Magnífico artículo de Javier Marías en El País Semanal (19/febrero/2012) donde analiza la perversión de valores cristianos (¿?) en la derecha política: Escuela de inmisericordes
domingo, 12 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
La Iglesia católica es una contradictio in terminis en sí misma. Nos ofrece multitud de oxímoron como esos portales de Belén con figuritas de rostro humilde acogidas en un pobre pesebre, y adosados a fachadas de suntuosos palacios arzobispales poblados por clérigos untuosos que lideran compañías financieras e inversiones internacionales. Pero la galería de ejemplos de oxímoros católicos es muy amplia: una virgen madre o un cura filósofo. ¡Qué poco respeto a la inteligencia!
DEMOCRACIA Y MODESTIA (Albert Camus)
He aquí el regreso. Vamos a reanudar las negociaciones, las mercaderías y las disputas. Los mismos problemas que nos exceden desde hace dos años nos conducirán al mismo callejón sin salida. Y cada vez que una voz libre pretenda decir, sin pretensiones, lo que piensa, una armada de perros guardianes de todo pelo y color ladrará furiosamente para ocultar su eco.
Nada de todo esto es agradable. Afortunadamente, cuando no se albergan sino esperanzas razonables, se siente el corazón fuerte. (…) Repitamos, pues, con tranquilidad y firmeza, con esta inalterable ingenuidad que nos suelen atribuir, los principios elementales que consideramos los únicos capaces de hacer aceptable la vida política.
No hay, tal vez, buen régimen político, pero la democracia es seguramente el menos malo. La democracia no se separa de la noción de partido, pero la noción de partido puede funcionar muy bien sin la democracia. Esto sucede cuando un partido o un grupo de personas se imagina detentar la verdad absoluta. Es por esta razón que el Parlamento y los diputados necesitan hoy una cura de modestia.
Todas las razones de esta modestia están muy bien reunidas en el mundo de hoy. ¿Cómo olvidar que ni la Asamblea nacional ni ningún gobierno poseen los medios de resolver los problemas que nos acosan? La prueba de ello es que ninguno de esos problemas ha sido abordado por los diputados sin que disputas internacionales salieran a la palestra. (…) Está claro que el papel del Parlamento y del gobierno no puede ser, por ahora, más que un papel de administración y que los países, en fin, son interdependientes.
Lo principal sería reconocerlo, extraer las consecuencias convenientes e intentar, por ejemplo, definir en común el orden internacional sin el cual ningún problema interno podrá ser jamás resuelto en ningún lugar. Esto otorgaría a los diputados y a los partidos un poco de esa modestia que hace las buenas y las verdaderas democracias. La democracia, después de todo, nos obliga a admitir que un adversario puede tener razón, a dejarle expresarse y a aceptar reflexionar sobre sus argumentos. Cuando los partidos o las personas se encuentran tan persuadidos de sus propias razones como para decidir cerrar la boca de sus oponentes por la violencia, entonces la democracia no es democracia. (…) Por otra parte, las democracias particulares serán sólo aproximativas en tanto el orden democrático internacional no sea realizado (…) Y este orden, para ser democrático, debe renunciar a los recursos de la violencia.
Estas son, ya se entiende, consideraciones voluntariamente inactuales.
Albert Camus, Combat. Febrero de 1947. (La traducción es mía)
ÉTICA EMPRESARIAL
En general, nuestros responsables políticos hablan muy poco de ética empresarial cuando, en mi opinión, debía hablarse de ello tanto o más de lo que se habla de la necesidad de hacer recortes en los salarios o en las plantillas para ayudar a nuestros empresarios a salir de la presente recesión económica.
En España falta una tradición empresarial y buena parte de culpa de la actual crisis la tiene un empresariado carente de los valores elementales que hacen posible el sostenimiento de cualquier sociedad. Me refiero a la veracidad a la hora de aportar datos, hacer balance y mantener la palabra dada; o la honestidad en las transacciones y en el cumplimiento de sus obligaciones; o bien, el respeto a los derechos del trabajador que es quien aporta lo mejor que posee la empresa (su capital humano).
Cualquiera de nosotros conoce casos de empresas que funcionan bien y rentan beneficios sustanciosos a sus dueños (similares o, en algunos casos, mejores que en los años previos a la crisis) y que, sin embargo, han aprovechado la circunstancia actual para reducir sus plantillas o castigar severamente a sus empleados en lo que se refiere a su horario laboral o a sus salarios. Y no hablamos ya de grandes corporaciones, sino de pequeños o medianos negocios en la hostelería o el comercio.
QUERIDOS AYATOBISPOS
(Maruja Torres. El País, 5 de febrero de 2012)
martes, 17 de enero de 2012
¡Qué hartazgo de crisis! Nadie niega que existen signos de cambios profundos (porque eso significa la palabra 'crisis') en la realidad social, política y económica. Pero tampoco recuerdo ningún año en que, de una u otra forma, no se hablara de ello. Es así porque el miedo (el mayor enemigo de la felicidad, Lucrecio dixit) es la coartada de los poderosos para aplicar lo que ellos llaman 'ajustes': reducir sus derechos y su nivel de renta a quienes tienen menos para ellos tener más aún. Pocos recuerdan ya el gran fiasco de la gripe aviar y la gripe A, anunciadas como apocalípticas. A algo había que temer. Luego vino la tempestad económica que ahoga al continente europeo. Es un dato a tener en cuenta que esta crisis, jaleada con mórbido entusiasmo desde las grandes agencias americanas de calificación de riesgos y cacareada con estulticia por los gobernantes y sus medios, se esté cebando justamente en el único reducto mundial donde cupo hablar alguna vez de un cierto estado de bienestar (educación y sanidad gratuitas y universales) y de un reparto menos desigual de la riqueza; en la cuna de la democracia y las revoluciones ilustradas y liberales. ¿Qué quedará en pie de todo esto, madre, cuando la crisis pase?
Quienes ahora nos abruman con sus cifras alarmantes y con sus "dolorosas e inevitables ajustes", es decir, expertos y políticos, callaban entonces (sospecho que por supina ignorancia). Pero cualquier ciudadano de a pie intuía (ejerciendo el cartesiano sentido común) que era insostenible una economía basada en la especulación sin límite y el ladrillo. Y sucedió lo que todos, salvo ellos, vimos venir. Era sólo cuestión de tiempo. La bomba les estalló en las manos, pero pronto vieron en ella oportunidades de negocio, y ahora la fiesta está orquestada y dirigida. Nada se ha dejado a la improvisación.
Esos mismos políticos y economistas van a sacarnos ahora del fango en que nos metieron y que no supieron ver, aplicando las mismas medidas que exigen lo que llaman los mercados: bancos, agencias y grandes empresas que, como nosotros sabemos, son la causa prima del problema.
Los asalariados ejercen ahora el papel que otrora tocó a los untadores, esa figura maldita en que incompetentes gobernantes medievales colgaban todos los sambenitos, todas las culpas imaginables de los males sociales. Pero, que se sepa, aquí sólo se han untado los magos de las finanzas y algunos empresarios y políticos sin escrúpulos.
Mejor harían oyendo el clamor de la ciudadanía indignada que exige impuestos para los que más tienen, tasas a las transacciones económicas internacionales, transparencia a la banca (ese gran sumidero de dinero público que acaba convertido en primas y pluses para sus directivos), defensa a ultranza de los derechos de los trabajadores , la mayor riqueza de cualquier economía; es decir, salarios dignos, jornadas razonables, contratos con garantías y protección social. En definitiva, más democracia y más Estado.
Y, hablando de silencios, ¿a qué esperan los sindicatos europeos para convocar huelgas y manifestaciones unitarias en todo el continente? Pronto el diálogo, las manifestaciones y las huelgas pueden ser ya inútiles o simplemente inviables. ¿Alguien recuerda la lucha obrera?
CARTA DE ADIÓS A ZAPATERO
Vendrán más años malos y nos harán más ciegos (R. Sánchez Ferlosio)
Que en las pasadas elecciones quien representa en España las políticas neoliberales (máxima libertad de mercado a costa de recortes en derechos y en medidas de igualdad y justicia social), es decir, el PP, haya obtenido mayoría absoluta me resulta doloroso. Pero me lo parece aún más algo que el resultado electoral ratifica: el daño infligido por el PSOE a la izquierda.
La historia reciente se repite. En 1996, el PSOE arrastraba un lastre de nepotismo (caso Juan Guerra), corrupción (Roldán o Rubio, entre otros), renuncia a principios (escuela concertada, ingreso en la OTAN) e incluso despotismo y autocracia (caso GAL) tan insoportable, que entregó el poder en bandeja a un Aznar que no tuvo que despeinarse siquiera. Ahora Rajoy, el que fue su delfín, tampoco se ha quebrado. Su única estrategia ha consistido e
n esperar, bien calladito, la caída del gobierno como fruto podrido.
Los logros sociales de estos ocho años de Zapatero, que se iniciaron con la salida de nuestras tropas de Irak, son evidentes: mejora de las pensiones mínimas, ley de matrimonio homosexual, de dependencia, contra la violencia de género, incremento de becas, de la ayuda al desarrollo, de los presupuestos de educación, de las partidas destinadas a la construcción de VPO… Pero los deméritos también son muchos. Y lo que más pesar me produce es ver que lo que ya se atisbaba recién cumplidos los cien primeros días de gobierno (cuando no se podía echar mano de la crisis como excusa para todo), haya acabado por constituir una manera de gobernar desoyendo las demandas sociales de mayor transparencia y participación, de mejor protección social, de hacer pagar la crisis a quienes más tienen o de más laicidad. ¿Dónde quedó, por ejemplo, la ley de libertad de conciencia prometida?
Traigo como prueba de lo que digo, una carta que dirigí a la Moncloa en julio de 2004, sólo tres meses después de la primera victoria del ahora presidente cesante.
He aquí mi ya lejana carta a Zapatero:
Señor Presidente, tengo la ingenuidad y la osadía necesarias para dirigirme directamente a usted, sin intermediarios. Aunque dudo que esta carta llegue a sus manos, de sus palabras colijo que para usted, a diferencia de lo que ha ocurrido estos años, la opinión de un ciudadano cuenta.
Soy profesor de filosofía en un Instituto de Granada, miembro fundador de la Asociación Pi y Margall por la Enseñanza Pública y Laica; y, ante todo, un ciudadano convencido de que sobre la democracia española pesa aún una hipoteca religiosa que fue cerrada en falso durante la transición. Felipe González pudo resolverla desde sus mayorías absolutas, pero no lo hizo. Alguien de su partido me dijo, con ocasión de una visita al Parlamento Andaluz, que con la Iglesia se llegó hasta donde se pudo. Creo que no fue así, que más bien pesaron cálculos relativos a réditos electorales.
En el verano de 2001, mi Asociación, junto con Europa Laica, organizó en Motril (Granada) el Primer Encuentro Nacional por la Laicidad en España. Nos movía el propósito, compartido por otras asociaciones hermanas, de recuperar para el debate público y hacer realidad el valor de la laicidad, tan querido en otros tiempos por la izquierda española. En este encuentro estuvo presente Dionisio Llamazares, ex director general de asuntos religiosos. La llama prendió y ha tenido continuidad en un Segundo y Tercer Encuentros celebrados en Barcelona y Albacete, respectivamente.
Pero el principal motivo de mi escrito es expresarle cómo sentí defraudadas las esperanzas que en mí sembraron sus reiteradas referencias a la laicidad durante la campaña electoral. La decepción llegó pronto, desde la toma de posesión de los miembros de su gobierno y de usted mismo, que prometieron ante una Biblia y un crucifijo, como en los viejos tiempos. Después vino su visita al Papa del pasado 21 de junio, cuando aseguró que los Acuerdos con el Vaticano (considerados anticonstitucionales por alguien tan cualificado como el profesor Peces Barba) no iban a ser revisados. Y por fin ayer, día 25 de julio, le vi entrar en la catedral de Santiago en procesión cívico-religiosa. Creo que muchos ciudadanos españoles pensaron, como yo, que a estas alturas no nos merecemos la humillación de escuchar a un Arzobispo dirigir a nuestro más alto representante político, palabras de condena a cuenta de la regularización de las parejas homosexuales o la ampliación de la ley del aborto. Y que éste ni siquiera pueda replicar.
España, señor Zapatero, no puede permitirse por más tiempo carecer del derecho a una laicidad real. Para vigorizar y regenerar nuestra democracia es imprescindible realizar ya una separación efectiva entre el poder religioso y el poder civil que, en esencia, como usted bien sabe, es laico. Y hacerlo no sólo en el fondo, también en las formas, que tanto cuentan.
Para el próximo invierno ha anunciado las nuevas medidas que sustituyan aquellos aspectos de la LOCE (Ley Orgánica de Calidad de la Educación) que su gobierno ha dejado en suspenso. Sólo cabe una solución justa: que las religiones queden fuera del currículum y, por ende, del horario escolar, pues sólo así la libertad religiosa de unos dejará de suponer una servidumbre para el resto. Todo lo que sea volver al sistema anterior supondrá hacer concesiones a la jerarquía eclesiástica, injustificables desde una acción de gobierno autónoma. Una nueva regresión confesionalista en la escuela sería asentar, de manera tal vez definitiva, el estatus tradicional de la escuela como marco privilegiado para el adoctrinamiento de niños y jóvenes.
Como algunos destacados miembros de su partido, estoy convencido de que el laicismo constituye un buen termómetro para calibrar la salud democrática de un pueblo.
Con mi mayor consideración y respeto.
(Granada, 26 de julio de 2004)
martes, 22 de noviembre de 2011
Resultados Elecciones Generales 2011
Sin embargo, la alta abstención y la ley d'Hondt facilitan la mayoría absoluta de la derecha
(El voto del descontento se divide o se queda en casa)
-Total de votantes censados: 34.301.332
-Votos emitidos: 24.590.557 (71,69 %). (En 2008: 75,32 %)
-Abstenciones: 9.710.775 (28,31 %). (En 2008: 24,68 %)
De los votos emitidos:
-Nulos: 317.886-En blanco: 333.095
Como se ve, el porcentaje de abstenciones ha aumentado en casi un 4 % respecto a las últimas elecciones generales de 2008. Este incremento sostenido no preocupa a los mercados y creo que tampoco mucho a los dos grandes. Pero alguna relación debe tener ese incremento de ciudadanos desafectos que dan la espalda al sufragio, el que denominan 'acto supremo' de la democracia, con el injusto reparto de escaños que podemos observar (ver datos debajo del gráfico).
Nuestro sistema proporcional, inspirado en el dichoso método ideado en 1878 por el jurista belga Victor d'Hondt, es, en realidad, muy poco proporcional. En la transición fue adoptado como sistema de reparto para contentar a los partidos nacionalistas vascos y catalanes. Esta decisión que, como otras que se adoptaron entonces, tenía carácter provisional, resulta ahora difícil de modificar porque los beneficiarios se han acostumbrado a lo bueno. En efecto, la Ley d'Hondt hace que partidos nacionales como IU y UpyD, con 1.680.810 y 1.140.242 votos, respectivamente, alcancen sólo 11 escaños el primero, y 5 el segundo. Sin embargo, un grupo nacionalista como CIU, con 1.014.263 votos, obtiene 16 escaños; por su parte, Coalición Canaria con 143.550 votos, tiene 2 escaños. Hay casi tantos votos nulos (317.886) como los recibidos por Amaiur (333.628) que contará con 7 escaños.
Por cierto, en las elecciones generales de 2008 el partido ganador (PSOE) obtuvo 11.064.524 votos, que son 233.831 más de los cosechados en estas elecciones de 2011 por el Partido Popular, al que nuestra ley electoral ha otorgado una sobrada mayoría absoluta de escaños en el Parlamento, a diferencia de lo que ocurrió entonces con el partido de Zapatero. La razón es que en aquellas elecciones hubo más participación y el voto estuvo más concentrado aún en el bipartidismo.
En el siguiente gráfico apreciamos la escasa distancia que separa hoy a los abstencionistas del partido ganador: son 1.119.918 votos. Ateniéndonos al sistema d'Hondt, al PP le corresponderían sólo 5 escaños más que a un imaginario Partido Abstencionista. Como es lógico, éste dejaría vacíos los muchos escaños que en cada elección le fueran otorgados.
Gráfico con porcentajes sobre el total de votantes censados (no sobre los votos contabilizados)
-PINCHAR EN LAS IMÁGENES-
REPARTO DE VOTOS Y ESCAÑOS
miércoles, 5 de octubre de 2011
¡No es esto, no es esto!
So pretexto de lo que Miguel Ángel Aguilar denomina la IHR (Insoportable Herencia Recibida), el gobierno entrante ─el que entre y cuando entre─, dirá que nada puede hacer más que seguir aplicando las recetas que le dictan los mercados a través de sus voceros: el Banco de España, el Banco Central Europeo o el FMI ─qué más nos da uno que otro─. El gobierno en ciernes de Castilla-La Mancha, popular y recién salido de las urnas, ya apunta maneras: dice no saber si podrá hacer frente siquiera a las nóminas de los 70000 funcionarios públicos. Algo parecido afirmó su majestad catalana Artur Mas, quien, a la vez que se aprestaba a adelgazar la sanidad pública, hallaba recursos para suprimir el impuesto de herencias y sucesiones que no beneficia a todos por igual, como afirman, sino con notable diferencia a quienes más tienen. Las arcas públicas catalanas dejarán así de ingresar muchos miles de euros.
Zapatero, pecando por omisión, ha sido incapaz de gravar las grandes fortunas y ha tardado un año en arbitrar topes a los bonus para directivos de los bancos ─no sin antes recibir un vergonzante tirón de orejas de la conservadora Europa─ . Son los mismos que salieron a flote de su crisis con nuestro dinero, que ahora necesitamos para pagar sus condenadas hipotecas. Zapatero, pecando ahora por acción, suprimió el impuesto de patrimonio desde el 1 de enero de 2008, llevando con ello la alegría a las grandes fortunas y un agujero de más de 9.000 millones de euros a las arcas públicas en los últimos tres ejercicios. Ahora, profundizando en sus políticas sociales, acaba de aplicar reformas que permiten a un empresario reducir su plantilla si prevé pérdidas el día de mañana, aunque se esté forrando el día de hoy. Véase el caso de Telefónica, esa empresa que no hace mucho era pública y que Aznar terminó de vender por el módico precio de 4000 millones de € ─equivalente a lo que ahora renta a sus dueños en solo seis meses─ consiguiendo con ello que sus pingües beneficios reviertan en unos pocos y que, el resto, padezcamos las tarifas telefónicas más abusivas de Europa. Y, para terminar la faena, esta multinacional incrementa el número de parados, nuestros parados, en unos pocos miles.
Es fácil imaginar ahora qué recetas anticrisis aplicarán los que vienen: nuevos ataques a lo público. Entre otros, rebaja y congelación de funcionarios, o sea, de médicos, bomberos, limpiadores, policías o maestros ─abandonemos ya la manía de pensar en chupatintas incompetentes cuando alguien mienta al funcionario─. (¿Y si esos tres millones de servidores públicos iniciaran una huelga general, pero no de un día como las que vienen convocando los grandes sindicatos para recordarse a sí mismos su glorioso pasado, sino de las de verdad: una huelga indefinida?).
Urge una revolución ciudadana, pacífica pero a fondo. Si la francesa lo fue contra la monarquía (l’Ancien Régime), el tirano ahora son los mercados con sus soflamas de libertad que es libertad total para sus mercancías, que no para personas. (Lejos queda el artículo 13 de la Declaración Universal que garantiza el derecho de toda persona a circular libremente).Es el imperio de la fuerza, la ley de la selva, la del más fuerte; lo de siempre: el pez grande se come al pequeño. Los pezqueñines, o sea, todos los ciudadanos de a pie, paganos de la crisis, abandonados a su suerte, que seguro será mala si seguimos en manos de los berlusconi, los strauss-kahn o las merkel (esa que miente sin escrúpulos al afirmar que en España trabajamos menos y nos jubilamos antes que en Alemania).
Pero nuestros grandes partidos son lugartenientes de ese Ancien Régime, con la diferencia de que uno no dice lo que piensa, pero lo hace; y el otro parece pensar lo que dice pero no lo hace; lo que, a la postre, viene a ser lo mismo (o casi). Da la impresión de que hubiesen alcanzado un pacto tácito de alternancia en el poder, como lo hicieron conservadores y liberales en tiempos de la Restauración canovista, con sus pucherazos y su caciquismo. Esta partitocracia que padecemos es más de esa época. No pueden ofrecer nada nuevo a un mundo que es totalmente otro después de la última revolución tecnológica y la democratización radical del conocimiento y la información que ha traído consigo.
Esta generación es la mejor preparada de nuestra historia, y no es boba, no se resigna, sabe organizarse y exigir lo que es suyo. Pero no espero ver a ningún gobernante sentarse con los jóvenes que están en la plaza, en el ágora -ἀγορά, asamblea-, pidiendo que les escuchen antes de que sea demasiado tarde.
jueves, 21 de julio de 2011
FÚTBOL Y POLÍTICA
El panorama político español corre ya paralelo al futbolístico. Las elecciones son finales de copa que encienden pasiones y apagan razones. Se es de un club (¿se nace?) y se permanece fiel al equipo de nuestros amores pase lo que pase, así caigan chuzos de punta (vale decir, así se pierda hasta en los entrenamientos; vale decir, o lo presida un coleccionista de imputaciones judiciales o un jeque de más que dudosa moral). También los dos grandes partidos cuentan con sus fieles seguidores que acuden obedientes al Congreso, al Senado o a las urnas, aunque vayan en la lista de convocados ineptos que llevan meses sin marcar un gol, o incluso marcándolo siempre en propia puerta.
Se aplaude a Rajoy como se jalea a Ronaldo: son de mi equipo y eso basta. Lo que cuenta es la militancia partidista pues en un campo no se esperan argumentos ni coherencia, sino goles y espectáculo.
Hay un grupo de ciudadanos que, hartos de entrenadores y hooligans, se alejan de los campos del sistema y pasan a engrosar la lista de abstencionistas que aumenta en cada encuentro (Portugal: elecciones presidenciales de enero 2011, un 53 %; Francia: elecciones cantonales de marzo, un 55 % ─ya son más los que dan la espalda─), pero eso no parece inquietar a los directivos (adornados siempre por una cándida sonrisa; a veces, por una hermosa tripa, y, también siempre, por una abultada cartera).
Los dos grandes salen al terreno de juego confiados en sus respectivas aficiones. Si pierden el próximo encuentro, caerá algún mister, pero su séquito de fieles les acompañará en la travesía del desierto hasta la próxima final. Los dos grandes saben que si dejaran un hueco a los más pequeños, la liga sería más interesante y algunos se sumarían a la fiesta… pero a costa de amargársela a la larga. Sólo habría que modificar las reglas de juego que huelen a naftalina, pues se aprobaron antaño cuando la ilusión todavía contagiaba a muchos. Acabábamos de salir entonces de largos años de partidos amañados en los que casi nadie confiaba y cualquier cosa iba a ser mejor que eso. Pero ahora no basta con lo que nos ofrecen y por eso cada vez son más los que no quieren participar.
Si no hay otra respuesta que la socorrida y eficaz “fútbol y telebasura” (la nueva versión del panem et circenses) estas democracias heridas pasarán pronto al panteón de los viejos mitos… del fútbol.
La Vanguardia (20/04/2011)
miércoles, 20 de julio de 2011
Educación: críticos y derrotistas
En los siempre jubilosos días de comienzos del verano, recibo el último número de la revista Alfa (nº 24-25) de la Asociación Andaluza de Filosofía, número de homenaje a Pedro Cerezo, al que yo también me sumo.
Encuentro en la revista sendas reseñas a dos libros de Penalva Buitrago sobre el sistema educativo español (Claves del modelo educativo en España y Cartas de un maestro). Las firma José Antonio de la Rubia, subdirector de dicha publicación. Y son sus opiniones las que quiero comentar.
Vaya, antes que nada, la expresión de mi afecto y reconocimiento por su labor en la AAFI. Es precisamente por ello que quiero manifestar mi desacuerdo con la mayoría de las afirmaciones que, al hilo de su lectura de esos libros, vierte sobre la situ
ación actual de la educación reglada en nuestro país.
En general creo que debemos ser muy precisos al reflexionar sobre la educación, un proceso a la vez tan complejo y esencial para la sociedad. Si bien no comparto la defensa a ultranza de la farragosa legislación educativa (desde la LODE de 1985, pasando por la LOGSE, la LOPEG, la LOCE, la LOCFP hasta llegar a la LOE de 2005, son ¡seis leyes orgánicas!, además de una miríada de leyes autonómicas, órdenes y decretos) o de las directrices pedagógicas que la inspiran, tampoco me parece acertado su rechazo global sin reconocerle acierto alguno. Por otra parte, a la hora de buscar responsables de las deficiencias en la formación de nuestros alumnos y alumnas, tan descabellado es apuntar todo el debe a los docentes como a los padres, a los alumnos o a la administración. Todos tenemos algo que decir y hacer para mejorar y todos tenemos algo que ver en los éxitos y los fracasos del sistema.
Así creo, por ejemplo, que últimamente la escuela ha ganado en autonomía. Determinados proyectos (bilingüismo, bibliotecas, deporte, coeducación...) se llevan a cabo en unos centros y no en otros. Son también los propios centros quienes establecen sus criterios de evaluación o sus finalidades educativas en función del contexto en que ejercen su tarea formativa.
Y también considero un logro de nuestro sistema educativo la comprensividad y extensión de la escolarización hasta los 16 años, pareja al incremento de la edad mínima de incorporación al mercado laboral. Lo que ya no me parece bien es que, de facto, no existan apenas salidas para aquellos alumnos que no desean seguir el itinerario mayoritario, es decir, el de la ESO. En realidad, la norma sí contempla alguna salida (la diversificación curricular o los PCPI) pero su aplicación efectiva en los centros es muy deficiente como ahora veremos.
Muchos institutos no ofrecen en absoluto esa segunda alternativa que puede ser la más adecuada para esos alumnos que, ya con 15 años (edad permitida para ingresar en ellos), ni estudian ni dejan estudiar. Que todos los centros ofertaran como mínimo un PCPI y un ciclo de Grado Medio resolvería muchos problemas. Pero ello exige un esfuerzo inversor que ninguno de los dos grandes partidos están dispuestos a hacer (compárense los porcentajes en inversión educativa en comunidades como Andalucía, 4,89%; o Madrid, 2,46 %, en relación con la media europea, un 5%; que también es inferior al que se invierte en países con buenos resultados académicos como Finlandia).
Éste es un ejemplo de cómo a veces lo pernicioso no es la norma sino la aplicación cicatera de la misma. Otro ejemplo lo tenemos en el modo en que se confeccionan los grupos, una responsabilidad que atañe a los propios centros educativos. Los criterios para formar dichos grupos sólo pueden ser de carácter formativo (itinerarios elegidos por los alumnos en función de la optatividad). No pueden considerarse razones de otra índole como el favorecer la elaboración de los horarios del profesorado. A veces se confeccionan los grupos con criterios expresamente prohibidos como la elección o no de la religión católica (esa lacerante presencia de la catequesis, sea católica, judía o musulmana; que resta tiempo para la formación científica y en valores comunes, y que ni socialistas ni populares están dispuestos a corregir).
En otras ocasiones, la única pauta que se considera son los resultados académicos: se forman entonces grupos de alumnos “excelentes”. La consecuencia es que también habrá aulas con alumnos de muy bajo rendimiento que, además, suele ser un alumnado que presenta problemas de comportamiento. Esto hace que se creen guetos en los que, efectivamente, resulta imposible dar clase, pues los problemas de convivencia se multiplican. Esta realidad se ha visto favorecida últimamente por la introducción de la educación bilingüe para determinados alumnos (cuya concepción me parece interesante pero cuya ejecución, una vez más, deja que desear). Se generan de este modo graves exclusiones en el seno de la propia escuela pública.
Cuando a un profesor o profesora le toca impartir clase en uno o varios grupos con esas características (normalmente a los interinos o a los que llegan en último lugar), es muy probable que acabe el curso con el síndrome del profesor quemado. La responsabilidad aquí, en mi opinión, es, mayoritariamente de los propios centros.
Algo similar puedo afirmar respecto a la formación de los grupos de diversificación curricular, pensada para alumnos con 15 años y un perfil muy definido. Se trata de apoyar a aquellos alumnos que, por causas diversas, se encuentran con dificultades importantes para ir superando la ESO, pero que desean alcanzar el título de Graduado, muestran interés y ponen empeño en ello. No son, pues, los alumnos revienta clases. Sin embargo, se aprovecha a veces esta prerrogativa legal para recluir en ellos a los alumnos de conducta más problemática, con lo cual la medida (bien diseñada en principio), pierde toda su eficacia y nos acaba perjudicando a todos.
Se refiere el autor de la reseña a lo que denomina el “endiosamiento de la innovación frente a la tradición, la democracia y la participación frente al autoritarismo, el trabajo en grupo frente al individualismo, la igualdad frente a la jerarquía, la estructura en red frente a la piramidal, la inclusión frente a la segregación, el universalismo frente al clasismo, la diversidad frente a la uniformidad, lo flexible frente a lo inmutable, el ordenador frente a la tiza, el juego frente al esfuerzo.”
En esta contraposición de términos que se establece no creo que se pretenda decir que los primeros términos de la oposición representan al nuevo sistema (el malvado) y los segundos al antiguo sistema (que funcionaba mejor). Porque ya me dirán qué sería de la educación sin innovación, democracia, participación, trabajo en grupo, igualdad, inclusión, universalismo, diversidad y flexibilidad.
Además, se atribuyen al 'antiguo régimen' valores que no sólo siguen presentes sino que incluso se han potenciado con las últimas normas aprobadas. Así, la figura del director (tanto en lo que respecta a su elección como a sus competencias) se ha visto potenciada en el último ROC. Se le concede ahora una capacidad sancionadora de la que carecía, así como un poder de decisión relativa tanto a la sustitución del profesorado como a la determinación del perfil de algunas plazas docentes. Pero es que, además, se le han restado atribuciones al órgano representativo por excelencia, el Consejo Escolar; pues, a diferencia de lo que ocurría antes, ahora es una comisión presidida por un inspector quien elige al director, previo informe favorable de la autoridad competente.
De manera que, en este caso, la jerarquización del sistema educativo, lejos de ceder al igualitarismo que se lamenta, se ha visto incrementada en un asunto que considero grave, pues, a la postre, el equipo directivo tiene mucho que decir en la gestión de un centro y en el desarrollo de sus planes docentes.
Es cierto que la repetición de curso se ha convertido en algo casi anecdótico en el actual sistema, pero no que se hayan abandonado viejas prácticas como la memorización de contenidos conceptuales (los alumnos de primaria siguen memorizando largas relaciones de ríos, accidentes geográficos, huesos, músculos...), las tareas para casa o las notas. Mis hijos están en secundaria y vienen cargados de deberes a diario y, además, los veo muy preocupados por la calificación que les dará tal o cual profesor o profesora (para mi gusto, en demasía), pues la competitividad entre los que estudian es ahora feroz.
El trabajo en equipo y la coordinación (tanto entre primaria y secundaria como entre los diversos departamentos y en el seno de los mismos) la considero esencial para mejorar los rendimientos de nuestros alumnos y, aunque la normativa recomienda ambas cosas, su aplicación sigue siendo también deficitaria. Todos sabemos lo difícil que es encontrar un hueco en los horarios para reunirnos con la frecuencia necesaria.
Se habla constantemente de “niños” pero sin especificar a qué edades nos estamos refiriendo. Así, se afirma que “el niño es, social y pedagógicamente, más inocente e irresponsable que nunca, ha sido declarado un ser sin voluntad ni autonomía... la autonomía de la voluntad ha sido sustituida por la psicologista heteronomía de la motivación.” Y se añade: “individuos a los que nosotros consideramos niños inocentes eran, en el pasado o en otras culturas, plenamente responsables.” Es pertinente pedir aquí una precisión. ¿De qué edades estamos hablando, de 7 años, de 10 o de 16?
Respecto al profesorado, creo que en su inmensa mayoría se trata de excelentes profesionales muy comprometidos, pero no deja de ser cierto que hay algunos poco amigos de la enseñanza, profesionales frustrados que estudiaron sus carreras universitarias pensando dedicarse al mundo de la empresa, por ejemplo. Acabaron en la enseñanza porque no había nada mejor o porque les parecía un trabajo mejor remunerado o vaya usted a saber por qué, y que nunca han amado esta profesión. Cualquier dificultad constituye para ellos la excusa perfecta para echar balones fuera.
Un aspecto que, en mi opinión, habría que mejorar es la selección del profesorado para impedir ese trasvase de profesionales que no se da en otros ámbitos y que perjudica nuestra difícil tarea.
Tampoco me parece que la figura del padre o la madre 'fiscal' sea en absoluto la más abundante. En mis muchos años de docencia he encontrado madres (pues son ellas las que acuden mayoritariamente a los centros) preocupadas por la educación de sus hijos y dispuestas a colaborar con el profesorado, pero que, a veces, se quejan (creo que con alguna razón) de que somos muy inaccesibles y es difícil hablar con nosotros. A muy pocas he visto con otra actitud.
Otro asunto que habría que matizar: el rechazo de las competencias básicas. No veo nada malo en formar a nuestros alumnos en esas ocho competencias (que no excluyen a todos los contenidos conceptuales incluidos en la legislación, que, por otra parte, considero excesivos, sobre todo en primaria), amén de en determinadas actitudes, si bien añadiría la que Marina denomina competencia filosófica.
Se sostiene asimismo que “la emocionalidad es fundamental en el posmodernismo, el ser humano se concibe como una entidad ante todo sensible, y esa sensibilidad es un absoluto que debe ser idolatrado. Ese es el meollo, por ejemplo, de la corrección política, progresismo cien por cien. Así que la 'inteligencia emocional' se incorporó al currículum (junto a la propia corrección política: en la educación para la ciudadanía, sin ir más lejos, tenemos los dos engendros).”
Creo que la emocionalidad es fundamental en el posmodernismo como lo fue en la antigüedad y lo sigue siendo ahora. En ella está la raíz de muchos de los conflictos que nos afectan y de los problemas que nos hacen sufrir, y, a pesar de ello, se le ha prestado poca atención en la escuela. En ocasiones una adecuada gestión de nuestras emociones nos permitirá resolver conflictos, dentro y fuera de la escuela; que, de otra manera, terminan enquistándose y dando lugar a problemas más graves.
Las críticas a la asignatura de Educación para la Ciudadanía las considero injustas. Es tarea de la escuela formar en valores comunes (no sólo en los valores que defienden unos pocos, pues para eso ya están las familias, las iglesias...). Otra cosa es que podamos disentir de determinados contenidos o en el profesorado que debe impartirla.
En general, veo en los críticos del sistema educativo mucho pesimismo y bastante derrotismo, dos estados de ánimo que no pueden engendrar nada nuevo. A pesar de nuestros políticos, de nuestro deficiente sistema, y de todos los pesares que queramos, la nuestra es una profesión apasionante, trabajamos hoy con más medios que nunca y con las generaciones mejor formadas, pero queda mucho por hacer.


