domingo, 14 de noviembre de 2021

El Instituto, seis años que cambiaron mi vida. Pero, ¿fue a mejor?

Todas estamos de acuerdo en que el tipo de enseñanza que se imparte en los Centros de Enseñanza Secundaria es esencial para nuestra formación humana como personas y como ciudadanos o sujetos políticos.

Decía Jardiel Poncela que uno no es de donde ha nacido, sino de la ciudad donde ha estudiado la secundaria. Sus palabras ponen de relieve la importancia excepcional de estos años en la construcción de nuestras ideas, principios, amistades y relaciones, o en el descubrimiento de la sexualidad, y de sentimientos tan importantes como la amistad o el amor de pareja.

El criterio de los que han pasado recientemente por esta experiencia es esencial para reflexionar en torno a las luces y las sombras del sistema educativo español en esta etapa tan crucial.

Le he pedido a vari@s ex alumn@s de secundaria que pongan por escrito sus experiencias vitales y académicas de ese periodo de tránsito de la niñez a la edad adulta, que cuenten lo mejor y lo peor de esos años de Instituto, así como también lo que, en su opinión, debería cambiar en los centros educativos para los años venideros.

Dicha reflexión puede abordarse desde múltiples aspectos. Entre otros:

-Contenidos estudiados, metodología empleada por el profesorado, criterios e instrumentos de evaluación aplicados, optatividad en el currículo. Las enseñanzas artísticas, de la filosofía y la ética, o de las lenguas clásicas. La enseñanza de aspectos prácticos para la vida (educación emocional, formación alimentaria, hábitos saludables, etc.).

-Gestión de los Centros: ¿Son útiles y democráticos los órganos de gestión de los centros?, ¿Se facilita la participación del alumnado y/o de las familias en la toma de las decisiones?, ¿Existen vías adecuadas para la evaluación y/o la crítica del sistema por parte del alumnado y/o sus familias?

-Atención a la diversidad: El modelo integrador que persigue la igualdad de oportunidades para todas es uno de los signos de identidad de la escuela pública frente a la red de escuelas privadas o concertadas, a menudo segregadoras. La diversidad entendida en el más amplio sentido de la palabra (como diversidad funcional, de intereses, de género, de ideología, proyecto vital, posibilidades económicas, etcétera) es una riqueza y una oportunidad, no un problema. Pero, ¿se acoge y facilita adecuadamente esta diversidad en los centros educativos?

-Condiciones organizativas: la ratio en las aulas, la gestión de los espacios (aulas para uso exclusivo de alumnado, la biblioteca, espacios de encuentro, etc.). La orientación profesional del alumnado.  La formación del profesorado. La existencia o no de personal de apoyo (profesionales de la salud física y psicológica, expertos en la gestión de la biblioteca, animadores socioculturales, etc.).

                Pues bien, este es el resultado.



MARÍA JI GÓMEZ MARTÍN 
(Actualmente estudia el Grado de Filosofía en la Universidad de Granada)

Me llamo María Ji, me han pedido que cuente acerca de mi experiencia en el instituto. Con el objeto de darle alguna estructura, lo voy a ordenar cronológicamente.

Durante la ESO pertenecía al “montón”, la niña que sacaba sietes y ochos: no sobresalía por arriba, ni por abajo. Los profesores no necesitaban prestarme atención. Y yo tampoco la prestaba en gran medida; total, no quería nota, porque en la ESO “la media no cuenta”.

Creo que en estos momentos todos íbamos como ovejas siguiendo el camino marcado por el sistema. Nadie sabía realmente qué estábamos haciendo ahí. “Formarnos para tener un trabajo digno en el futuro”, “formarnos como personas, para arreglar la sociedad” nos decían. Sea como fuere teníamos una educación a la que ninguno de nuestros padres o abuelos pudieron acceder de manera tan sencilla, éramos afortunados. Y, aun así, seguíamos sin saber por qué estábamos allí, trabajando por un futuro que nadie nos había dicho en qué consistía.





domingo, 31 de octubre de 2021

¿A quién ofende la filosofía?

            

Museo José Guerrero (Granada)

Por KIKO GARCÍA WIEDEMANN

       Hoy, día de los difuntos, no está de más recordar a ese cadáver llamado filosofía. Algunos querrán creer que sus restos habitan en marmóreos y alambicados panteones, con remates de exquisitos frisos y abundantemente fragados del aroma de las flores más frescas y bellas. Pero en realidad los restos nimios de la filosofía habitan en un humilde túmulo de tierra apenas visible. Y está bien que así sea, porque si los filósofos no han sido humildes (y no lo han sido en abundancia), en cambio la filosofía ha sido el más humilde de los productos que ha fabricado el hombre. No es humilde, como muchos puedan o quieran pensar, porque no produce nada, por esa especie de alejamiento del rendimiento económico, estético o práctico, que con reiterada insania nos inculcan desde muy pequeños (has de ser un hombre de bien, o sea un hombre que produce bienes -materiales, espirituales, etcétera). La humildad de la filosofía radica en su íntima convicción de que no es nada, de que su ambición y anhelo está destinado a la desaparición casi inmediata tras su enunciación. Por eso no pide público, mientras que el resto de las actividades humanas están pensadas, fabricadas y destinadas al público, a que alguien las admire o posea. ¿Cómo se puede poseer la filosofía, dónde la podríamos albergar sin que se escapara inmediatamente de la ilusa cárcel de la propiedad?, ¿qué rendimiento le podríamos sacar a quien es hija de la negación del rendimiento?, ¿qué utilidad podría tener aquello que niega cualquier utilidad?

            Hoy día de los difuntos, ante este pequeño túmulo apenas relevante, se agrupan unos cientos o miles de desconocidos que tampoco quieren darse a conocer ni tan siquiera a sí mismos. Se han reunido sin reunirse porque están en un lugar que no tiene espacio, que vive sostenido en una ilusión difusa y un proyecto que se sabe inacabado, inabarcable, imposible, fatal, al fin. De nuevo y otra vez más, el poder y los poderes (los grandes y los pequeños, los que habitan en la ambición inane de los consejos de administración y de gobierno, pero también aquellos enquistados en la parte más vil y envidiosa de todo ser humano que tan sólo aspira a que nada pueda distraer la única noción y sentido de la realidad pacata) quieren borrar del espacio y de la memoria este pequeño túmulo, quizás para erigir una de esas grandes y útiles obras que tanto y tan inmediatamente benefician a la humanidad.

            Pero, si los filósofos son y han sido vanidosos, lo que sí ha sido la filosofía es caprichosa. O de otro modo: la filosofía es un capricho. Y como todo capricho es un lujo. Pero quizás el único lujo que no genera una economía del lujo, tránsito exponencial de un beneficio sobre un objeto absurdo y ridículo. ¿Fue y es un capricho necesario?, ¿es, en el fondo, el capricho necesario? Sí y no. Si no fuera necesario aún estaríamos asando al calor de una salvaje lumbre un lomo de mamut, y, sin embargo, celebramos en las pantallas y portadas chillonas y en los paladares exquisitos la labor encomiable de los más altos y bajos cocineros, degustamos con refinado deleite cada nueva aportación a nuestros queridos sentidos, que son eso tan inmediato que nadie puede dejar de ser. Pero desde el punto de vista de la ingesta o input calórico, tan necesario, aunque sólo sea para levantar una ceja de asombro, el refinamiento es completamente desechable (como muestra ese rotundo éxito de lo que vienen a llamar dieta paleolítica).

            Un capricho necesario, ¿de qué tipo?, ¿a qué fin? En primer lugar, ya lo hemos indicado, es un capricho solitario, no van los filósofos por ahí (al menos los de verdad, no las mediáticas estrellas de casi cualquier cosa) reclamando la atención del público, haciendo alambicadas piruetas para gozo y disfrute de la vanidad propia y ajena. Es un capricho que les pide el cuerpo, que necesita su propio cuerpo y que, más tarde, ofrecen sin espera de recompensa ni honores a los demás por sí, en algún caso y momento, les fueran modestamente útiles. Todos aquellos que han pensado como filósofos (y que no necesariamente lo han sido) han dejado sus etéreas reflexiones para el disfrute o dolor de los demás. Es una generosidad extraña, a la que no está acostumbrada el mundo que en todo quiere hacer una lista del debe y del haber y que sueña con que la casilla del beneficio salga en números azules.

            Porque pensar es un lujo y querer pensar una ambición desbaratada desde el inicio. Aquí, es cierto, radica uno de los modos de la inquina común hacia la filosofía, pues si todos somos iguales (y los filósofos han luchado como nadie para que tal idea se plasmara en nuestras realidades) todos los pensamientos han de ser iguales (en mérito y capacidad, dirían nuestros tecnócratas al uso) y tanto valor ha de tener el pensamiento de Agamenón (que la verdad no pensaba demasiado) y la de su porquero (que seguramente tenía más elevados y mejores pensamientos que el señorón de su amo). Pero, también al contrario, ¿por qué estos señores tan sesudos reclaman sólo para sí y su labor el digno nombre del pensar y el pensamiento cuando ellos no mandan cohetes a la luna ni inventan vacunas salutíferas donde las haya? Algún filósofo ha dicho (y muchos lo han pensado) que la ciencia no piensa. Cada uno puede desmenuzar la frase con bien le plazca, extraer el sentido o sinsentido que en ella pueda encontrar. Pero lo que sí deberíamos es ir un poco más allá de la afirmación misma y no contestar rápidamente con un sí o un no. Porque de lo que se trata es de saber qué es pensar, o, al menos, de intentarlo. La ciencia (las ciencias) piensa y mucho, y no debe hacerlo mal a la vista de sus resultados (y de sus desastres manifiestos como muestra el horror de tanta muerte cruel e innecesaria como ha provocado su aplicación malsana y salvaje). Además, a poco que conozcamos a algún científico (grande o pequeño, meticuloso o disparatado) nos daremos cuenta de que piensa bien y claro, que es rotundo en lo que sabe y acierta con denuedo. Pero también veremos que hay algo que falta en su pensamiento y eso es el pensar mismo. Si la ciencia, el logro supremo y más inteligente del hombre sobre la tierra, no piensa, ¿cómo podríamos reclamarle al más común de los hombres que lo hiciera? Y esos hombres comunes (científicos, políticos, banqueros, sopladores de vidrio o de cualquier cosa) han decidido de nuevo que el viejo y austero túmulo ha de ser desmantelado. ¿Qué beneficio pueden sacar nuestros hijos de las locuras de esos filósofos?, ¿no habrían de perder el seso como el buen Quijano ante tanta majadería inútil? Y aquí es difícil descifrar si es inútil por majadera o la majadería radica precisamente en su inutilidad. Quizás hay otro modo de solventar esta encrucijada, disparatado, quizás, pero también interesante de transitar: ¿a quién te llevarías a una isla desierta al CEO de la mayor empresa de lo que quieras del mundo o al bueno de Don Quijote? Este sería un buen test para ver la catadura humana de quien lo responda. Nadie podría dudar de la eficacia del CEO a la hora de contabilizar los cocos de las palmeras que nos dieran sombra, ni de su pericia a la hora de repartir las escasas vituallas de las que nos tuviéramos que alimentar. Pero al caer el sol, sentados en la arena de la solitaria isla, serán las locuras del Quijano las que nos saquen de la precariedad absoluta de nuestra soledad, mientras nuestro CEO particular se dedica a perorar sobre como habríamos de organizar la semana en su forma más efectiva y eficiente.

            Son los pequeños CEO’s que habitan en cada uno de nosotros los que no quieren ver ni saber de la filosofía ni en pintura. Y les molesta radicalmente que tanto tiempo y esfuerzo se sepa baldío desde su comienzo. Pero eso la tropa de la filosofía ya lo sabía y desde siempre sospecho que estaba condenada al exterminio. También sabía que no iban a cejar en su empeño y que, aun cuando pudieran borrar el último atisbo del pensamiento del pensar y de pensar el pensamiento, en algún momento y en cualquier rincón un jovenzuel@ miraría las estrellas, el horizonte o la profundidad lejana de un mar tan igual y distinto siempre y empezaría de nuevo la manía del pensar.

            Es un lugar común decir que la filosofía son preguntas y que las respuestas para un filósofo tan sólo son el inicio del peldaño de una nueva pregunta. Son como niños, pues los niños no paran de preguntar. Y qué triste es la vida sin niños, sin la infancia eterna que habita en nuestra memoria más íntima y querida. La filosofía ofende porque el mundo (y los papanatas que lo dirigen) tiene la soberbia admirable del adolescente (que tanto odia ser niño), la resolución práctica del adulto (para el que todo lo de los niños, incluido el juego, es una pérdida de tiempo), y la desesperada convicción de la inutilidad del anciano que ya sólo tiene ojos para su muerte.

            Pero, lo que no saben es que sólo ofende quien puede, no quien quiere.

KIKO GARCÍA WIEDEMANN

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martes, 14 de septiembre de 2021

Lao Tse y el arte de la paciencia

L'infinito

El filósofo chino Lao Tse (siglo VI a. e.), en su libro sobre el Tao (Camino), afirma poseer tres tesoros que guarda con extremo cuidado y vigilancia: la compasión, la sobriedad y la paciencia.

Aquí las traducciones del chino oscilan entre los términos ‘paciencia’ y 'humildad' ("no pretendas ser el primero"). Son, no obstante, dos virtudes emparentadas: el paciente es el que sabe esperar con ánimo sereno; y la espera no es sino un ejercicio de humildad opuesto a la intransigencia de quien desea las cosas en el acto, con el ímpetu insolente y exigente de la inmediatez. El paciente, asimismo, tiene la capacidad de tolerar las adversidades con buen ánimo. Nada más alejado del carácter egoísta e impulsivo del soberbio.

Pero, a pesar de la proximidad entre ambas, prefiero la virtud de la paciencia, pues la humildad está siempre amenazada por la sombra de la falsa modestia, que es la soberbia del pusilánime, y se acaba transformando en resentimiento.

Creo que no tanto la experiencia, cuanto la paciente espera es la madre de la ciencia y de todo conocimiento.
(Antonio Machado lo dice así: "Sabe esperar, aguarda que la marea fluya / -así en la costa un barco- sin que el partir te inquiete. / Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya".)

Compasión en un mundo tan desigual y violento.

Austeridad en un mundo consumista y degradado ambientalmente. ("No hay mayor calamidad -escribe Lao Tse- que no saber cuándo es suficiente. No hay mayor defecto que la codicia. Solo quien sabe cuándo es suficiente tendrá siempre bastante".)

Y, en un mundo tan apresurado, paciencia para, en los avatares, afrontar nuestras limitaciones y también las ajenas.

Ejercitarnos en estas tres virtudes es tarea para toda una vida: "Quien conquista a los demás tiene fuerza; quien se conquista a sí mismo es realmente poderoso".

Lao Tse defiende, asimismo, la pasividad, el "No-hacer" como conquista del sabio: "Pocas cosas bajo el cielo son tan instructivas como las lecciones de Silencio, o tan beneficiosas como los frutos del No-Hacer".

Es la suya una sabiduría de la reflexión, la contemplación y la renuncia al deseo: "El Sabio conoce sin viajar, ve sin mirar, y logra sin actuar." Y "prefiere lo que está dentro a lo que está fuera".
Pero echo aquí de menos la acción social, el paso de la moralidad a lo que se denomina la eticidad.
Frente a esta versión individualista y contemplativa del arte de construir una existencia feliz (el ars vitae), se erigen las grandes morales occidentales, más práxicas y comunitarias. Desde las propuestas ético-políticas de Platón y Aristóteles, al cristianismo, al formalismo kantiano, o a las éticas dialógicas contemporáneas.

Ahí están los consejos de Francesc Ferrer i Guardia, quien, a principios del siglo XX, recomendaba: "Instruíos y seréis libres, asociaos y seréis fuertes, amaos y seréis felices."
Hay cierta coincidencia entre Lao Tse y Ferrer, pues la compasión y el amor forman parte de la misma familia axiológica. Sin embargo, en sus dos primeras recomendaciones, Ferrer introduce una acción rebelde y transformadora de la realidad, tan humanizante y necesaria en opinión de Albert Camus: "Me rebelo, luego existo", escribió en su L'homme revolté. En el 'no' de la víctima, añade, nace la rebeldía universal que nos confraterniza en la dignidad sagrada (por incondicional) y compartida con todos. O todos, o ninguno. La dignidad a nivel moral (como la democracia, a nivel político), no admite excepción.

Construir una sociedad que garantice el acceso de todos a una enseñanza acorde con los derechos humanos y respetuosa con los contenidos científicos; y que, al mismo tiempo, fomente la colaboración mutua, la igualdad y el respeto a la diversidad (que no la competitividad) y eduque en la inteligencia emocional (en especial, en la virtud de la paciencia). Así como en la erradicación de lo superfluo, sabiendo que la felicidad no está en tener muchas cosas, sino en educar el deseo y la voluntad. Es el reto de siempre y también el de hoy.


(Textos de Lao Tse extraídos de "Tao te king". Versión de John C. h. Wu. Traducción de Alfonso Colodrón. Edaf. Madrid, 2011.)


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jueves, 9 de septiembre de 2021

Ateísmo digital

Mi colega asturiano Luis Iglesias Huelga, poeta además de profe, parafrasea a Nietzsche proclamando que "el algoritmo ha muerto y lo hemos matado nosotros" (entrevista en la revista digital Filco.es). 

Aunque, como el Loco en Así habló Zaratustra, llegas demasiado pronto, ¡cuánta razón tienes! Los ateos de ahora rechazamos tener canal abierto en YouTube, o cuenta en TikTok, Facebook, Twitter o Instagram, y nos recogemos en un anonimato sospechoso que despierta recelos por doquier. Lean, si no, lo que escribe el profesor José Antonio Pérez Tapias en su Internautas y náufragos (página 88. Trotta. 2003):

"Ante el auge de la religión digital, quizá tengamos que reactualizar el diagnóstico del desencantado Freud de El malestar en la cultura (en su obra anterior El porvenir de una ilusión, aún pensaba que una humanidad que saliera de su infantilismo psíquico, entre otras cosas gracias a la ilustración crítica proporcionada por la ciencia, dejaría atrás las falsas ilusiones religiosas) acerca de los efectos narcotizantes de la religión, inerradicable por su imprescindible función de estabilización social, realizada gracias a la exitosa combinación en la religión como "delirio colectivo" de la necesaria represión con la compensación de la misma mediante gratificantes ilusiones. Todo hace pensar que en el mundo de la globalización economicista a la que asistimos, el nuevo orden busca su estabilización apoyándose también en el digitalismo como nueva "religión oficial", cuya versión sofisticada como nueva gnosis es la que elaboran las élites iniciadas para expresar sus ilusiones de un mundo armónico, pero que cuenta con su respectiva versión de "platonismo para el pueblo", capaz de llegar a las masas en un formato más aligerado, apto para el consumo, y en todo caso consonante con el ciberimperio que tiene en los Estados Unidos su sede y en Silicon Valley el remoto santuario donde se guardan sus más arcanos secretos. No obstante, también esa "nueva ciudad de Dios" que se construye a base de conexiones telemáticas no deja de alimentar en su seno un insoportable malestar."


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miércoles, 1 de septiembre de 2021

Ediciones Laberinto, psicología y homosexualidad

Transcribo a continuación el escrito que dirigí el día 24 de agosto a EDICIONES LABERINTO. 

Estimados responsables de la Editorial Laberinto:

Soy profesor de filosofía en el IES P. Manjón de Granada. De un tiempo a esta parte, utilizamos su texto de Psicología para 2º de Bachillerato (Autor: Juan Antonio Vela León). He detectado en el mismo algunos contenidos relativos a cuestiones de género (concretamente en lo referente a conductas homosexuales) que considero inapropiados. Quiero hacerles llegar cuáles son dichos contenidos para que reflexionen al respecto y decidan si deben modificarlos en futuras ediciones.

-Libro de teoría:

1.Página 80: Refiriéndose a la impronta o troquelado: “La homosexualidad masculina entre los animales puede tener su origen en una impronta no habitual: los machos con apego hacia otros machos que ejercieron la función de “madre” tienen tendencia a formar parejas con individuos del mismo sexo”. (Se identifica la homosexualidad como conducta atípica originada por una identificación inadecuada del progenitor en los primeros momentos de la vida).

2.Página 94: Refiriéndose a la terapia aversiva: “Los psiquiatras que, todavía hoy, consideran la homosexualidad como una enfermedad que hay que “curar”, proponen esta misma técnica: Martin Sligman la utilizó en los años 60, pero posteriormente reconoció que solo resultaba eficaz para los sujetos que, más que claramente homosexuales, eran bisexuales”. (Considero fuera de lugar que un libro de texto que solo debe contener información científica contrastada, recoja consideraciones acientíficas de la homosexualidad ampliamente rechazadas por la comunidad científica y la O.M.S. -Organización que, como bien se indica en la página 161, “dejó de considerar la homosexualidad como “trastorno mental” el 17 de mayo de 1990 (desde entonces <<Día Internacional contra la Homofobia>>)”.

3.Páginas 140-141: Refiriéndose a las críticas al Informe Kinsey: “Otros estudios posteriores más cuidadosos han arrojado porcentajes considerablemente más bajos de comportamiento sexual atípico (el subrayado es mío): la homosexualidad pasa de un 10% en el Informe Kinsey a otras cifras que van del 1 al 3% en distintas encuestas realizadas para detectar factores de riesgo en la transmisión del SIDA”. (En este caso, se cometen varios errores: 1.Se refiere, de nuevo, a la homosexualidad como conducta atípica; 2.Se vincula la práctica homosexual con factores de riesgo en la transmisión del SIDA; y 3.No se citan las fuentes de esos supuestos “estudios más cuidadosos” que reducen drásticamente la incidencia de las prácticas homosexuales). En la página siguiente, leemos: “Simon LeVay descubrió en 1991 rasgos distintivos claros en el cerebro de los varones homosexuales, concretamente en el hipotálamo”. (Se refiere aquí a un estudio obsoleto y superado por investigaciones posteriores más rigurosas y aceptadas en las ciencias cognitivas actualmente. Se persiste en la idea acientífica de presentar la conducta homosexual como conducta atípica con carácter patológico y con raíces en un supuesto mal funcionamiento biológico) 

4.Página 156: Refiriéndose a los mecanismos de defensa (en concreto, al desplazamiento): “También podemos convertir deseos o impulsos de los que nos avergonzamos en sentimientos que la sociedad valora positivamente (por ejemplo, el deseo incestuoso en amor paternal, filial o fraternal, o la atracción homosexual en amistad y compañerismo)”. (Se vincula la homosexualidad con conductas socialmente rechazadas, como el deseo incestuoso. Asimismo, se presenta la amistad y el compañerismo como actitudes positivas frente a la atracción homosexual).

-Libro de práctica:

Página 74: En el apartado “Trastornos mentales y conductuales” se plantea la siguiente actividad: “Aplica el doble criterio (individual y social) en la consideración o no de la homosexualidad y la adicción al tabaco como trastornos mentales. Saca tus propias conclusiones y exponlas de forma razonada” (Volvemos a encontrar aquí una referencia a la homosexualidad bajo el epígrafe de “Trastorno mental y conductual”, situándola, además, junto a una adicción -el tabaquismo-).

Ruego consideren y revisen la idoneidad de todos estos contenidos.

A la espera de su respuesta, les saluda atentamente.

Ángel Ramírez Medina

Una semana después, no había recibido ninguna respuesta por parte de la Editorial, ni tan siquiera un acuse de recibo. Tras un nuevo escrito donde les anunciaba otras iniciativas y les indicaba la conveniencia de manifestarse ante mis comentarios, he recibido esta respuesta:

 Buenos días, Ángel. Efectivamente recibimos su escrito y lo hemos compartido con nuestro equipo editorial, así como con el autor del libro de texto. Lo tendremos en cuenta de cara a la futura reedición de este libro con la adaptación al nuevo currículo, donde adaptaremos al mismo no solo esta cuestión, sino todos los temas del libro. Le agradecemos mucho sus comentarios y el tiempo que ha dedicado a ellos, así como el uso de nuestro manual para su asignatura. Un saludo.


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sábado, 28 de agosto de 2021

¡Viva la risa!


"Sé serio. Lleva seriedad, solemne seriedad a tu vida, aunque te digan los paganos que eso es ensombrecerla, que la haces sombría y deprimente". Así aconseja Unamuno en un fragmento de su '¡Adentro!', que hube de comentar allá por junio del año 1983 en la prueba de Selectividad que me abriría las puertas de la Universidad en mi soñada Granada. ¡Cuánto gustó aquel texto al joven católico, impetuoso y mojigato que yo era! (transformado en el viejo descreído que vengo siendo a fuerza de vivir en camino; pues quien camina mucho, ve mucho y cree poco).

Yo ya había conocido el poder redentor de la risa en los rostros queridos de mi madre y de mi mejor amigo de la adolescencia, Antonio, poseedor de una risa contagiosa y un humor amable. Pero, muy pronto, ya como estudiante de Filosofía, tendría ocasión de valorar también sus miríficos efectos liberador y sanador de la mano de gigantes de la cultura griega como el comediógrafo Aristófanes o el materialista Demócrito de Ábdera, apodado el Risitas por su cachondeo mental, que tanto disgustaba al solemne Platón. Si a Heráclito, el Oscuro, la estupidez humana le deprimía, al abderita le hacía reír. Representan sendos modelos de sabiduría, aunque siempre haya gozado de mejor prensa el primero. Diógenes, el Cínico, también la empleó como arma de crítica, y mira lo que acabó significando el término 'cínico'.
Filósofos contemporáneos le han prestado atención. Así, Manfred Geier en su "De qué se ríe la gente inteligente" (Editorial Rowohlt, 2006), dedica un capítulo al esfuerzo de Platón por erradicar la risa del ámbito filosófico. Y Gustavo Bueno en "Ética de la risa", enjundioso artículo, expone la que denomina teoría noética de la risa que, a diferencia de la perspectiva noemática, hace consistir su esencia en una relación de la mente consigo misma y no con un objeto externo.
A diferencia de la sonrisa macilenta y beatífica, la risa espontánea y franca, la carcajada, tuvo siempre mala acogida en la caverna. Así lo entendía Eco: el venerable Jorge de Burgos arrojaba el humor y la comedia a las llamas del infierno en "El nombre de la Rosa" porque, con clarividencia,  manifestaba que "la risa mata el miedo y sin miedo no puede haber fe".
La risa, la fiesta y el juego, actividades tan afines como improductivas,  pues no pretenden sino distraer y divertir.
Dichoso sea quien, sustrayéndose a redes, compras y viajes, a ellas se entrega en el tiempo de ocio, tan exiguo ya como elogiado por Lafargue, yerno díscolo del hacendoso K. Marx. Las tres nos hacen confraternizar, crear comunidad; y son, al mismo tiempo, expresión privilegiada del divino acto creador, al decir de Nietzsche, otro acérrimo defensor de la alegría. Su profeta ateo, Zaratustra, exclama: "Yo he santificado el reír. Vosotros, hombres superiores, ¡aprended a reír! "-.
Pero, hay risas diversas. Las hay ingenuas, siniestras y canallas, fingidas y sinceras, sabias e insensatas. Porque, como todo lo humano, reír tiene su lado inquietante, abismal. Lo que las asemeja es que tanto el que ríe, como el que celebra y juega, manifiestan complacencia y una cierta soberanía sobre las circunstancias. Y que son portadoras de feraces semillas de locura y rebeldía bufonesca.
Reír y jugar nos devuelven al paraíso perdido, a un espacio sin normas o, al menos, con otras normas. Actitudes vitales profundamente humanizadoras, aunque no exclusivamente humanas -Jane Goodall nos enseña la risa de los chimpancés, y sabemos que hasta las ratas ríen, gracias a algún neurólogo de Humboldt-. Esto basta para comprender la importancia de la risa como elemento sanador y socializador a lo largo de la evolución de los mamíferos. La risa es contagiosa porque activa nuestras neuronas espejo, pendientes siempre de nuestros semejantes para que gocemos con su placer y sintamos su dolor.
Pero que sigue siendo muy necesaria ahora, tanto frente a la compostura formal exigida en contextos como el laboral y el académico; cuanto ante ese producir-consumir-comunicar perpetuo en el que nos quieren engalgados de la mañana a la noche, en el trabajo y en el ocio, los poderes sin alma del gran mercado on line en que sobrevivimos.


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La filosofía pedante y la risa

 Les Luthiers nos ofrecen en esta actuación un excelente ejemplo de humor filosófico: DILEMA DE AMOR




https://www.youtube.com/watch?v=p9ZdeARKTzE