Hoy, 26 de mayo de 2020, se cumplen 189 años
de la vil ejecución de Mariana Pineda a garrote con 26
años. Corría en España la Década Ominosa, como se
conocen las tropelías cometidas en sus diez últimos años de
reinado por Fernando VII, el Rey
Felón, el Borbón que traicionó su promesa de lealtad a la
Constitución liberal de 1812 para perseguir sin descanso a los
liberales españoles con el decidido apoyo de los poderes fácticos, tan activos en la España de hoy como en la de entonces. Con Mariana, cayeron víctimas del yugo absolutista Torrijos, Espoz y Mina o Riego. Los
medios locales no mencionan hoy la efemérides y el cadáver de la
joven luchadora, que esperó su temprana muerte presa en el Convento de
las Arrecogidas, sigue encerrado en los oscuros sótanos de la
Catedral de Granada, inaccesible para quienes quisiéramos rendir
homenaje a sus nobles restos. Cada curso, visito con mis alumnos su casa museo en la
Calle Águila, utilizando para ellos el material didáctico
que pueden encontrar en este mismo blog (Filosofía en Secundaria). Desde aquí, pedimos que el 26 de Mayo sea declarado
festividad local (en sustitución del dos de enero, Día de la Toma
de la ciudad), y que sus restos sean trasladados al cementerio
municipal donde puedan ser honrados y visitados.
martes, 26 de mayo de 2020
lunes, 30 de marzo de 2020
Primavera
Mirando por la ventana esta calle desierta, esta ciudad paralizada y silenciosa, quién diría que es la mañana de un lunes de marzo. Dieciséis días ya de encierro colectivo. Todo un país, un continente, el mundo entero confinado en casa, en arresto domiciliario. Las ciudades silenciosas están tristes, pero se oyen los pájaros, el ladrido de un perro, los pasos de un caminante solitario, la campana del reloj de la torre. Y huele a pueblo. En el solar abandonado frente a mi casa, la mediterránea higuera loca va verdeciendo junto al asiático ailanto, mostrando el vigoroso progreso de la primavera, sorda a nuestros avatares. Con versos de Martín Vivaldi en la memoria, los miro con gratitud. "Desde mis noches sin auroras, desde mi nueva y fría desesperanza, desde la ausencia, desde mi soledad, a ti, árbol despierto en la mañana, yo te saludo: ¡gracias!".
Y ahora, como en las veraniegas siestas de la infancia, me embarga la plácida sensación de que el tiempo y el mundo se han detenido. De que nada es tan importante, nada corre demasiada prisa más allá de dejarse vivir en un despreocupado olvido.
Así, de improviso, como estallan las grandes calamidades, ha llegado a nuestras vidas esta epidemia. Y también de improviso, rompen nuestras vidas, y lo que, hasta ese momento, habían sido la rutina y la seguridad de un hogar, los amigos o el trabajo, se desvanecen. Con lo puesto, nos vemos arrojados a un océano de incertidumbre y desgracia, y nos volvemos invisibles a los ojos de otros que siguen en su zona de confort sin sospechar que también para ellos, que nos cierran sus puertas con displicencia, acabará cerrándose la noche. Confío en que esta plaga nos haga avanzar hacia una sociedad mejor, pero la agorera sentencia de Sánchez Ferlosio adquiere una fuerza reveladora, y temo que vengan más años malos y nos hagan más ciegos.
Y ahora, como en las veraniegas siestas de la infancia, me embarga la plácida sensación de que el tiempo y el mundo se han detenido. De que nada es tan importante, nada corre demasiada prisa más allá de dejarse vivir en un despreocupado olvido.
Así, de improviso, como estallan las grandes calamidades, ha llegado a nuestras vidas esta epidemia. Y también de improviso, rompen nuestras vidas, y lo que, hasta ese momento, habían sido la rutina y la seguridad de un hogar, los amigos o el trabajo, se desvanecen. Con lo puesto, nos vemos arrojados a un océano de incertidumbre y desgracia, y nos volvemos invisibles a los ojos de otros que siguen en su zona de confort sin sospechar que también para ellos, que nos cierran sus puertas con displicencia, acabará cerrándose la noche. Confío en que esta plaga nos haga avanzar hacia una sociedad mejor, pero la agorera sentencia de Sánchez Ferlosio adquiere una fuerza reveladora, y temo que vengan más años malos y nos hagan más ciegos.
jueves, 12 de marzo de 2020
La máscara de la Muerte Roja
En este cuento, gótico donde los haya, Alan Poe nos habla de
un príncipe “feliz, intrépido y sagaz” que pretendió burlar una epidemia de
peste encerrándose tras los muros de su palacio con sus más allegados. Tan sólo
las oscuras campanadas de un viejo reloj de ébano les recuerda la fugacidad de
la existencia. Pero la música apaga el incordio de ese eco monótono. Allí se entregan a
los placeres, volviendo la espalda a la muerte que, mientras, se enseñorea de
la tierra donde moran y mueren sus paisanos: “La Muerte Roja había devastado el
país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa”. Pero la muerte no se detuvo. Viajó, atravesó
fosos y murallas, hasta alcanzarlo a él y a los suyos. “Había venido como un
ladrón en la noche. Y la vida del reloj de ébano se apagó con la del último de
aquellos alegres seres”. Ahora, como entonces, no hay fronteras que paren el
avance de ciertos males que nos hermanan al género humano mal que nos pese.
lunes, 2 de marzo de 2020
La generación ágrafa
El mismo miedo que observo en muchos de mis alumnos cuando deben
enfrentarse a un texto escrito, para leerlo, comprenderlo y comentarlo
críticamente, lo he visto en las calles de las zonas turísticas de Granada. Un viajero
se detiene ante la imponente belleza de la Alhambra y sus bosques vistos desde
el Paseo de los tristes, solitario aún en las primeras horas de esta mañana. Desenfunda
inmediatamente su móvil para hacer una foto o un vídeo. No es capaz de
permanecer quieto y en silencio (padece horror vacui); y, menos aún, de
entrar en diálogo consigo mismo ante esa grandeza. También sabe que no habrá
ocasión para contar a un familiar o a un amigo lo que vio o lo que sintió en
ese momento mágico, porque no habrá un oído dispuesto a escucharlo; o, de
haberlo, su falta de costumbre hará inútil el esfuerzo por enhebrar un discurso
eficaz para tan noble empeño descriptivo. Una foto o un vídeo resuelve la
cuestión sin más. Una imagen más que viajará por las redes y que,
inmediatamente, quedará reducida a escombro virtual y a espejismo de experiencia
para quien la hizo. Lenguaje y pensamiento son la misma cosa: Logos era
el término griego para referirse a ambos. Pero nos estamos quedando sin palabras. Somos una generación ágrafa, aléxica y afásica.
domingo, 1 de diciembre de 2019
Cautivos y desarmados
Oigo a la derecha tronar porque el diálogo vuelve a abrirse camino en las trincheras catalanas. El diálogo exige escucha, franqueza y generosidad, pero sin él no existe democracia, cuya virtud esencial es el respeto a las minorías, lo más opuesto al rodillo de la voluntad mayoritaria, la versión marcial de la democracia que defiende esta acérrima derecha española, la de siempre y la que se viste con náuticas. La que sólo espera del adversario un parte final de rendición sin condiciones: "Cautivas y desarmadas las fuerzas catalanistas, el glorioso movimiento nacional ha alcanzado todos sus objetivos. El conflicto ha terminado."
sábado, 30 de noviembre de 2019
Libertad para consumir
La libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación.
Los que hacen la política y sus medios de información de masas,
promueven sistemáticamente el pensamiento unidimensional. Su universo
del discurso está poblado de hipótesis que se autovalidan y que,
repetidas una y otra vez, se tornan en definiciones hipnóticas o
dictados (…) La amplitud de opción
abierta a un individuo no es un factor decisivo para determinar el grado
de libertad humana. Sí lo es, en cambio, aquello que puede ser escogido
por el individuo. La libre elección de amos no suprime ni a los amos ni a los esclavos.
Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios, no
significa libertad si estos bienes y servicios sostienen controles
sociales sobre una vida de esfuerzo y de temor, esto es, si sostienen la
alienación. Y la reproducción espontánea, por los individuos, de
necesidades superimpuestas no establece la autonomía; sólo prueba la
eficacia de los controles”. (H. Marcuse,“El hombre unidimensional"-1964)
domingo, 24 de noviembre de 2019
Y ahora, España
Ya están en las instituciones los que nunca se habían ido. ¡Ha transcurrido tan poco tiempo desde el sueño del 15-M a la pesadilla de VOX! Teníamos, sí, la crisis-estafa, con su correlato de empobrecimiento y desigualdad; teníamos el nacionalismo (el catalán y el españolista), que agita banderas al grito de 'prietas las filas' ante los intentos de disgregación y la llegada de inmigrantes que huyen de infiernos de guerra y sociedades empobrecidas y desestructuradas. Pero faltaba el partido del discurso del odio sin tapujos. Ya está también aquí. Y ha entrado por el sur, la tierra más azotada por los problemas sociales.
Hemos desarrollado una democracia que ha obtenido notables logros como el Estado descentralizado de las autonomías y la victoria sobre el terrorismo etarra; pero también con notables déficits crónicos como la desigualdad territorial, un modelo económico demasiado dependiente del sector servicios, la ausencia de políticas de vivienda social, el olvido de las víctimas de la dictadura, la ínfima inversión en educación, un necesario referéndum sobre la monarquía, la corrupción rutinaria en el ejercicio del poder o las hipotecas de la Iglesia católica con unos acuerdos vaticanos vergonzosos heredados de la dictadura franquista.
Como advertía el poeta, la historia y la morcilla están hechas de sangre y se repiten.
Necesitamos una Europa de los pueblos. Urge una izquierda fuerte y reconocible, con un PSOE renovado, unos sindicatos comprometidos y un Podemos sin esos caudillos que imparten lecciones de democracia asamblearia desde sus cátedras, pero imponen sus listas-plancha. Esperamos que políticos y sindicalistas oigan el clamoroso silencio de la mayoría que ya no acude a votar. Mientras tanto, volvamos a las calles.
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