la venia de Alfredo Ybarra, nuestro ilustre poeta, escribo hoy sobre andujanía.
Y comienzo con una pregunta: ¿Vive Andújar tan inmóvil, tan anquilosada, tan ensimismada en su andujanía como sostienen algunos? Francamente, yo no lo creo así. Y, aunque coincidiera en la constatación de ciertos síntomas preocupantes, seguramente me alejaría en la identificación de sus causas.
Algunos discursos versan acerca de la supuesta idiosincrasia de un pueblo a la que se atribuyen determinadas virtudes y defectos. Son herederos de los teóricos del espíritu del pueblo y de la identidad nacional (aplicados ahora a la patria chica más que al Estado nación) del idealismo alemán del siglo XIX --en particular, de Hegel y de W. Humboldt--. Estos planteamientos contaron con fervientes defensores en la España finisecular y de la primera mitad del siglo veinte con historiadores y filósofos como Menéndez Pelayo, Ángel Ganivet, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset o su discípula María Zambrano, entre otros. Siempre he considerado esos conceptos como meros constructos teóricos con muy poca base en la realidad social, tan variopinta como viva y cambiante en función de las circunstancias sociales, políticas y económicas de cada tiempo. No obstante, fueron utilizados para alcanzar prolijas conclusiones acerca de los rasgos del carácter propio de sus habitantes o, incluso de su ser esencial: el español sería estoico-senequista, mas también envidioso, frente al carácter alemán tan laborioso e innovador como apto para el pensamiento abstracto, o el inglés, flemático, pragmático y elegante. Pero, en mi opinión, hablar de la esencia del ser español es una pura quimera, pues un malagueño tiene mucho más en común con un napolitano o un ateniense que con un euskaldún, dada la enorme distancia que separa sus lenguas y costumbres respectivas.
¿Es el carácter andujareño --en caso de existir algo real que responda a esta designación-- proclive a la parálisis resignada o al conformismo ramplón?
El hecho de haber sido Andújar el escenario donde se constituyó la Junta Central de las Andalucías en 1835 --primera expresión histórica del movimiento andalucista, recién concluida la década ominosa del felónico Borbón-- por parte de los liberales frente al reaccionario partido carlista, indicaría más bien todo lo contrario.
Mas, volvamos al presente. En los pasados meses, ha tenido lugar una importante movilización ciudadana para exigir una dotación suficiente de personal sanitario y de recursos para el hospital público comarcal de Andújar. También la ha habido más recientemente contra la construcción de una enorme planta de producción de biometano. Ambas iniciativas populares dicen mucho del buen tono vital de los andujareños. Asimismo, la existencia de asociaciones como Aprompsi, Volver a Vivir, Asociación Montilla Bono, Mensajeros de la Paz, Ameco, Anduxar o Amigos del patrimonio, habla de una sociedad capaz de organizarse para defender valores que considera importantes y amenazados, y pone de manifiesto que en Andújar no todo es romería y Semana Santa, sino que hay vida ciudadana más allá de eso.
Tal vez sean los representantes de las fuerzas vivas en la ciudad (con las autoridades municipales a la cabeza) quienes más contribuyen a ese estancamiento en el pasado, a ese estrechamiento del horizonte o a esa actitud tan inútil como intrascendente de lamerse llagas sin acometer con decisión determinados proyectos sociales, culturales y económicos, que, esos sí, permanecen anquilosados en el tiempo. Así, la tan cacareada como frustrada Área logística junto a la autovía de Madrid --resuelta finalmente en favor de la vecina Bailén-- o el descuido de industrias vinculadas a la artesanía (en especial, la cerámica y la cera de abejas, mas también la industria jabonera), al sector textil --con fuerte presencia en la zona tiempo atrás-- o al alimentario (ni una sola conservera, por ejemplo), tan importante en Andújar con su fértil vega, sus extensos olivares, su tradición apícola y su potente actividad cinegética y ganadera.
Pero también podemos y, tal vez, debemos hablar de deporte y de cultura, cada vez más reducidos a eventos puntuales de relumbrón, que son flor de un día. Lejos quedan los años de más actividad de la Casa de la Cultura con su ejemplar Universidad Popular. Inexplicablemente, se ha dejando atrás un importante encuentro deportivo, un clásico, el Memorial Francisco Ramón Higueras, que había alcanzado 26 ediciones y al que asistían atletas de primer nivel. También se han cerrando museos --como el de Antonio Orea y el del lince ibérico--, y Centros de interpretación: es el caso del de la miel y el de nuestro Parque Natural, que, tras inaugurarse con mil anuncios y alharacas, no cuentan ya con un horario de apertura regular al público. Y, junto a todo esto, la infrautilización o el completo abandono de extensas fincas de propiedad municipal, como Zumacares, cuyas amplias instalaciones, hoy en desuso, bien podían convertirse con poca inversión en un excepcional recurso para la educación ambiental de los escolares de la comarca. Estas y otras circunstancias similares dicen mucho de la falta de iniciativa y de voluntad por parte de los munícipes, que no de los ciudadanos.
Creo que la romería del cerro del Cabezo es, para Andújar, un tendón de Aquiles. Pues ese recio ligamento sirvió de asidero a la diosa Tetis para dar el baño de inmortalidad al héroe, pero, al mismo tiempo, le dejó un punto débil por el que le sobrevendría la desgracia. Así es la romería, que, si bien constituye una importante manifestación religiosa que hace célebre a la ciudad, por otra parte, al concentrar tantas inversiones y esfuerzos de las autoridades, las instituciones y buena parte de la ciudadanía, las deja inanes, sin ánimos, sin fuerzas o sin recursos para abordar otros proyectos que, en ciudades semejantes a la nuestra, sí que encuentran adecuado cauce: el Festival Internacional de Música y Danza Ciudad de Úbeda y el Festival de Música Antigua de Úbeda y Baeza (FeMAUB) --ya en sus ediciones 28ª y 20ª, respectivamente--; el 30° Festival Blues de Cazorla; o Alcalá la Real y su 29ª edición de Etnosur. Son iniciativas culturales con resultados excelentes, que, con un trabajo serio y sostenido durante años, han aupado a esas localidades a un lugar destacado en la cultura nacional.
Por otra parte, los desarrollos industriales de las últimas décadas en otros municipios jiennenses como Martos o Alcaudete --con menos población y peores vías de comunicación que Andújar--, también ponen en evidencia ese anquilosamiento político, que no metafísico, ni tan siquiera ciudadano o social, que lastra el desarrollo de Andújar y que debe ser denunciado.
Mientras esto sucede, otras celebraciones religiosas como las fiestas de San Eufrasio o la Semana Santa --sacrosanto reclamo turístico--, con la proliferación de hermandades y cofradías, han conocido un desarrollo exponencial amparadas y apoyadas por esas mismas autoridades que, sin embargo, prestan escasa atención a esos otros asuntos que venimos señalando, menos festivos, menos vistosos y que, al mismo tiempo, suelen exigir audacia y planificación a largo plazo. Y cuyos resultados no se ven de inmediato.
El Ayuntamiento de Andújar acaba de invertir decenas de miles de euros en un monumento elaborado a partir de las letras que componen el nombre de la ciudad, obra del excelente artista local Manolo López. El coste de este gran conjunto escultórico no ha sido detallado de forma pública por el consistorio. Se ha instalado en una rotonda de entrada --junto a la cual ya existen otras dos esculturas, una dedicada al lince ibérico y la otra, de grandes dimensiones, a la caza mayor--. ¿Era necesario o, más bien, resulta siquiera lícito, realizar ese esfuerzo inversor cuando los colegios públicos de esta localidad, que cada año bate récords de máximas térmicas, no disponen aún de sistemas de climatización adecuados? Este simple hecho, que no ha suscitado demasiadas críticas, dice mucho de las prioridades --y hasta del atolondramiento mental-- de quienes gobiernan ahora la ciudad e incluso de quienes habiéndola gobernado años atrás están ahora en la oposición.
No es un problema, pues, de ensimismamientos, de idiosincrasias o de maneras de ser, sino más bien de mala gestión política y de poderosas voluntades aferradas a lo de siempre para que nada cambie.
(Más sobre Andújar aquí: Andújar en mi recuerdo)
www.filosofiaylaicismo.blogspot.com
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