sábado, 10 de septiembre de 2022

Delegaciones encastilladas

Mientras las delegaciones provinciales de la Consejería de Desarrollo educativo y formación profesional permanecen encastilladas en un laberíntico sistema de cita previa que aburre al más animoso -sea este alumno, madre o docente-, y nos trae a la memoria el pavoroso y larriano "vuelva usted mañana" de una burocracia inexpugnable; la inspección educativa emite la instrucción de que este curso se prohíben las reuniones telemáticas en los centros educativos, tanto de los equipos docentes como de estos con las familias del alumnado. El trabajo telemático se ha mostrado eficaz, tanto para la consecución de los objetivos académicos, como para la movilidad sostenible en nuestras exhaustas ciudades, y también para la conciliación familiar. La prueba de su eficacia está en que muchas empresas y administraciones lo siguen manteniendo para sus trabajadores. Al parecer, la administración andaluza no lo entiende así, sino más bien como privilegio exclusivo de unos pocos. Esto sucede en la Comunidad que menos ha reducido la ratio en las aulas después de la pandemia. Es el nuevo Gobierno andaluz del buenazo de Juanma que, como un nuevo don Tancredo, basa su éxito en aparecer cuanto más quieto mejor, dejando chamuscarse a otros.

FILOSOFÍA Y LAICISMO

sábado, 6 de agosto de 2022

COSAS QUE HACER EN LA VIDA CUANDO AÚN NO ESTÁS MUERTO

El Niño de las Pinturas. Realejo (Granada) 
Por KIKO GARCÍA WIEDEMANN
Tan sólo los malvados y los ingenuos consideran que ellos mismos son los autores de su destino. El resto, azacaneamos con el abanico de posibilidades que ofrece la desesperación para aquietar el alma al comprobar, una vez más y siempre, que son las cosas y los momentos los que nos eligen. Desde lo más nimio y trivial a lo más profundo e insondable, serás aquello que te eligió. Serás.

Entre el deseo y el desprecio, el pantalón te mira desde la luz transparente del escaparate, diciendo con suficiencia, «ese pavo es para mí». Lo mismo hace un coche y las chicas del fin de semana. Hasta tu madre, absorta en los trajines de las jornadas inagotables, a veces te mira como si fueras un extraterrestre que la hubieras elegido sin saber muy bien no sólo por qué, sino, sobre todo, para qué.  
Tampoco se elige saberlo. Pero en los días fríos que muestran la cara hueca del vacío, lo comprendes con tan innegable claridad que tan sólo dan ganas de cerrar los ojos. Porque nada hay más triste que la tristeza.
La vida te elige, te trocea, te ajusta, uniforma y disuelve en miles de vidas. Quieto en el círculo infernal de un avispero furioso, cada picadura te descubre el espacio de lo que eres. Al final, tan sólo dos muñones enfebrecidos que intentan aliviar el dolor intolerable. T. W. Adorno dejó escrito un párrafo que siempre me deja atónito: «La vida, mientras lo sigue siendo, pone en evidencia la falsedad de tal escisión; en el lenguaje, la del pensar, el sentir y el querer. Ningún pensamiento lo es, o es algo más que tautología, si no quiere también algo; ningún sentimiento y ninguna voluntad es más que fugaz emoción sin el elemento del conocimiento».  No puedo dejar de temblar cuando la voz íntima del alma me repite una y otra vez: «La vida, mientras lo sigue siendo...»
Las líneas de T. W. Adorno son la exposición más breve que conozco de situar el problema fundamental del ser humano. No vale que a cualquier cosa la llamemos vida; el hecho de vivir no queda garantizado por la simple reproducción vegetativa de las miserables funciones sociales o biológicas. En sus propias palabras queda, sin duda, mejor dicho: «La vida, mientras lo sigue siendo...». Porque hay un momento que, aunque nos cuesta identificar, existe con una brutalidad imposible de cuestionar: ¿Cuándo deja la vida de ser? Empédocles, 2300 años antes que Adorno, dejó dicho: «Hasta que los mortales vivan lo que ellos llaman vida, hasta entonces ellos son, con sus afanes y sus alegrías; pero antes de que se formen como mortales y después de que se disuelvan, son nada».
La sabiduría griega, fundadora de Occidente y cada vez más olvidada, conocía de un modo inmediato algo que parece estúpido tener que recordar: la vida del ser humano sólo es vida en tanto que permanece lo humano en ella, ... mientras lo sigue siendo. Pero no nos lo ponen fácil. Más aún, les interesa ponérnoslo muy difícil. Y peor, a día de hoy, en el luminoso siglo XXI, creemos irracionalmente que jamás en la historia de la Humanidad se ha vivido mejor. Sin pudor, nos hablan de la sociedad del ocio y del tiempo libre, del momento histórico en que vivimos como la culminación de la mayor prosperidad y bienestar del ser humano. Sin embargo ....  
G. K. Chesterton consideraba que no debía confundirse el ocio con la libertad, pues la presencia del primero no asegura la disponibilidad de la segunda. La habitual confusión entre ambas se debe, según Chesterton a que la palabra «ocio» es utilizada para describir tres cosas diferentes: a) poder hacer algo, b) poder hacer cualquier cosa, c) poder no hacer nada». Poder hacer algo, afirmaba, era la forma más común de ocio. La segunda, la libertad de ajustar lo que uno desea dentro del tiempo de ocio, está más restringida, y tiende a limitarse a artistas y otros creadores. Sin embargo, la tercera era su favorita ya que permitía la inactividad, que para Chesterton era la verdadera forma de ocio.
Witold Rybczyniski (Esperando el fin de semana) ha rastreado la historia del tiempo libre hasta nuestros días. El momento de mayor tiempo libre fue conseguido antes de la Depresión americana. Durante la Depresión, tanto los patronos como el gobierno de Roosevelt se opusieron a la semana de treinta horas, y la Ley de la Recuperación de la Industria Nacional terminó con la idea de la disminución del tiempo de trabajo. Antes de la Depresión, un estadounidense que trabajaba cuarenta horas semanales estaba en el lugar de trabajo menos de la mitad de las 5.840 horas en que se hallaba despierto, y el resto del tiempo estaba libre. Cien años antes, el trabajo ocupaba dos tercios de las horas en que una persona estaba despierta. Sin embargo, esta reducción no es significativa pues se hace en el contexto de la Revolución Industrial que supuso el más alto número de horas trabajadas hasta el presente. En una comparación con periodos históricos anteriores, la conclusión es otra: los romanos del siglo IV dedicaban al trabajo menos de un tercio de las horas en que estaba despierto; en la Europa medieval, el año laboral se reducía a menos de dos mil horas.
Las horas laborales llegaron al límite inferior durante la Depresión, y luego comenzaron a subir nuevamente: en 1948, el 13% de los estadounidenses con jornada completa trabajaban más de 49 horas semanales; en 1979, esta cifra había aumentado a un 18%; en 1989 de los 88 millones de estadounidenses con jornada completa, el 24% trabajaba más de 49 horas semanales. Staffan Linder (The harried leisure class) ha puesto de manifiesto esta paradoja: a mayor riqueza, menor tiempo libre. En las sociedades prósperas, existe un conflicto entre la promoción de bienes de lujo en el mercado y el tiempo libre del individuo. Así, cuando se redujo por primera vez el horario laboral, casi no había bienes de lujo disponibles para el público en general, y el tiempo libre era dedicado al ocio. Con el crecimiento de la llamada «industria del ocio», la gente tenía que elegir entre más tiempo libre o más gastos; si un individuo desea dedicarse a actividades costosas (esquiar, navegar, etc.) debe trabajar más, es decir, cambiar las horas libres por horas extras o coger un trabajo adicional. La mayoría de las personas prefieren gastar a tener más tiempo libre. Linder muestra cómo el crecimiento económico ha provocado falta de tiempo, y cómo el aumento de los ingresos per cápita no es necesariamente un signo de prosperidad (la gente gana más porque trabaja más); y un gran porcentaje del tiempo libre se está convirtiendo en lo que él llamó «tiempo de consumo», y refleja un cambio del ocio de «tiempo intensivo» a ocio de «bienes intensivos» (los estadounidenses gastan más de trece mil millones de dólares anuales en vestimenta deportiva; en otras palabras, mil trescientos millones de horas libres son cambiadas por vestimenta para actividades relacionadas con el tiempo libre; en 1989, para pagar estos lujos, el 6,2 % de los trabajadores -el porcentaje más alto alcanzado hasta entonces- tenían otro trabajo adicional de menos horas).
La condición indispensable de una vida que merezca tal nombre, que no sea el amasijo intolerable que nos ofrecen, es el tiempo. La raíz última de la explotación y la esclavitud es esa: que te roben el tiempo. Y el tiempo no sólo te lo roba el patrón que te explota o el sistema capitalista que no te paga lo que vale tu tiempo, sino, también, toda esa gente molesta que te come el tiempo, y, por tanto, la libertad, y, por tanto, que te comen la vida. La primera cosa que hay que hacer en la vida cuando aún no estás muerto es defender y buscar tu tiempo, para buscar tu libertad, para buscar tu vida (incluso para no hacer nada, como Chesterton señalaba).
Después, para seguir haciendo cosas en la vida mientras aún no estás muerto, quizás sería bueno seguir la duda que planteaba el poeta inglés William Auden: Sé que estoy en el mundo para ayudar a los demás. Lo que aún no sé es para qué están los demás.
Y para poder averiguarlo hay que tener tiempo, tanto tú como los otros. Es posible que al final no pueda descubrirse el sentido de nada, pero entonces lo hermoso y único que nos acompañará a la muerte última será el placer del tránsito, la innegable alegría de haber vivido una vida plena que en sus aciertos y errores fue elegida por uno mismo.
... Porque hay que hacer tantas cosas en la vida cuando aún no estás muerto.
KIKO GARCÍA WIEDEMANN

martes, 2 de agosto de 2022

¡Viva la escuela pública!

Primero de carrera: los bachilleres de la escuela pública son los que más materias aprueban. 

Según un estudio aparecido recientemente en El País, un alumno que se gradúe en un instituto público tiene un 63% más posibilidades de sacar buenas notas en su estreno en la Universidad Complutense. Los datos son extrapolables a nivel nacional.

A esa conclusión llegan los investigadores María Fernández Mellizo-Soto y Alexander Constante en su estudio basado en los datos de asignaturas aprobadas por 8.660 inscritos en primero de carrera que provenían del Bachillerato en el curso 2017/2018. Pero los datos de la Complutense, que cruzan todo tipo de indicadores, no son aislados y son extrapolables al resto de campus públicos de España. En un trabajo posterior, Análisis del abandono de los estudiantes de grado en las universidades presenciales en España (2021), de nuevo Fernández Mellizo-Soto concluyó lo mismo para los 240.500 matriculados en primer año en 2015-2016. En ese caso, la profesora de Sociología Aplicada no estableció un modelo, porque el encargo del Ministerio de Universidades se centraba en cuántos alumnos habían abandonado los campus cuatro años después.

“Los alumnos de la pública tienen mejor rendimiento que los de la privada cuando tienen la misma nota en la EBAU [Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad]. Entonces pusimos sobre la mesa tres hipótesis que aún no están comprobadas”, explica Fernández Mellizo-Soto, economista de formación. “Puede ser que la enseñanza sea de mejor calidad [en la pública]; o que a los de la privada les cueste adaptarse a la universidad, porque en el colegio los profesores hayan estado muy encima de ellos y en la universidad tienes que demostrar otras skills [habilidades] ―más autonomía, más buscarte la vida…― que quizás un instituto sí te dé”. Y señala una tercera hipótesis: “Puede que en la privada inflen las notas para que los alumnos entren en determinadas carreras”.

A ver si resulta que las tres hipótesis son válidas. 

(Noticia: Elisa Silió. El País, 26 de junio de 2022) 

sábado, 23 de julio de 2022

DE GRANADA, SU CENTRO HISTÓRICO Y EL RUIDO

El Niño de las Pinturas

POR MIGUEL ÁNGEL RUBIO MIRÓN

Carta abierta a don Francisco Cuenca alcalde de esta ciudad.

Respetable Autoridad:

Antes de nada, como persona de sesenta y dos años de edad y, por lo tanto, supongo que mayor, quiero expresarle mi agradecimiento por invitarme a bailar en la plaza de Bib-Rambla los sábados por la tarde-noche desde el 22 de mayo hasta el 24 de septiembre, como está programado en la actividad Mayores al baile 2022.

A mí, la verdad es que me gusta bailar a mi aire y no al son que me toquen, pero entiendo que la actividad contentará a muchas personas. Solo le sugeriría que para hacerla más completa se fueran cambiando los espacios destinados al baile, que hay muchos y muy hermosos en nuestra bella ciudad: Plaza Nueva, Jardines del Triunfo, Paseo del Violón, Campo del Príncipe, Paseo de los Tristes... lo que contribuiría, además, a un mejor conocimiento de aquella. Y también a descargar de ruido el centro histórico y la propia plaza de Bib-Rambla. En esta plaza, cercada por terrazas, saturada con sus negocios de restauración, cafeterías, bares -unos veinte si no he contado mal- también vivimos vecinos, soportando un exceso de ruidos que contravienen una y otra vez las propias ordenanzas municipales, pese a los escritos de queja y las llamadas telefónicas a la Policía Local y la actuación de esta.

Usted debería velar por que la plaza no se convierta en un atractivo turístico sin más en un mero escenario o decorado. Al igual que una fuente, un edificio o un rincón históricos, los vecinos somos un activo que le da vida a la ciudad, que trabaja y se desarrolla en y para ella. ¡No nos eche!

Porque eso, echarnos a algunos, es lo que hace cada vez que se organiza o se permite una actividad que, con motivo o no, genera para quienes vivimos en el centro un ruido insoportable que sobrepasa todos los niveles autorizados. ¡No nos divierta tanto! Soñando con una Granada de Tierno Galván, no nos lleve a una Granada de Ayuso.

En la fase final de la Copa del Rey de baloncesto, la ciudad se mostró con su fisonomía cambiada, sus calles renombradas, con actividades varias, muy americano todo, y con música atronadora. En el Corpus en el Centro, por la mañana tuvimos castillos hinchables para los niños, sin niños, por el calor espantados y porque eran días lectivos, pero con música enlatada atronadora. Y por la tarde y por la noche, más música atronadora. Aunque eran días laborables. Usted debe saber que en el centro también viven personas que trabajan o estudian y necesitan descanso y que el ruido daña la salud. ¿Los ignora o los desprecia en favor de un populismo de diversión y de atracción turística?

Es usted respetable, pero para ser respetado debe respetar a todos sus conciudadanos, preocupándose primero por su salud y su bienestar, y el descanso es esencial en ellos; como también lo son poner freno a la contaminación en la ciudad, renaturalizar el río Genil de verdad, no como otro atractivo turístico, oponerse a la especulación en la Vega en el Valle del Darro o en el Cerro de San Miguel, propiciar unos alquileres asequibles...

Yo sigo estudiando, aunque ya no trabajo, de forma remunerada al menos. Lo he hecho y mucho, de camarero, de peón, de pintor, dando clases particulares, para ser maestro durante casi cuarenta años -magister me llamaban mis alumnos- y ahora me gusta mucho la tranquilidad de mi hogar. Hasta ahora los sábados de verbena me he tenido que marchar de mi casa porque la música atronadora hacía insoportable permanecer en ella. Entre las 19:15 h. y las 23:00 h. aproximadamente. Esta perspectiva hasta finales de septiembre se me hace difícil de aceptar. Si no le parece tan importante el problema como para buscarle una solución le propongo yo una. Me podía buscar usted un hueco en su casa o incluso en el portal si es fresquito; me iría con mis auriculares y no invadiría con el ruido de mi música sus estancias, ni siquiera tararearía mis canciones favoritas. Pero claro, no soy yo solo…

En fin, esto es lo que quería decirle. Y que disculpe si el tono de mi carta ha sido inadecuado en algún momento: es usted respetable y también respetado por mi parte. ¡Es que el último sábado hacía un calor por las calles...!

Una última cosa: No ilumine más de lo que ya están los puentes del Darro. Mucha gente, turistas incluidos, lo agradecerán. El exceso de luz nos hace ciegos a los encantos de la noche.

Gracias y un descanso reparador.


martes, 19 de julio de 2022

Magnanimidad

El Niño de las pinturas

La grandeza de ánimo, el desprendimiento y la generosidad son virtudes asociadas a lo que consideramos una persona magnánima, aunque este hermoso vocablo está en franco declive. 

Pues bien, hace unos días, recibí una sencilla lección de magnanimidad por parte de un desconocido... 

Esperaba mi turno en un cajero automático y lo vi llegar con su piel tostada, barba cana y una cartilla de ahorros en la mano. Balbuceó algo que no entendí, mirándome sonriente a los ojos y se apostó junto al cajero. Era un señor de rasgos magrebíes con más de setenta años. Este quiere colarse, pensé de inmediato. 

Cuando me tocó la vez, interponiéndose, y con marcado acento, me informó con naturalidad de que él solo quería sacar dinero. "Eso mismo voy a hacer yo" -dije entonces-; y me apresuré con decisión a poner mis manos sobre el teclado. Él permaneció con su cartilla en la mano, junto a mí. Demasiado junto, pensé. 

Mirándolo, desconfiado, de reojo, recogí mi tarjeta y mi dinero e inicié la marcha. Otros se habían incorporado ya a la cola. Entonces oí al anciano que me interpelaba con urgencia: "¿Puede ayudarme, por favor? Quiero sacar dinero y no sé cómo hacerlo"; a la vez que,  decidido, me ofrecía su cartilla. 

Yo desconocía que siguieran circulando cartillas de ahorros, esos vestigios de la antigüedad bancaria. Debí de introducirla mal por la ranura,  pues la máquina la escupió con un escueto "Cartilla defectuosa". El hombre no se desanimó: "Pruebe a meterla por la última página escrita". Con pudor la hojeé buscando esa página. Allí estaba su saldo que no me atreví a mirar. "Ahora sí. ¿Cuánto dinero necesita?", le pregunté indeciso. "Doscientos cincuenta euros". Marqué la cantidad, y el artefacto, muy correcto, que si expedía billetes de 50 o menores. "De cincuenta está bien", me dijo el hombre, que empezaba a caerme simpático. Y ahora, el código secreto. Le miré, sin atreverme a pedírselo. Él entendió. "Mi número es el...", y fue recitando despacio las cuatro cifras al desconocido que yo era. El cajero expulsó la cartilla y sirvió (vomitó iba a decir) el dinero. "Espere que lo cuente... -me dijo-, nunca se sabe con los bancos... Uno, dos... ¡Está bien!". "Adiós, amigo" -dije-. "Gracias y bendiciones, hermano", respondió.

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jueves, 14 de julio de 2022

La paradoja de Fermi y los mundos autófagos

Foto: Alfonso Casado Capell,
"En el Museo José Guerrero"

¿Habrá otros seres pensantes habitando algún lugar remoto de nuestra enorme y silenciosa galaxia, formada por más de trescientos mil millones de soles e innumerables planetas? Muchas veces me lo he preguntado contemplando con asombro el espectáculo de la noche estrellada, tan amenazado hoy por la contaminación lumínica. ¿Se cruzará la trayectoria de mi mirada con la de algún otro ser sintiente que ahora mire hacia este, mi rincón galáctico? 

"¡Le silence éternel de ces espaces infinis m'effraie!", exclamaba un angustiado Pascal cargado de emoción y de razones del corazón que la razón no entiende... E Immanuel Kant, años después, subrayaba: "Dos cosas llenan mi ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí".

Dada la abundancia de los materiales básicos con que está hecha la vida -carbono, en particular-, y la extraordinaria antigüedad del universo -casi infinita frente a la exigua historia de la familia homínida-, deben o han debido de existir muchas civilizaciones tecnológicamente muy desarrolladas en nuestra galaxia. La ley matemática de los grandes números nos muestra que cualquier suceso, por improbable que pueda resultar, acabará teniendo lugar si el número de ensayos es lo suficientemente elevado. Algo de esto también señalaba Nietzsche - y los pitagóricos muchos siglos antes- en su teoría del Eterno retorno de lo idéntico. 

Sin embargo, a día de hoy -pese al empeño interesado de pseudocientíficos aprovechados como Iker Jiménez y su corrillo de acólitos, cuyo negocio depende de la ignorancia supersticiosa-, no tenemos ninguna evidencia de que esto sea así. Ni señales de radio o de otro tipo, ni restos de satélites artificiales o naves extraterrestres. 

¿Será porque nuestros métodos de observación son inadecuados o imperfectos o, tal vez  -y esta es la propuesta del propio Enrico Fermi, Premio Nobel de Física en 1938-, porque toda civilización tecnológicamente desarrollada está condenada a autodestruirse? 

Cuando Fermi proponía su paradoja, él mismo era testigo de un emergente poder de autodestrucción masivo, desconocido hasta entonces: la física nuclear aplicada a la construcción de la primera bomba atómica. Estaba inmerso en el siniestro Programa Manhattan. Hoy hay armas como para destruir el planeta entero y quienes las manejan no son personas con las que compartiría mi casa. Pero acumulamos ya otras armas de destrucción masiva, la contaminación, la desigualdad extrema y la injusticia. 

Después de siglos siendo esforzados sísifos de lo inútil, pasamos ahora a ser ciegos personajes del Apocalipsis. 

¿Somos nosotros mismos otra civilización autófaga más, engolfada ya en su proceso irreversible de autodestrucción? ¿O, tal vez, ¡sea Gaya quien nos extermina en legítima defensa!? 

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domingo, 3 de julio de 2022

Aromaterapia en Viña Concepción

 "Esa nariz, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que están a nuestra disposición. Es capaz de registrar incluso diferencias mínimas de movimiento que ni siquiera el espectroscopio registra".

(F. Nietzsche: "La razón en la filosofía", 3. El crepúsculo de los ídolos).

 

Flor de la jara negra













Para Nietzsche, que pensaba que su genio residía en su nariz (" Por qué soy un destino ", 1. Ecce Homo), el olfato es un sentido poco valorado, a pesar de ser el más filosófico de todos los sentidos. (Diderot, no obstante, opina en su "Carta sobre los sordomudos" que el olfato es el sentido más voluptuoso, y el tacto el más filosófico). 
Sin olfato, no gozamos de los aromas ni nos defendemos de la sustancias tóxicas, repugnantes o en descomposición. No olemos a nuestros enemigos, ni tampoco las feromonas del amor. Y no apreciamos en toda su fuerza los sabores, pues gusto y olfato se potencian entre sí.
Sierra Morena es conocida por el aroma de la jara negra o pringosa así como por el color oscuro que le brinda este arbusto balsámico, cuyos aceites esenciales son utilizados en perfumería; y sus hojas, de sabor amargo, como condimento de arroces. Es, sin duda, la reina entre las plantas aromáticas que engalanan esta sierra; y el particular olor de sus hojas, vibrante y luminoso como el sonido del piano, le confiere un carácter peculiar, inconfundible. Su flor es también notable con cinco grandes pétalos blancos adornados delicadamente con sendos estigmas violáceos en torno a una refulgente corona amarilla. La interpretación mística de esta elaborada inflorescencia es, como puede verse, fácil de hacer.

Dominando el paisaje, los pinos piñoneros, de poderosas copas y afiliadas hojas, que emanan su portentosa fragancia penetrante y sutil como las notas del violín. Mención aparte requiere su resina, que huele a siesta y a incienso. El pino es, tras la jara, el segundo concertino en la amanecida serrana.

Les acompañan el romero, el tomillo y el cantueso, de fragancias cálidas y aterciopeladas  como los vientos madera de la orquesta. Y otras hierbas y arbustos de sonoros nombres y aromas discretos, como la manzanilla, el enebro, el jaguarzo, la melisa toronjil, el orégano, el matagallo, la mejorana y el hinojo. En la ribera de La Parrilla, poblada de brillantes adelfas y pródigas zarzamoras, los refrescantes marrubios mentastros irradian desde la umbría cárcava sus mentoladas y sanadoras esencias de bajo continuo. Y, por fin, junto a la casa, la plateada salvia, de uso ritual en culturas indígenas; la animosa hierbabuena y el sencillo jazmín, de alegre porte y delicado y serenante perfume, como un lieder de Shubert, hacen el resto, cerrando la sobresaliente armonía de esencias serranas.

Estos aromas, que atemperan nuestros ánimos y purifican sangre y pulmones, juegan un papel importante en nuestra vida emocional.

Desde las terminaciones nerviosas olfativas, los odoríficos mensajes se dirigen al sistema límbico, sede inconsciente de las emociones. Activan así respuestas emotivas  y despiertan remotos recuerdos dormidos en el hipocampo. Nos alertan o nos atraen, nos hacen huir, abrazar o atacar. El olfato es un sentido esencial para la vida, más de lo que suponemos.

La sanación por los olores es práctica arcaica, desde la ancestral aromaterapia, tan antigua como la civilización, a la moderna aromacología o neurociencia del olfato, que nos muestra sus miríficos efectos en los biorritmos, y en la remisión del estrés y la ansiedad.

Sanadores y lenitivos que alegran nuestros días y nos acompañan en el descanso nocturno cuando la sierra respira con nosotros.

"Mens sana in corpore sano". La sentencia de Juvenal alcanza en este oloroso vergel todo su sentido con cada nuevo amanecer o caída de la tarde.

VIÑA CONCEPCIÓN (SIERRA DE ANDÚJAR

FILOSOFÍA Y LAICISMO