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| "Zapatos en el paseo del Danubio" (G. Pauer y C. Togay) © Viajeros Blog (https://viajerosblog.com/budapest-y-su-monumento-de-los-zapatos.html) |
jueves, 16 de octubre de 2025
Zapatos en el paseo del Danubio
domingo, 21 de septiembre de 2025
Oración por Palestina
La masacre del pueblo palestino por parte del ejército y el gobierno de Israel se prolonga insoportablemente. A los empobrecidos se les oculta, se les niega, se les invisibiliza; y, ahora, se les bombardea y mata de hambre ante el silencio cómplice de los países ricos y civilizados. ¿Cómo podrá recuperarse el mundo, la humanidad, cada uno de nosotros, de esta barbarie?
que cortáis la manzana de la muerte
con el anonimato de una guerra,
os pido caridad.
Por un Dios
en el que jamás he creído.
Por una Justicia
de la que desconfío.
Por el orden de un Mundo
que no respeto.
Para que renunciéis a vuestra guerra,
yo renuncio a mis dudas,
que son parte de mí
como la luz amarga
es parte del otoño.
Y escribo Dios, Justicia, Mundo,
y os pido caridad,
y os lo suplico.
Amor Fati (Editorial Alhulia)
El próximo martes, día 23, presentaré mi novela Amor Fati en la Biblioteca de Andalucía (Granada). En el acto intervendrá Antonina Rodrigo por quien siento gran afecto, respeto y admiración, tanto por su extensa y excepcional obra como por su compromiso ético constante con la libertad, la igualdad y la justicia.
También intervendrá Irene San Sebastián, ilustradora del libro.
Esta novela la escribí hace diez años pensando en mis alumnos de Filosofía de Bachillerato. Hoy publico en Alhulia una nueva edición, revisada y ampliada, dirigida a un público más amplio, interesado por los temas de la filosofía de la existencia: el sentido y el sinsentido, el amor y la amistad, el tiempo y la finitud. . .
[ACTO APLAZADO PARA EL JUEVES 27 DE NOVIEMBRE, EN EL MISMO LUGAR -BIBLIOTECA DE ANDALUCÍA- Y A LA MISMA HORA -19:00 H.-]
www.filosofiaylaicismo.blogspot.com
sábado, 6 de septiembre de 2025
Un paseo por Zumacares
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| Zumacares —Andújar— Foto: J.C.G. (Ideal.es) |
Rhus coriaria —etimológicamente, cuero rojo—, conocido popularmente con los nombres de rus y de zumaque, es un arbusto que, con un porte de entre uno y tres metros, da nombre a esta finca pública. A ella se accede a través de un carril de unos 400 metros de longitud que nace a la derecha (dirección al santuario), en el Kilómetro 10.9 de la carretera A-6177, que une Andújar (Jaén) con el Santuario de la Virgen de la Cabeza.
El zumaque, con hermosas flores amarillas en forma de ramilletes y bayas rojizas arracimadas, ricas en taninos, se da en diversas zonas de España, silvestre y también cultivado. Se ha utilizado tradicionalmente como pigmento e ingrediente de cocina (acidulante), así como para el encurtido de pieles. De hecho, zumacar significa <<adobar las pieles con zumaque>>.
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| Fruto del zumaque |
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| Esparragueras blancas en flor jalonan el camino de Zumacares |
sábado, 23 de agosto de 2025
Remotas infancias
En la
infancia, vivimos y, después, sobrevivimos
Leopoldo María
Panero
Los veraneos de
mi infancia eran tres meses sin cole, trece semanas de feliz y absoluta
irresponsabilidad. Sí, eran noventa días jugando y soñando entre polvo, pinos, chaparros
y jaras bajo un sol ardiente, sin más indumentaria que las alpargatas y un
pantalón corto, con la piel quemada y la quemazón aliviada con vinagre, el
mismo que aderezaba los huevos fritos con ajos y picatostes de los desayunos.
El colérico
Cronos dejaba, por una temporada, de devorar a sus hijos y los días se volvían
infinitos. Todos semejantes, pero especial cada uno. Al atardecer, tras la
película vespertina, nos aguardaba un limpio y alto cielo azul que asistía
gozoso a nuestro partidillo de fútbol. Acudían a jugar vecinos de otras viñas:
Antonio y Miguel, los sevillanos; Pepito —hijo único de la maestra de la
escuela de verano—, Luis y Andrés, y algunos más que ya he olvidado.
domingo, 17 de agosto de 2025
Andújar, tierra de tradición jabonera
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| Estado actual de la fábrica de jabón Alejo Gallego en el Paseo de las Vistillas |
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| Fábrica de Lizariturri y Rezola en Santa Úrsula (Años 70) |
Francisco Ramírez Díaz (Andújar, ca. 1880), mi abuelo paterno, formó parte de esta tradición artesana. Fue maestro jabonero y, como tal, trabajó en la fábrica de Alejo Gallego (muy próxima a la de Joaquín Llaguno de la Haza, en la calle La Quinta), al final del Paseo de las Vistillas, donde da comienzo la Cuesta de Castejón. Aún se conserva el viejo edificio industrial que la albergó. En 1904, viajó a Palencia con el encargo de formar allí a quienes debían trabajar en una nueva fábrica que se acababa de inaugurar. Por este motivo, mi padre nació en esa tierra en 1905 y fue bautizado con el nombre de Antolín, patrón de la vetusta ciudad castellana, en su catedral homónima. Ya de regreso a Andújar, mi abuelo y su familia ocuparon la vivienda aneja a la fábrica de las Vistillas durante algunos años. En ella creció mi padre. Él me contaba sus recuerdos de esa casa. Un día, mientras jugaba descalzo en el patio de la fábrica, un carro vino a descargar sosa cáustica. Algún pequeño trozo cayó al suelo y quedó adherido a la planta de su pie sin que él lo advirtiera. Cuando llegó la hora de acudir a la sesión vespertina del cole, se calzó a toda prisa... El sudor fue humedeciendo la sosa, provocando la consiguiente reacción química que él notó como una dolorosa e inexplicable quemazón; pero la timidez le hizo aguantar hasta la salida del colegio para quitarse el zapato y descubrir la profunda herida que había causado el ácido.
Las ventanas de esa casa, más de cien años después, siguen mirando hacia el bosque en galería de fresnos y álamos que jalonan el cauce del Guadalquivir, caudaloso y sereno, señor de la fértil vega que abraza la ciudad. En el alféizar de una de esas ventanas, mi padre y sus hermanos dejaban cada enero sus zapatos para recibir los regalos de Reyes, pues en ese lugar de severos afanes de adultos, también moraban sueños de niños.
Y algún recuerdo triste: mi abuelo, al que, por meras razones de cronología biológica, no pude conocer, sufrió las presiones del caciquismo del voto, propio de la Restauración borbónica y muy frecuente tras el Desastre del 98. Según mi padre, él resistió con dignidad. También fue víctima de un accidente laboral cuando una caldera estalló y le abrasó los ojos. El maestro jabonero, además de realizar las mezclas en proporciones pertinentes, vigilaba la presión de las calderas y valoraba en cada momento si el color y la textura de la masa resultante eran las adecuadas.
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| Sastrería Antolín Ramírez (Plaza Vieja de Andújar. Años 30). En la fachada se anuncia la sucursal madrileña de Santa Engracia, 27 |
Como consecuencia, quedó ciego y esta desgracia le quebró el ánimo. También le provocó problemas nerviosos con desvanecimientos frecuentes, uno de los cuales le sorprendió en plena calle, teniendo que soportar algún comentario malintencionado sobre su supuesta embriaguez. Fue un hombre emprendedor, que sacó adelante a sus seis hijos —el más pequeño de ellos, Rafael, adoptado— y seis sobrinos carnales. Varios de ellos recibieron formación musical, algo infrecuente en esos años. Mi padre —que abrió su primera sastrería en 1927 en el número 27 de la calle Santa Engracia de Madrid (aún se conserva el local comercial), y un segundo negocio, la "Sastrería Antolín", en 1933 en la Plaza Vieja de Andújar (1)—, cursó solfeo y violín —entonces el estudio del lenguaje musical se hacía en cuatro cursos previos al aprendizaje del instrumento—; mi tía Josefina, piano. —Ella, pintora y escultora, expuso en varias ediciones del Salón de Otoño de Madrid en el Círculo de Bellas Artes de la calle de Alcalá—. Mi tío Rafael, fraile capuchino —con el nombre religioso de fray Victorino—, fue organista en el monasterio de Guadalupe (2); y mi tía Clara Contreras Sánchez, franciscana, profesora de piano en la convento de Llanes (Oviedo), donde pasó buena parte de su vida y donde murió.
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| Sastrería Antolín en la Plaza Vieja de Andújar. Año 1970 |
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| Mural de azulejos conmemorativo que se conserva en la calle Ramón y Cajal |
También se asentaron empresas foráneas como Bilore y Lizariturri, procedentes del País Vasco. Los jabones de Bilore alcanzaron una gran popularidad en los años setenta, con potentes campañas publicitarias en la monolítica y omnipotente televisión de la época.
En la fábrica de Lizariturri y Rezola, se producía el conocido jabón Lagarto, también muy popular, y las barras de jabón de afeitar Flores de Gurys. Estaba en Santa Úrsula, en el espacio que hoy ocupa el Parque Comarcal de Bomberos.
En 1920 aún había diecisiete fábricas de jabón activas en la ciudad con 150 empleados (Garrido González, 2003).
Pero la aparición de la lavadora, máquina que vendría a aliviar el duro trabajo doméstico en los primeros años setenta, marcó el fin del uso del jabón común y la consiguiente crisis de los escasos negocios jaboneros que aún subsistían. Una de los últimas fábricas en cerrar estaba entre las calles del Pino y Lope de Vega. Eran estas las primeras vías de la ciudad viniendo de la sierra, pues el barrio del Polígono Puerta de Madrid aún no existía. Recuerdo de niño el intenso y penetrante mal olor que percibíamos al pasar junto a ella con el Seiscientos de mi padre de regreso de las Viñas. Y es que la decadencia propia de los postreros estertores había devuelto la producción a sus orígenes remotos, sustituyendo el aceite de oliva por malolientes grasas animales, supongo que con el disgusto de los últimos maestros jaboneros.
Notas:
(1) El joven soñador e impetuoso que entonces era mi padre, se había afiliado a Falange. Al estallar la guerra en julio de 1936, abandonó Madrid para trasladarse a Andújar, donde tenía vivienda y su segundo negocio de sastrería. Buscaba refugio en la familia, pero enseguida fue detenido con la acusación de pertenecer a dicho partido. Su casa y negocio fueron requisados para confeccionar uniformes para los soldados del frente bélico situado en el cercano límite de la provincia de Córdoba. Él pasó por las cárceles de Martos y Jaén, salvando su vida gracias a las gestiones de su hermana Josefina, enfermera y boticaria en el Hospital Municipal. Cuando finalizó la guerra, mi padre fue concejal de la primera corporación municipal, constituida el 19 de abril de 1939 con Tomás Escribano Soriano como alcalde (Córdoba Ortega, 1977, pág. 313). Enseguida evolucionó hacia actitudes moderadas, negándose a testificar contra los republicanos detenidos bajo la acusación de pertenecer a sindicatos o partidos de izquierda. Tal fue el caso de Santiago de Córdoba, afiliado a la UGT, por quien mi padre intercedió, salvándole de los trabajos forzados a los que había sido condenado en la reconstrucción del Santuario de la Virgen de la Cabeza (Córdoba Ortega, 1977, pág. 577). A ese Antolín moderado, respetuoso, exponente de una derecha liberal e ilustrada, que congeniaba con las propuestas de Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado, fue al que yo conocí como padre casi tres décadas después.
(2) Durante sus años de vida en este monasterio, fray Victorino Contreras Sánchez conoció y tutorizó al notable pianista Esteban Sánchez, quien, con dieciséis años ganó el Premio “Eduardo Aunós” que concedía el Círculo de Bellas Artes de Madrid (Carlos Cordero, 2011, págs. 246 y sigs.)
Bibliografía:
-Cordero, Carlos: “Esteban Sánchez en el recuerdo con Guadalupe al fondo”. Boletín de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. T. XIX (2011). Págs. 233-249.
-Córdoba Ortega, Santiago de: Historia y memoria de Andújar (1931-1977). Andújar (Jaén): Alcance Editorial, 1977.
-Garrido González, Luis, y Chamorro Cantudo, Miguel Ángel: "Reflexiones sobre el cambio productivo de la economía jiennense en el siglo XX al hilo de la Historia industrial y mercantil de Andújar de Antonio Herrero Cortés (1978)", Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, número 185 (2003), págs. 183-228.
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domingo, 20 de julio de 2025
Espacio disponible
EDUARDO NAVE y GILLES LIPOVESTSKY en el museo JOSÉ GUERRERO (Granada)
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| Folleto de la exposición en el José Guerrero |
Hasta el 12 de octubre, se exponen en el José Guerrero, junto a la Alcaicería granadina, las excelentes fotografías de Eduardo Nave (Valencia, 1976). Espacio disponible es el evocador y descriptivo título de esta exposición. Su contenido encaja perfectamente en las diáfanas salas de este edificio que, en sus pilares metálicos y sus grandes ventanales a la calle Oficios, conserva aún el sabor de su primitivo uso industrial y comercial para el que fue concebido hace más de cien años.
Abundan en las fotografías los suelos de tierra descarnada y
los páramos estériles que, con las ruinas de edificios comerciales o
industriales que los habitan, contemplan la silenciosa desolación de los
esqueletos de las vallas publicitarias, a la vez que dan testimonio del
desorden generado por los excesos que dichos cadáveres escenifican.
Acompaña la exposición un texto del filósofo francés Gilles
Lipovestski (París, 1940) del que recojo algunos fragmentos:
«¿Hay
algo más ominipresente en nuestra vida cotidiana que los objetos, las imágenes
y las exigencias del consumo? (…) Ahora, de la mano de internet y las
tecnologías digitales está surgiendo un nuevo vector publicitario. (El) declive
de los grandes soportes de exhibición impresa —cuando no su desaparición
anunciada— es lo que muestra el proyecto fotográfico de Eduardo Nave.
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| Fotografía de Eduarde Nave (Incluida en el folleto de la exposición) |
»Sin
embargo, ¿cómo no ver al mismo tiempo que su momento de gloria ya ha quedado
atrás?
»La serie de
Nave muestra esas ruinas de la modernidad que son las vallas publicitarias a la
antigua usanza, dotadas de estructura material y de un imponente armazón
metálico rectangular. De ello, como de todas las ruinas, se desprende un
espectáculo no exento de nostalgia y melancolía. Pero ¿melancolía de qué? ¿De
los propios soportes materiales, denunciados durante mucho tiempo por su
fealdad y su efeto de contaminación visual del paisaje? Tal vez, pero en mi
opinión es otra nostalgia la que está en juego, a saber, la de la época
utópica, alegre, eufórica, desenfadada, «inocente» del consumo, de la que las
grandes vallas publicitarias «agresivas» encarnaron una de sus manifestaciones
más emblemáticas.
»
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| Oferta en rojo (José Guerrero, 1988) |
» (Es) lo
que impregna de nostalgia las fotos de las vallas abandonadas y despojadas de
su antiguo triunfalismo, que poseen el encanto de un pasado presuntamente feliz
en el que el consumo se asimilaba a una «fiesta frívola y alegre» que
imaginábamos interminable.»
El cuadro Oferta con rojo (J. Guerrero, 1988) se exhibe en la sala de la tercera planta, reservada para exposición permanente de la colección del propio museo. Con esas negras y vacilantes gotas incapaces de salvar el hiato de un fulgurante telón rojo sobre fondo oscuro, expresa bien —ya desde su propio título— la desazón y el vacío de un consumismo roto, atroz y castrante.
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