| ©El Roto: El País 17/02/2025 |
lunes, 17 de febrero de 2025
lunes, 10 de febrero de 2025
Antonina Rodrigo
jueves, 23 de enero de 2025
Judíos, gitanos, mexicanos
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| FUENTE: launion.com.mx |
En los años treinta del pasado siglo fueron los judíos (y también los gitanos) el colectivo señalado para que quienes, tras la fiesta, suelen (solemos) pagar los platos rotos (las clases medias y los más empobrecidos) se desahogaran dirigiendo su frustración y su rabia hacia esa diana. Se lograba un doble objetivo: dividir a los de abajo, enfrentándolos entre sí, y neutralizar cualquier atisbo de revolución contra los poderes fácticos, responsables del crack del 29 y de la desigualdad y miseria que vinieron después. La estrategia, tan simple como eficaz, es siempre la misma: se fabrica una crisis generando una burbuja especulativa en el gran monopoli global; o bien, desatando una guerra, sea esta fría, caliente o templada. Las bolsas suben porque los señores de la guerra sanearán sus cuentas. Tras unos años, viene la paz y la reconstrucción ("Gaza es un lugar interesante para hacer cosas: buen clima, extensa costa..." - decía hace unos días un babeante Trump). Vuelven a subir las bolsas. Ahora serán las entidades financieras, las empresas inmobiliarias y las de la construcción quienes hagan caja porque toca reparar infraestructuras, casas, hospitales y escuelas; incluso levantar hoteles y campos de golf donde antes había un barrio. Para evitar las protestas, dos armas infalibles: el miedo (ya tenemos al lobo en casa) y la catatonia (generada por el consumo compulsivo y por el dulce suero de las redes sociales). Ya solo queda dirigir el odio, el miedo y la frustración acumulados hacia el lugar adecuado. ¿Contra quiénes? Se trata de elegir a una víctima, cabeza de turco o chivo expiatorio al que endosar todas las culpas: judíos, moriscos, gitanos, negros, jesuitas, masones, disidentes, vagos, homosexuales... A través de las épocas, las posibilidades han sido siempre estimulantes y variopintas. ¡Y vuelta a repetirse el ciclo! Hoy los señalados por el dedo acusador de los magnates son los migrantes (en Europa, magrebíes, africanos y sudamericanos; hispanos, en EEUU). Tal vez en un mañana que yo ya no conoceré (¿o, tal vez, sí?), la minoría repudiada sea el grupo del que tú o yo formamos parte hoy: ¿andaluces, extremeños, escépticos, onanistas, zurdos, albinos, católicos...?¡Qué sé yo! ¿Recuerdas el poema de Brecht (...luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío...)? La historia da muchas vueltas, pero siempre en torno al mismo cuento.
lunes, 6 de enero de 2025
España, terraza de Europa
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| Plaza de La Romanilla (Granada), okupada por terrazas de bares |
Así nos interpela el Niño de las Pinturas desde un muro del Realejo granadino.
A pesar de la enorme diferencia de población, Granada es ya la tercera ciudad más contaminada de España, por detrás de Madrid y Barcelona. Y, respecto al litoral -el otro gran destino-, España contó este pasado verano con 48 playas con bandera negra a causa de los desechos que origina el turismo masivo. El paraje natural de Maro-Cerro Gordo de Nerja recibió tan siniestra insignia por una acumulación de cremas solares tal que resulta peligrosa para la salud humana y para la biodiversidad de sus fondos marinos.
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| Mural de El Niño en el Realejo (Granada) |
miércoles, 1 de enero de 2025
Andújar
Buen día de Año Nuevo a todos. Mañana de concierto desde Viena que mi padre disfrutaba cada año sentado al brasero del comedor, iluminado por el gran ventanal del patio, prodigio de macetas y oscuras orzas preñadas de aceitunas, mientras mi madre trajinaba alegre, como siempre, en la cocina.
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| Torre del Reloj. Plaza de Santa María (Andújar) |
Comparto con vosotros este hermoso texto de Alfredo Ybarra (autor de "Esta vigilia de silencio", 1987), sembrado de recuerdos que, seguramente, reconoceréis.
Alfredo Ybarra
ZAGUÁN (Ideal) Domingo, 29 de diciembre de 2024
Desde el pasado día 21 nos encontramos ciertamente en el invierno astronómico, que se basa en el movimiento de la Tierra. Ya saben, lo de que ese día comienza el solsticio de invierno, con tanta ascendencia en nuestros simbolismos y ritos. De hecho a lo largo de estos días celebramos las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Es un tiempo de búsqueda de la luz, de espiritualidad, de relatos míticos, de creencias ancladas en lo profundo de nuestra historia y de nuestra alma. Y es así que al punto me detengo en el difuminado altozano del verdadero acontecer, tan agraviado, de esta ciudad que adoro y que tengo enredada en el alma para siempre.
No puedo hoy sino fijar la mirada en sus jardines escondidos, en sus fuentes sordas, en sus torres victoriosas y ahora ajadas, en sus fantasmales palacios y señoríos, en sus homéricos relatos, en el eco de sus célebres alfarerías; en sus afanes reivindicativos, liberales, ilustrados y bizarros. ¡Cómo siento la láurea corona de la verdadera grandeza iliturgitana! Me lo cuentan los olivos cargados de esperanzas y ayes, con su celeste copla, tan tergiversados, con su tesoro medular a cuestas, con su temblor de huesos, vuelto hacia la boca de la tierra. En estos días el olivar es un corazón que se derrama, que se hace nuestra patria. Me lo cuenta la sierra, siempre tan cerca, siempre tan alejada de los anhelos andujareños. Sierra de espesuras poliédricas donde el Jándula se hace oración y trino y astrolabio de una frondosa catedral de encinas, pinares y breñas: veletas de altas citas celestes que cantan con el duende de los sonidos negros. La sierra se hace un sagrado cáliz, metáfora que cabrillea sobre mi pecho estremecido. Me lo cuenta el Guadalquivir, alta torre lorquiana, en sus orillas aterido, sin el candor de un abrazo, alentado y fértil, con la Andújar de mirada anchurosa. Betis, con sus manos de plateado exvoto, césar desangrado en su púrpura, generoso, que eleva el sueño navideño con su insondable canción de tañido limpio, con su latido solitario, con el magma que lleva en su caudal, soñándose océano. Me lo dicen las calles de Andújar, sus esquinas y altozanos, que huelen a tradición, a alhucema, a resol, a perrunas, alfajores y roscos de vino y a recuerdos, y a melancolía y a olvido, mientras el aire se queda detenido sobre la Torre del Reloj como un lamento.
Lejos y muy cerca escucho los villancicos de siempre interpretados por voces que se hacen al mismo tiempo escarcha y maná. Miro y me encuentro con aquel puesto de zambombas y panderetas en la Plaza Vieja, o delante de la Plaza de Abastos, o en el 'Peso de la Harina' y aquellos juguetes de la tienda de Suárez, o del supermercado de la Perla, o de los distintos bazares, que avivaban la fantasía infantil y dirigían nuestro balbuciente pulso en la redacción de la carta a los Reyes Magos.
Sí, es fin de año y hoy quiero escribirle a esta Andújar que hace mucho tiempo que me poseyó con su belleza cautiva, con su melodía de versos hechos cal y sacra piedra, con su mirada plenilunea, con ese aroma a vainilla del heliotropo que por dentro la cerca y alza; con su alma, seductora, sensual y patricia. Quiero reflejar ese encuentro apasionado entre una ciudad y una mirada convertida luego en memoria que se resuelve en palabras, casi siempre, de proclamación y de elegía, que quieren a la vez atrapar ese lugar en la fuga del tiempo y volverlo imaginario, salvarlo, inventarlo desde su naturaleza real, hacerlo inmortal.
Dice Antonio Gamoneda que: hoy es domingo y, «me parece que la mañana no está únicamente sobre la tierra, sino que ha entrado suavemente en mi vida».
Sirvan estas deslavazadas palabras para desearles un venturoso, enderezado y saludable, año nuevo.
viernes, 20 de diciembre de 2024
Para que no se olvide. Para que no vuelva a ocurrir
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| Auschwitz (BBC News Mundo) |
Nacht und Nebel (Noche y niebla) era la expresión alemana mediante la cual los nazis designaban una clase de prisioneros destinados a perecer sin dejar huella de su paso. Esta locución fue tomada por Himmler del libreto de El oro del Rin (ópera de Richard Wagner) y contiene la réplica de Fafner, que ordena a los enanos: Seid Nacht und Nebel gleich! ("¡Haceos semejantes a la noche y a la niebla!", es decir: ¡desapareced!).
Bertolt Brecht: La resistible ascensión de Arturo Ui (1941)
miércoles, 11 de diciembre de 2024
Volvamos a la calle
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| Un gimnosofista en una plaza ¡desierta! |
Para Michael Sandel, filósofo de Mineápolis (EEUU), profesor en Harvard (Democracy's Discontent y La tiranía del mérito: ¿Qué ha sido del bien común?), el descontento con la democracia que afecta a un buen número de ciudadanos occidentales se cifra en el deterioro de dos ámbitos: el del trabajo y el de los espacios públicos. La expresión del primer deterioro lo tenemos en el desgaste de la dignidad del trabajador, sumido en el precariado del que hablaba Zygmunt Bauman. Trabajar no tiene como único objetivo ganar el sustento. También puede ser una manera de desarrollar talentos, alcanzar reconocimiento y servir a la colectividad. Pero ello solo es posible en unas condiciones laborales dignas.
Respecto al acceso (y calidad) de los espacios públicos, es esencial para la salud democrática, dado que la democracia requiere de lugares de encuentro e interacción donde dialogar y convivir con el igual y con el diferente. El ágora de las polis griegas.
El espacio público incluye tanto a las instituciones (que podemos denominar lo "público-cerrado": escuelas, hospitales, universidades, bibliotecas públicas, así como asociaciones de índole política -partidos, sindicatos-, y las sedes del poder democrático como juzgados, ayuntamientos, parlamentos, etcétera); como también la vía pública, que podemos denominar lo "público-abierto": caminos, calles y plazas, parques y mercados públicos. La principal diferencia es la formalidad normativa que caracteriza a los primeros frente a la relajada indefinición del espacio público-abierto. La laicidad como neutralidad ideológica debe ser una característica esencial de ese espacio público normativizado frente a la calle que sí admite la exhibición de símbolos y consignas.
En la era de la posverdad, el desdibujamiento de la división de poderes y la ausencia de unos requerimientos mínimos que hagan posibles los debates constructivos (como el respeto al adversario o el uso honesto de la información) son las polillas que horadan las entretelas de las instituciones. Degradar el parlamento es el paso previo a prenderle fuego.
Y, respecto a lo publico-abierto, ahora, en especial en las grandes ciudades, la calle se reserva para el turismo y sus necesidades lúdico-festivas y hosteleras más que para el vecino residente, quien, sin embargo, es el que mantiene con sus impuestos ese espacio que no puede disfrutar. En las plazas, llenas de terrazas y cachivaches para solaz del visitante, no queda sitio para el paseante o el vecino que va a la compra o para el juego del niño, que es para lo que deben estar concebidas. Me recuerdo a mí mismo niño: cada tarde me bajaba a jugar a la calle pertrechado con mi balón y mi bocadillo. Y ahí me encontraban mis convecinos que iban y venían de sus asuntos. Ahora, como consecuencia de esa invasión que transforma el espacio público en un lugar hostil concebido para consumir, el encuentro y la interacción tienen lugar en las redes sociales, que vienen a ser una gran Plaza habitada por fantasmas y gánsteres, un entorno donde los poderes ideológicos y económicos ejercen con suma eficacia su estrategia del miedo y su férreo control de lo que pensamos, sentimos, deseamos, creemos, compramos y consumimos -pidiéndonos siempre, eso sí, nuestro consentimiento de las cookies-. También hay quienes eligen las plazas y calles de plástico de los grandes centros comerciales. Entre compra y compra, pueden sentarse a tragar algo en una terraza con vistas a Vodafone o a Ikea, mientras los niños retozan sobre césped artificial.
Nuestras gripadas democracias requieren mejorar las condiciones laborales y, al mismo tiempo, recuperar las calles como espacio para el disfrute y la convivencia de quienes viven en ellas. Pero también para la protesta, la rebeldía. Espero que los sindicatos nos convoquen con asiduidad, con nuevas y viejas proclamas, a reconquistar el terreno perdido.














