PANTA REI, Todo fluye. Con esta sentencia dio comienzo a sus clases, allá por el año 1983, mi profesor Tomás Calvo Martínez en el que era mi primer curso universitario del grado de Filosofía. Se trata de uno de los aforismos más conocidos de Heráclito de Éfeso, apodado El Oscuro. Nada permanece. Y también con ella terminaban mis alumnos de segundo de Bachillerato su exposición acerca de este enigmático filósofo en la que era una de mis últimas clases como profesor en el IES Manjón de Granada.
Antigua
Sexi, ese era el sugerente nombre del Instituto de Bachillerato de Almuñécar donde me estrené un 15 de septiembre de 1989. Tenía 24 años y me esperaba un
grupo de treinta y ocho estudiantes de COU a los que superaba poco en edad. La perfumada
noche mediterránea de la víspera, alojado en un pequeño hostal próximo al rebalaje, dormí poco y
mal. Pero amaneció una luminosa mañana de cielo azul y mar en calma, que me levantaron el ánimo. Después de un curso dedicado a las jodidas oposiciones, me
reencontraba con ese olor tristón y espeso del aula, con el adobo picante de
las saltarinas feromonas adolescentes. Yo iba con tanta ilusión como miedo. Y,
para mitigar los nervios, mi hermano Juanfran, que ya era maestro y lo era por vocación, me aconsejó llevar un guion de actividades —con temporalización
precisa, me indicó diligente— para esa mi primera vez en un oficio que tiene
mucho de ritual, de puesta en escena. Hasta me anudé una corbata al cuello para
aparentar más edad. Pronto comprendí que la autoridad —basada en el respeto
recíproco— y el poder —asentado en el miedo— son
cosas diferentes. De poco servía levantar barricadas, llamando de usted a mis alumnos o
exigiéndoles un tratamiento similar hacia mí. Lo importante era no pensar en ellos como en grupos o bandadas, sino mirar a los ojos de cada uno y
procurar tener presentes sus particularidades, sus talentos, sus expectativas y
su intrahistoria única.
Después de treinta y seis cursos impartiendo en diversos centros las asignaturas de Filosofía, Ética, Educación para la Ciudadanía, Sociología, Psicología, Antropología, Oratoria y Debate, Atención Educativa, Ámbito Sociolingüístico, Proyecto Integrado y algunas materias más —incluso de otros Departamentos, como Francés o Geografía e Historia—, con días de bastante miel y otros con alguna ceniza, hoy me despido de las aulas y de mis queridos alumnos.
Parece que fue ayer cuando mi madre me dejó por primera vez en una austera aula de mi desvencijada escuela. Tenía cinco años y ella me acompañó hasta la misma clase de doña Pepita. Solo la dejé marcharse con la promesa de que no se apartaría de la puerta hasta la hora de salida. El niño tímido y atolondrado que yo era entonces lo revela esta pequeña anécdota... (SEGUIR LEYENDO)









